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La ilusión del Macho Alpha

¿Es el físico perfecto realmente perfecto?  Cuando me uní al gimnasio de mi universidad en la Semana de Bienvenida de 2010 – una decisión que me costó casi una quinta parte de los préstamos de mi periodo estudiantil – mi prioridad, como un entusiasta jugador de hockey, debería haber sido mejorar las cualidades físicas tal y como exige este deporte.

 

macho-alfa-alpha-pixabayBen Stupples

 

Sin embargo, en lugar de efectuar infinitos ejercicios de estiramiento o de convertirme en un desastre sudoroso en la cinta de correr, seguí el ejemplo de mis compañeros (bueno, de la mayoría de ellos) y me fui directamente a la sala de pesas, impulsado por el deseo narcisista de mejorar mi físico, para ser GRANDE.

Aunque normalmente está disponible para ambos sexos, son generalmente hombres jóvenes los que usan este servicio en la universidad: hombres jóvenes que, como yo, han sido infelices en algún momento de sus vidas por su apariencia física. En consecuencia, como podrá imaginarse, un gimnasio municipal – un lugar donde los levantadores de pesas superior a cien kilos, poseen hombros casi tan anchos como un cobertizo de jardín y a veces braman ruidosamente mientras levantan 150 kilos – puede resultar un lugar opresivo para un joven de 18 años de edad y novato de gimnasio (como sin duda yo lo era dos años antes).

Según mi experiencia, el número impreso en el lateral de las pesas que uno levanta se convierte en un medio subrepticio a través del cual otros lo juzgan a uno silenciosamente (y en un medio a través del cual uno se juzgar a sí mismo), con lo que a menudo uno se siente expuesto, espiado y ansioso.

Sin embargo, tanto para los hombres como para las mujeres jóvenes, es casi imposible no sentirse inseguro acerca de nuestros cuerpos en esta opresiva sociedad de hoy obsesionada por la imagen.

“Se espera que todas las mujeres jóvenes”, dice la cómica estadounidense Tina Fey, ” tengan ojos azules caucásicos, carnosos labios españoles, una clásica nariz de botón, una piel asiática sin bello… un culo jamaicano bailón, las largas piernas de una sueca, pequeños pies japoneses… las caderas de una niña de nueve años, y los brazos de Michelle Obama”.

Los hombres, por su parte, según Mike Shawcross, editor adjunto de la Revista Men’s Health, deben aspirar al “más robusto” y “un poco más grande” look personificado por los actores Daniel Craig y Ryan Reynolds, dos de los actuales galanes de Hollywood.

Los hombres, en genmacho-alfa-alpha-sexy-hombre-2-pixabayeral, ciertamente parecen lograr ser musculosos, dedicándose a un gran número de sesiones de levantamiento de pesas exclusivamente, y por lo general, las más pesadas.

En la última década el aumento de la popularidad del hombre metrosexual es, posiblemente, debido al impacto cultural de ídolos masculinos perfectamente cuidados (como David Beckham). Tal vez esa sea la razón principal de este cambio cultural.

En las noches de fiesta, los hombres jóvenes están cada vez más dispuestos a alardear de su físico, mostrándolo con sus camisetas, normalmente adquiridas en Hollister o Abercrombie & Fitch, que parecen ser de una talla más pequeña, tal vez incluso dos.

En comparación con la moda masculina de mediados de la década de 1990 – una época en la que los pantalones vaqueros holgados exhibían la mayor parte de los boxers y gruesos jerséis de cuello de tortuga estaban aún de moda – el contraste de estilos es sorprendente.

En efecto, con el uso de esa ropa ajustada, los hombres han adoptado sin duda los mismos gustos en moda, generalmente preferidos por las mujeres, el sexo que, según los estereotipos, más obsesión tiene sobre su aspecto.

Michael Addis, profesor de Psicología en la Universidad de Clark, en Massachusetts, atribuye, curiosamente, a las mujeres, el origen de este cambio en la percepción de la masculinidad.

“A medida que las mujeres adquieren más capacidad económica en la sociedad, se espera de los hombres que aporten más a la mesa”, dice. “Además, para que sean exitosos financieramente, tienen que estar bien cuidados, estar en buena forma, ser emocionalmente hábiles en relaciones, y el énfasis sobre su buen aspecto es sólo una parte de ese paquete. Las apuestas han subido”.

macho-alfahombre-femeni-gay-sexy-2-pixabaySin embargo, mientras que los hombres pueden sentir realmente una mayor necesidad, de manera consciente o no, de competir con las mujeres en la sociedad moderna, también hay una influencia constante del sistema patriarcal, un aspecto fundamental de la mente masculina.

El patriarcado es lo que nos hace pensar que las “bolas” son símbolos de comportamiento agresivo, escribe Caroline Criado Pérez en New Statesman.

El patriarcado también nos hace pensar que este es el tipo de comportamiento que debe ser recompensado por encima de todos los demás.

Y patriarcado igualmente significa que cualquier hombre que no esté “a la altura” de este estereotipo sea considerado como un perdedor, e incluso, horror de horrores, quizás “una mujer”.

Un ejemplo de hombre joven que no cumple con el estereotipo patriarcal es Nick Sinnett, un estudiante universitario de 20 años que apareció en  I hate my body: skinny boys and muscle men (“Odio mi cuerpo: hombres delgados y hombres musculosos”), un documental de BBC3 que siguió las respectivas búsquedas de un físico ideal, por parte de cuatro hombres en un programa de entrenamiento de doce semanas.

Bajo de estatura y con un peso de sólo 53 kilos al inicio del programa, Nick se muestra visiblemente inseguro sobre su apariencia física.

“Empezando por la parte inferior (de mi cintura)”, dice la primera semana, “me gustaría tonificar mi abdomen… ampliar mi pecho un poco… agrandar mis hombros en todos los sentidos… y luego conseguir que mis brazos sean un poco más grandes”.

Sin embargo, como la mayoría de los hombres jóvenes, Nick tiene una percepción falsa de la fuerza física, considerándola como el medio principal – quizás el único – a través del cual puede ser completamente feliz consigo mismo.

“Me siento como si estuviera siendo comparado con la gente de las revistas”, dice, “y creo que eso es lo que la gente quiere”.

En estas revistas, probablemente GQ o Men’s Fitness, uno suele encontrar imágenes de hombres de aspecto serio de la talla de Popeye, con bíceps que parecen pintados con aerógrafos en la portada, y de hecho es difícil no mirarse a uno mismo y pensar de inmediato: “!Mierda! Tengo que conseguir algo de músculo, ¡pronto!”.

No obstante, como indica Nick, no creo que lo necesitemos por nosotros mismos. Lo hacemos para impresionar a los demás, pensando que nos garantizará ganar su respeto y amistad. Si nos atenemos a la rutina de ejercicios prescritos por estos artículos de revista inverosímilmente titulados (como “Gana músculos en seis semanas”), el gimnasio de repente se convertiría en un segundo hogar, a menudo controlando nuestro estilo de vida por completo.

Con 38 millones de visitas mensuales a la página virtual de Men’s Health – una cifra que es más de diez veces la población estimada que vive en Gales – pareciera que una comunidad fanática por el ponerse en forma se ha desarrollado en todo el mundo durante las últimas décadas.

Sin embargo, teniendo en cuenta que un 80% de los hombres en el Reino Unido dicen que se sienten infelices con su físico, entonces ¿ha tenido ello realmente un impacto positivo?

Aunque unos años mayor, Martin Sanker, portero nocturno en Londres, expresa una actitud similar a Nick, levantando pesas con regularidad con el fin de verificar su masculinidad, tanto para sí mismo como para los demás.

macho-alfa-alpha-2-pixabayPero, habiendo duplicado su tamaño en los últimos tres años (y con un peso de alrededor de cien kilos al inicio del programa), es, sin duda, todo lo contrario a Nick en cuanto a la forma de su cuerpo.

Martin, al igual que Nick, comenzó a usar pesas en el gimnasio porque era infeliz con su físico y fue un momento concreto el que le sirvió como catalizador para dar un cambio drástico en su estilo de vida: “Cuando pesaba 50 kilos”, dice, “una vez estaba caminando con mi novia por la ciudad, cuando de repente un hombre (lobo) silbó justo frente a mi cara y no pude hacer nada al respecto”.

Al oírle describirse a sí mismo como una persona “perdida” y “confundida” a lo largo del periodo en que se estuvo tratando de adquirir músculos, Martin podría decirse que caracteriza la mentalidad de muchos de los jóvenes que actualmente utilizan el gimnasio, empujados por la implacable presión del sistema patriarcal.

“I hate my body: skinny boys and muscle men”: muestra cómo incluso hombres con bíceps que levantan 30 kg empapados en sudor (la clase de hombres que muchos jóvenes hoy en día aspiran a ser) todavía se sienten profundamente inseguros sobre su cuerpo.

De hecho, a juzgar por la experiencia de Martin, parece que algunos hombres que se concentran más en su físico, se vuelven más inseguros.

Debajo de su exterior esculpido aún se esconde una gran vulnerabilidad sobre su masculinidad, arraigada profundamente en su mente, que invariablemente sale a la superficie cuando entra en un ambiente dominado por los hombres, en particular el gimnasio.

macho-alfa-men-hombre-sexi-tomar-vino-2-pixabayDurante una sesión de entrenamiento, por ejemplo, el ver a otros hombres a su alrededor ejercitando su cuerpo, anima a Martin a utilizar pesos más pesados, lo cual muestra cómo su Martin podría dictar su comportamiento completamente.

A pesar de darse cuenta de que su obsesión por el gimnasio era en última instancia, insaludable, y corroía lentamente otros aspectos importantes de su vida (por ejemplo, la relación con su novia), al finalizar el programa Martin se sentía mucha más confianza en sí mismo y decía sentirse “feliz como jamás antes había sido”.

Él, al parecer, finalmente se ha dado cuenta de que ser el más grande no siempre hace sentir mejor a una persona: algo que cualquier hombre joven que usa el gimnasio hoy día también podría considerar.

(Fotos: Pixabay)

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