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Soy Asurbanipal

Una nueva gran exposición en el Museo Británico abre una ventana gráfica e inquietantemente familiar sobre el líder de una potencia mundial de la que probablemente nunca hayas escuchado.

 

Sean Sheehan

 

Asurbanipal era su nombre y gobernó el imperio asirio durante unos cuarenta años, comenzando en 669 A. C. Antes de que surgiera el poderoso imperio persa y tres siglos antes de Alejandro Magno, este episodio anterior en el gobierno imperial ha escapado en gran medida al tipo de popularización que alimenta aspectos del mundo antiguo en la memoria visual de la modernidad.

Pero debería ser más familiar porque Asurbanipal era el líder de un tipo de imperio muy reconocible.

El aspecto interesante de la exhibición son los paneles esculturales que alguna vez decoraron las paredes del palacio de Asurbanipal en Níneve.

Esta era la capital, el centro urbano más grande del mundo, que se establecía en las afueras de lo que es ahora Mosul, en el norte de Irak.

El imperio asirio que comandó, que existía tiempo antes de que Asurbanipal se convirtiera en rey, se extendía desde Egipto y el Mediterráneo oriental hasta Irán occidental.

Los paneles de pared fueron descubiertos por un diplomático británico que en 1840 comenzó a excavar los extensos montes en el lado este del río Tigris que fluye a través de Mosul.

Él los embarcó al Museo Británico, donde han sido conservados desde entonces pero nunca antes habían sido exhibidos de una manera tan absorbente y educativa.

Asurbanipal se celebró a sí mismo y a su reino en el estilo acostumbrado de los poderosos gobernantes que buscan engrandecer su sentido de autoestima.

Los paneles de pared que relatan las conquistas extranjeras, como la implacable guerra contra el advenedizo Elam, son versiones cinceladas en piedra del Tapiz de Bayeux; las representaciones de ejércitos armados son el equivalente de los desfiles militares que caracterizaron el gobierno soviético; los elogios de Asurbanipal a sí mismo no son diferentes a las felicitaciones de Trump.

Las cazas de leones reales eran espectáculos públicos diseñados para fines de propaganda y uno sospecha que desde el comienzo de los espectáculos los pobres leones estaban tan desfavorecidos como los animales en las corridas de toros modernas.

Es solo otro déspota belicista, pero el Museo Británico también muestra lo que realmente vale la pena celebrar sobre los asirios.

El suyo era un imperio conectado y trajo a Nínive arte y artesanía desde todos los rincones de su territorio. Desde Urartu, en el extremo norte, vinieron sofisticados trabajos de metal y un panel de yeso muestra una galera de guerra fenicia navegando por el Éufrates.

La primera biblioteca conocida del mundo se instituyó en Nínive y cientos de textos escritos en escritura cuneiforme, incluida una copia invaluable del “Poema de Gilgamesh” de Mesopotam, han sobrevivido al paso de casi tres milenios. Concluye con información

La exhibición “I am Asurbanipal” (Soy Asurbanipal) es absorbente y educativa en igual medida. Concluye con información sobre los intentos al día de hoy de reconstruir y proyectar la herencia de Irak. Las imágenes de la película muestran el trabajo desafiante de los arqueólogos iraquíes mientras luchan por recuperar lo que su país perdió como resultado de una guerra imperial moderna y que el Estado islámico ayudó a engendrar.

“I am Asurbanipal” está en el British Museum hasta el 24 de febrero. El libro que lo acompaña, bajo el mismo título, es publicado por Thames & Hudson.

(Traducido por Florencia Álvarez) – Fotos siministradas por la oficina de prensa del British Museum

 

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