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Homero Carvalho: “Los escritores somos una especie de dioses creadores”

Es boliviano y sus comienzos en el mundo de la literatura ocurren en 1981, aunque ya desde pequeño incursionaba en él inspirado, principalmente, por la figura de su padre Antonio Carvalho, quien fuera uno de los intelectuales más prominentes de la Amazonía boliviana.

 

Viviana Díaz Frías

 

Oficialmente inicia en 1983 con su libro de cuentos “Biografía de un otoño”. Pero antes de esta publicación, ya escribía para periódicos, revistas y suplementos literarios. Así lo cuenta en conversación con Prensa Latina.

Por esas fechas, entre 1980 y 1982, Homero vivió una de las etapas que más marcaron su vida: el exilio. Esta experiencia modificó su forma de ver y contar la realidad, y lo volvió cercano a temas vinculados con la política y la sociedad.

En la Universidad fue dirigente de Sociología, estuvo preso durante la dictadura de Hugo Banzer por participar de la Huelga de hambre iniciada por Domitila Chungara y estuvo exiliado en México durante el gobierno de Luis García Meza. “Comencé a contar la injusticia con cuentos sobre lo campesino y lo urbano”, dice.

Urgido por la situación política del país luego de que García Meza arrebatara la presidencia de Bolivia, tuvo que abandonar su tierra y radicarse en México, donde empezó a cultivar éxitos en su vida literaria.

“En 1981 gané el Premio Latinoamericano de Cuento y viví una de las experiencias más impactantes de mi carrera como escritor que fue estrecharle la mano a Juan Rulfo, uno de mis ídolos de la literatura”, rememora.

Este referente lo llevó a inclinarse más por la narrativa en aquel entonces, dejando la poesía relegada.

“Cuando yo era adolescente escribía poesía, pero nunca publiqué un libro, mis poemas estaban dispersos. Cuando ya me propuse a escribir de manera seria, me dediqué al cuento, porque yo soy de la generación influenciada por el boom latinoamericano de escritores”, expresó.

De su entrada “con seriedad” al mundo de las letras, Homero escribió cuentos y novelas como “Memoria de los espejos”, con la cual se ganó el Premio nacional de ese género en 1996, ya de regreso en Bolivia. “En la narrativa empecé narrando mi lugar, el espacio de donde vengo, el espacio amazónico. Mis primeros cuentos eran rurales, centrados en la vida en el campo, porque al leer a Gabriel García Márquez y Rulfo, me di cuenta que eso se podía y debía contar”, afirma.

También habla de la situación político social del país, abordando asuntos relativos a la justicia y a otros problemas acuciantes de la sociedad boliviana.

El 2008 es definido por el autor como el año de su regreso a la poesía, con la publicación de un poemario “Las puertas”, Editorial Plural de La Paz.

Desde este momento, comienza a consolidar su aporte al arte de los versos, consagrado por el Premio Nacional de Poesía en 2012 con el poemario Inventario nocturno.

Como poeta, le apasionan el amor y el erotismo, por un lado, y la naturaleza y la vida, por el otro, sobre todo lo referente a la Amazonía y sus hijos, dentro de los que se incluye.

Según Homero, lleva una “relación bastante extraña” con la narrativa y la poesía. Hoy, luego de más de 40 años escribiendo, no puede existir sin ninguna de las dos, y a cada una le dedica su espacio, su tiempo, su importancia.

“Creo que en la narrativa, los escritores somos una especie de dioses creadores: creamos todo, las circunstancias, el personaje, el ambiente. Sin embargo, la poesía es Dios y nos hace su personaje en el poema. Yo me siento cómodo en ambos roles”, confiesa.

Con agrado recuerda su encuentro con Fidel Castro en 1993. Al enterarse de la asistencia del líder cubano a la toma de posesión de Gonzalo Sánchez de Lozada, él y otros tres compañeros empapelaron la ciudad La Paz con fotos de Fidel, especialmente gran parte de la autopista del aeropuerto a modo de brindarle la bienvenida.

“Creo que mi generación tuvo mucha influencia de la Revolución Cubana, queríamos imitarla; e indiscutiblemente, cuando hablamos de Revolución Cubana hablamos de dos hombres: Che Guevara y Fidel Castro”, expresa para explicar su accionar de hace 26 años.

El resultado fue que Fidel, luego de sus actividades protocolares, pidió conocer a los autores de aquellos carteles y se reunió con ellos para conversar y agradecerles el gesto.

“Para mí fue una experiencia muy linda. Así como en lo literario darle la mano a Juan Rulfo fue maravilloso, estrechar la mano del comandante Fidel en lo político fue muy satisfactorio”, acota.

Soy un soñador en búsqueda constante, ¿cómo podría dejar de hacerlo?, concluye. (PL)

(Fotos: Prensa Latina)

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