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Discriminación, la verdadera aflicción de la epilepsia

Es una enfermedad crónica del sistema nervioso central que afecta a más de 50 millones de personas en todo el mundo y su atención depende la calidad de vida de los afectados.

 

Reina Magdariaga Larduet

 

Específicamente en las Américas, más de la mitad de los afectados no reciben ningún tipo de cuidado en América Latina y el Caribe, según un reporte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Dos de cada tres países no disponen de un programa o plan para la atención de los aquejados con esta dolencia, que afecta a cinco millones de personas en la región.

Según la asesora regional en salud mental de la organización, Claudina Cayetano, los que padecen epilepsia -y no son tratados- sufren crisis de forma recurrente, algo que puede perturbar sus estudios, trabajo y calidad de vida.

Sin embargo, con un diagnóstico oportuno, tratamiento adecuado, dieta saludable y minimizando las situaciones de estrés, hasta el 70% de los pacientes pueden reducir los trances y llevar una vida plena y activa.

La OPS ha reconocido que aunque en los últimos años las naciones han fortalecido la atención a enfermedades no transmisibles, el cuidado de las personas con epilepsia aún dista de ser satisfactoria.

Entre las causas que inciden en esa realidad se cuentan: un déficit del personal médico capacitado y la no disponibilidad de medicamentos, especialmente en la atención primaria (APS.

Además, la falta de información y de educación sobre ese mal, tanto de las personas con este trastorno neurológico y sus familiares, así como de la comunidad.

La OPS, que también actúa como oficina regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para las Américas, considera esa enfermedad -que presenta episodios de convulsiones recurrentes- como un problema prioritario de salud pública, y apoya el fortalecimiento de la respuesta del sector salud, en especial en la APS.

La agencia sanitaria de la OMS en la región publicó recientemente una nueva guía, titulada “El abordaje de la epilepsia desde el sector de la salud pública 2018”, con el objetivo de ayudar a los países a diseñar programas para detectar la enfermedad.

La publicación explica que la simple dotación de los antiepilépticos básicos a nivel de la atención primaria es una medida crucial, muy efectiva y de bajo costo. La OMS señala que las convulsiones por epilepsia son episodios breves de movimientos involuntarios que pueden afectar a una parte del cuerpo o a su totalidad y a veces se acompañan de pérdida de la consciencia y control de los esfínteres (músculos en forma de anillo que cierra y abre la abertura de determinados conductos naturales del cuerpo).

Según la organización, se deben a descargas eléctricas excesivas de grupos de células cerebrales que pueden producirse en diferentes partes del cerebro. Su frecuencia puede variar desde menos de una al año hasta varias al día.

Entre los síntomas temporales se cuentan: pérdida del conocimiento o la conciencia, y alteraciones del movimiento, de los sentidos (incluyendo visión, audición y gusto), estado de ánimo u otras funciones cognitivas.

Las víctimas de esas convulsiones tienden a padecer problemas físicos, como fracturas y hematomas derivados de traumatismos, así como mayores tasas de trastornos psicosociales, como ansiedad y depresión, entre otros, informan expertos de la agencia de la ONU.

Estimaciones de la OMS señalan que anualmente se diagnostican unos 2,4 millones de casos de epilepsia. En los países de altos ingresos, los nuevos registrados cada año oscilan entre 30 y 50 por cada 100 mil personas. En las naciones de ingresos bajos y medianos, esa cifra puede ser hasta dos veces mayor.

Esto se debe al mayor riesgo de enfermedades endémicas tales como el paludismo o la neurocisticercosis; la mayor incidencia de traumatismos relacionados con accidentes de tránsito y traumatismos derivados del parto, explicaron los especialistas.

Asimismo, a las variaciones en la infraestructura médica, la disponibilidad de programas de salud preventiva y la accesibilidad de la atención, añadieron. La epilepsia, considerada la segunda enfermedad neurológica más frecuente después de las cefaleas, puede afectar a las personas de cualquier edad, pero con más frecuencia aparece en la infancia antes del año y en los adultos mayores de 65.

Teniendo en cuenta esa realidad, la OMS lamenta que la discriminación y estigmatización social alrededor de la epilepsia en algunos lugares son a menudo más difíciles de vencer que las propias convulsiones. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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