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Flamenco: tu nombre es Irene

Cuando se habla de este estilo de música y danza originado en Andalucía, suele pensarse en un espectáculo tradicional con bailarinas vestidas de flores y bolas. Pero existe una propuesta distinta, mucho más contemporánea, nacida en Cuba.

 

Ibis Frade

 

Todo un fin de semana estuvo la compañía cubana Irene Rodríguez en la cartelera del Joyce Theater de Nueva York, un lugar conocido en los circuitos de arte de la ciudad por traer lo mejor de la danza internacional.

La compañía asumió airosa el reto de realizar cinco presentaciones durante tres días seguidos: su debut -el 18 de enero- del espectáculo Más que flamenco sacudió a los espectadores, que varias veces se pararon de sus asientos en medio de vítores y gritos de “Bravo”. Irene Rodríguez impresionó al público del Joyce Theater con la fuerza poderosa de sus pies y su taconeo frenético. Antes de comenzar las presentaciones, la directora de la compañía dijo a Prensa Latina que deseaba dejar encantado nuevamente al público del Joyce Theater, un lugar donde actuaron por primera vez en 2016.

En esa ocasión, recordó, obtuvimos una crítica espectacular en The New York Times, la agrupación fue elogiada por su técnica, su exigencia y la intensidad de su baile.

La publicación también alabó la pasión que pone Irene Rodríguez en su danza y sus movimientos.

“Gracias por confiar en mí y en una compañía cubana para traer flamenco a esta ciudad”, expresó Rodríguez a los amigos que la esperaban al terminar la primera función.

Explicó que quería mostrar un espectáculo de flamenco diferente, a la manera contemporánea en que lo concibe su agrupación.

“Cuando se habla de flamenco, suele pensarse en un espectáculo tradicional con bailarinas vestidas de flores y bolas, pero el nuestro es mucho más contemporáneo”, dice.

“Tiene – agrega– una visión actual y renovadora, añadió, y una escena minimalista donde todo recae exactamente en la calidad de la interpretación de los danzantes y por supuesto, de los músicos”.

La agrupación da mucho valor al montaje coreográfico, buscan que tenga unos intereses artísticos mucho más renovadores y más profundos en sus argumentos. La idea, según sus palabras, es hacer del flamenco un lenguaje universal -como pueden ser la danza contemporánea o la clásica- y no un estilo folclórico que solo pueda ser asumido por intérpretes españoles, señaló la primera bailarina, profesora y coreógrafa.

Por eso, Rodríguez apostó en su segunda oportunidad en la cartelera del Joyce Theater por el espectáculo en dos actos “Más que flamenco”, que incluye varias piezas de su autoría y estrenos en Nueva York.

Irene dice que quería llevarle “un pedacito de nuestro arte y del calor de nuestra cultura, en este caso, a través del flamenco y del vocabulario y del estilo de la compañía Irene Rodríguez”.

Al inicio del primer acto, la exactitud y sincronía de los pasos de “El mito” -una coreografía donde solo se ven los pies de los danzantes- despertó profunda admiración en el Joyce Theater desde la primera presentación el viernes 18 de enero.

La audiencia respondió con euforia a cada una de las piezas: sintió el dolor en los gestos y el movimiento lento de Irene Rodríguez y sus bailarines en “La pena negra” -inspirada en un poema de Federico García Lorca- y se sacudió en sus asientos con el ritmo de Zapateao.

Pero la apoteosis llegó siempre con “Amaranto”, un solo donde una sensual Irene mira desafiante a los espectadores, reta a sus músicos y obsequia la fuerza poderosa contenida en su cuerpo menudo y la pasión y destreza de su taconeo impetuoso.

Irene prometió terminar cada día con un final diferente para que músicos y danzantes pudieran mostrar su arte con más libertad y sentirse más cerca de los espectadores. Y lo cumplió. También dejó claro que en su compañía sabe bailar flamenco hasta el que toca el cajón. Como deseaban desde su llegada a Nueva York, en medio de las temperaturas congelantes de enero, arrancaron sonoros aplausos en el Joyce Theather y dejaron un pedacito del calor de Cuba y de la cultura de esa isla.

En enero de 2012, Irene Rodríguez creó una compañía movida por la misma pasión que la hacía escaparse cuando era pequeña de sus clases de ballet clásico para irse a las de danzas españolas.

Apenas un año después de la fundación del grupo, abrió una Escuela Profesional de Danzas Españolas que le sirve de cantera. La compañía cuenta ahora con su propia sede, muy cerca del famoso Malecón de La Habana, y es reconocida dentro y fuera de Cuba, tanto por el público como por la crítica especializada. (PL)

(Fotos: Prensa Latina)

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