En Foco, Notes From The Edge, Opinión

Cuando la depresión es “algo” (1)

Una caída emocional me notificó recientemente que mi antigua enemiga, la depresión, estaba de regreso a la ciudad. Nunca completamente libre de sus zarzas, ahora existía un fuerte agarre de la oscuridad interior.

 

Steve Latham

 

Tales mezclas de metáforas para describir una combinación compleja de sentimientos. Pero ¿de qué otra manera articular la perdida de estabilidad emocional que ha venido con una nueva caída a las profundidades?

Las experiencias de cada persona son diferentes. No solo eso, pero las palabras que utilizamos para describir la depresión difieren, y algunos están más capacitados que otros para hablar sobre sensaciones.

Además, las diferencias culturales, las experiencias personales previas, la educación familiar, todo influye en cuánto podemos conversar sobre tales temas sensibles, o a pronunciarlos en absoluto.

Asimismo, la falta de vocabulario, o la ausencia de ánimo y oportunidad pueden modelar nuestra habilidad de reconocer incluso el inicio de una caída

Darle nombre puede resultar liberador. Ser capaz de decir, y de ser escuchado, “estoy deprimido”. O puede ser una maldición, una sentencia de muerte que nos condena a una vida de sufrimiento psíquico sin liberación.

En mi caso, últimamente he aprendido una nueva palabra, que me ayuda a darle sentido, sino a curar, a mi forma particular de depresión. Así es como solía explicar lo que supone para mí. Imaginen una línea recta. Algunas personas viven en este estado “normal”, sea lo que este normal signifique para ellos, en términos emocionales.

Puede que suba o baje de vez en cuando; la línea no es completamente recta. Esto puede llevar a lo que en la lengua común se conoce como “depresión”, o sentirse un poco “decaído”.

Pero entonces, a veces estas personas se resbalan, se caen, se desploman. Esto podría ser una “depresión” clínica, puede que un doctor la diagnostique como tal.

Los medios habituales de afrontamiento cuando se está un poco triste (reprimirlo, hablar con un amigo, pasatiempos, hacer ejercicio, automedicarse, voluntariado) no funcionan esta vez.

Estas son buenas terapias, en su propio lugar. Simplemente no son suficiente cuando la depresión profunda empieza a notarse a menudo por un largo periodo.

Los médicos indican que cualquier cosa por más de dos semanas puede contar como depresión genuina; aunque cuando digo “genuina”, tengo que asegurarme de que no invalido la experiencia de nadie. Nuestras depresiones son todas diferentes.

Pero entonces, después de algunos medicamentos, varios consejos, quizá terapia conductista cognitiva, las cosas comienzan a mejorar. Y el individuo empieza a volver a su estado “normal”. El normal también incluye “subidas”; no en el sentido bipolar, sino simplemente en disfrutar la vida de forma útil y positiva.

No quiero menospreciar las experiencias de nadie. A veces, tales episodios pueden durar meses, o incluso años. Y posteriormente, las personas tienen que aprender a incorporar percepciones de su sufrimiento en sus vidas cotidianas.

Esto puede significar prestar atención al autocuidado, o reconciliarse con las ambigüedades e imperfecciones de la vida. Tal realismo es una parte importante del aprendizaje permanente.

De hecho, en la post-depresión, una persona puede descubrir una nueva profundidad que experimentar, lo que da como resultado explorar nuevas dimensiones de la vida a las que antes se era ciego.

(Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez, email: julio7rj@gmail.com) – Photos: Pixabay

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