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¿Por qué leer a Hannah Arendt?

Hannah Arendt, nacida en 1906 en una familia laica germana-judía, fue arrestada e interrogada por la Gestapo durante ocho días en 1933. Abandonó Alemania ilegalmente y finalmente llegó a Nueva York donde empezó a aprender inglés. En una década había escrito su trabajo más importante, “Los orígenes del totalitarismo”.

 

Sean Sheehan

 

A ella le preocupaban durante los años 30 y los 40 las cuestiones del sionismo y la situación de los refugiados. Con clarividencia, vio a los apátridas como “el nuevo fenómeno en masa de la historia contemporánea” e hizo una distinción entre “nación” y “estado”.

Entendía el término “nación” como la cultura y el idioma del grupo dominante que vive dentro de un territorio específico; “estado” como el estatus legal de personas que viven en un territorio.

Como observa el autor de “Why read Hannah Arendt now?” (¿Por qué leer a Hannah Arendt ahora?), el mantra de los partidos nacionalista de derecha es que solo aquellos que pertenecen “propiamente” a la cultura de una nación merecen plenos derechos legales.

Arendt era crítica con el sionismo y su ignorancia intencional de los árabes que viven en la tierra proclamada como judía. Oponerse vigorosamente al sionismo exige un estado judío que abarque toda Palestina, ella pedía una patria judía en Palestina, no una nación-estado judía.

Hannah Arendt

Predijo lo que pasaría si los judíos ganaran la guerra árabe-islámica de 1948: los “ganadores” “vivirían rodeados de una población árabe totalmente hostil, recluida dentro de las fronteras amenazadas, absortos en defensa propia física” una descripción concisa del problema de Oriente Medio.

El libro corto de Bernstein (124 páginas) no elude la inhabilidad de Arendt de ver la relevancia del racismo sionista en la experiencia de las personas negras en Estados Unidos. Ella no se opuso a la discriminación social, lo veía como una preferencia personal y apolítica.

“La banalidad del mal” se ha convertido en el término más famoso de Arendt, utilizado para describir al principal organizador del holocausto, Eichmann, cuando compadeció en Israel en 1961.

Observó su ordinariez y lo vio más como un ideólogo monstruoso menor que como alguien que no tuvo la “imaginación”, como ella decía, para darse cuenta de lo que estaba haciendo.

No lo estaba exonerando o proponiendo una tesis sobre el nacismo, pero estaba intentando entender cómo “la extraordinaria superficialidad” de algunas personas facilitaron que se llevaran a cabo esos actos horribles.

Arendt subestimó el compromiso personal de Eichmann hacia el Holocausto, pero Bernstein explica la importancia de no simplificar eventos terribles al recurrir a términos neo-teológicos como maldad. No se debería hacer mitos de eventos terribles y atribuirlos a fuerzas diabólicas. Bernstein declara que deberíamos hacer frente al hecho de que no solo los monstruos son los que planean y llevan a cabo hechos atroces, y ver la banalidad de actos horrendos es parte del panorama humano en el que ahora vivimos.

La práctica de la mentira constante no la inventó Trump. Arendt escribe sobre cómo las noticias falsas se vuelven realidades aceptadas, cómo la política es una lucha por el poder, y cómo la violencia es el máximo poder. Empoderamiento no es lo mismo que violencia, y puede estar organizado por grupos que buscan el bien público. “Why read Hannah Arendt now? Es una introducción amena e intuitiva de las ideas de una pensadora importante relevante a nuestro tiempo.

“Why read Hannah Arendt now?, de Richard J. Bernstein, está publicada por Polity

 (Traducido por: Julio César Ruiz Jiménez – Email: julio7rj@gmail.com)

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