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Pintando el cielo y la Tierra

El autor de las excelentemente bien ilustradas obras “Heaven on Earth: paintings and the life to come” afirma que “Paintings” no son proposiciones. Han de mirarse de cerca, con respecto a su forma y gramática, y el autor procede a hacerlo justo con cuatro artistas de finales del medievo y principios de la edad moderna: Giotto, Bruegel, Poussin y Veronese.

 

Sean Sheehan

 

T.J. Clarks comienza puntualizando el fracaso de las ideologías de la liberación alrededor del mundo, desde la URSS hasta América Latina.

Lo entiende como el haber el haber conducido a una renovación del poder de la religión para ofrecer una transformación en cómo pensamos y actuamos.

Se trata de un telón de fondo para volver la vista a los artistas y a su expresión y exploración de un equilibrio – inestable, ya que se puede inclinar en cualquier dirección- entre un aquí y ahora terrenal y una visión transfiguradora del Cielo en la Tierra.

Seleccionando “El sueño de Joaquín” de entre las extraordinarias pinturas de Giotto para la Capilla de la Arena en Padua, y exaltando el uso de azul y gris por parte del artista, Clark se centra en los detalles pictóricos de importancia: “la media rima entre las cabelleras y el rastro desvanecido de las pálidas vestimentas del ángel- las primeras prominentes, las segundas de una seca volatilidad- es la ontología resumida de la criatura”.

Lo que asombra es la capacidad de la pintura para representar al ángel como una presencia milagrosa pero materialmente real.

Lo visionario y lo prosaico son mantenidos como verdades iguales, una unidad de opuestos dentro de una cultura que cree y anhela lo trascendente ante la esterilidad de la vida sin tal creencia.

El país de Jauja de Brueghel se convierte en una prueba de fuego para decidir si el artista está siendo humorísticamente condescendientemente acerca de la vida del campesino o si está afirmando lealtad al cuerpo.

Esto podría ser una advertencia moralista contra la glotonería o una celebración cómica carácter físico inocente: una cultura campesina no como tema de burla, sino, convirtiendo el consumo en un carnaval, como una evocación de la vida terrenal de un modo público e interpretativo. El exceso saludable, sin pegarse el atracón en privado, está bien. El capítulo de Poussin es, en primer lugar, un estudio erudito y fascinante de las figuras femeninas medio escondidas detrás de columnas y, en segundo lugar, la teología del matrimonio como una conjunción de lo profano y lo sagrado.

Alegoría del amor de Veronese a través de las escenas completamente nuevas, proporciona una perspectiva terrenal, no obstante, es una que contempla algo más allá de nuestra comprensión. Clark indaga en el uso de la sombra por parte de Veronese para representar el cuerpo en un estado de incertidumbre en comparación con la solidez de la materia no orgánica.

El breve capítulo de Picasso parece fuera de lugar y la conclusión del libro, volviendo a cuestiones políticas, resulta decepcionante en su desesperanza sobre el estado actual de la Izquierda: preguntar si se debe ‘poner fe en el proletariado de Guangdong es una burla barata. Sus pinceladas son demasiado gruesas y los detalles difuminados (el aspirante asesino de Lenin no era, como el afirma, un anarquista). Pero cuando se trata de crítica de arte, T.J. Clark es insuperable.

“Heaven on Earth: paintings and the life to come” de T.J. Clark es una publicación de Thames & Hudson.

(Traducción de Lidia Pintos Medina)

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