Europa, Globo

Los niños perdidos y abandonados de la crisis migratoria

A cuatro años de la etapa más crítica de la crisis migratoria en Europa, tres mil 192 menores de 18 años continúan desaparecidos en Alemania, según los datos más recientes de la Oficina Federal de Investigación Criminal.

 

Glenda Arcia

 

Desde 2015, miles de niños y adolescentes llegaron a territorio germano sin la compañía de sus padres o tutores, pero muchos de ellos no se encuentran en los centros de acogida y las autoridades locales desconocen su paradero y estado de salud.

Los registros oficiales indican que en la actualidad están perdidos 884 menores de 14 años y dos mil 308 con edades superiores a esa, pero inferiores a la establecida para ser considerados adultos.

No obstante, los mismos informes emitidos por entidades estatales y organizaciones no gubernamentales alertan sobre la posibilidad de que la cifra de niños extranjeros cuya situación es una interrogante, sea mucho mayor que la contabilizada hasta ahora.

La complejidad del fenómeno migratorio y las fallas en el sistema de acogida y atención a los indocumentados procedentes, en su mayoría, de naciones de África y Medio Oriente, impiden que los reportes sean certeros y completos.

Lamentablemente, esta situación no se da solo en Alemania: países como España, Italia, Turquía, Grecia, Bélgica y Suecia indicaron que no conocen a dónde fueron a parar muchos de los pequeños, en manos de quiénes se encuentran o, incluso, si todavía están vivos.

Como si no resultara suficiente el peligro vivido durante los viajes en endebles embarcaciones a través del mar Mediterráneo, los niños que logran sobrevivir no encuentran seguridad en el llamado Viejo Continente y muchos de ellos terminan bajo las órdenes de grupos criminales.

Según reportes de la Organización Internacional para las Migraciones y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), de 2014 a finales de 2017 arribaron a territorio europeo un millón 800 mil indocumentados, 433 mil de ellos niños.

En 2018, lograron llegar a países de esa región 127 mil personas, un 20% de ellas (25 mil 400) menores de edad.

Durante esos años, más de 17 mil viajeros ilegales murieron en el Mediterráneo, entre ellos, más de mil 200 chicos.

De acuerdo con la Oficina Europea de Policía (Europol), más de 10 mil pequeños del total que ingresó al continente en el último lustro fueron perdidos de vista por las autoridades, en el mejor de los casos, porque continuaron su viaje evitando los controles oficiales hasta reunirse con sus familiares.

Desgraciadamente, dicha entidad cree que muchos de ellos terminaron siendo víctimas de redes de tráfico humano, explotados física y mentalmente, sometidos a abusos sexuales o abandonados a su suerte.

Estimaciones de Europol indican que casi la mitad de los niños desaparecieron tras entrar a Italia, país considerado uno de los mayores receptores de migrantes en ese quinquenio.

Ese organismo señala que muchos de los menores escaparon de centros de acogida, burlaron los controles en las fronteras o no fueron registrados por error de las autoridades y quedaron a merced de grupos criminales esparcidos por Europa, los cuales ven en los indocumentados una importante fuente de ingresos y una mano de obra barata.

Asimismo, alertó sobre la existencia de una estrecha asociación entre los traficantes de personas y organizaciones dedicadas a la explotación sexual y la esclavitud en sus más diversas formas.

Pese a los continuos reclamos de organizaciones humanitarias, la Unión Europea (UE) no ha encontrado una solución efectiva a la crisis migratoria y países como Hungría, Polonia y Austria se niegan a participar en mecanismos para la distribución equitativa y la correcta atención de los solicitantes de asilo.

Recientemente, Unicef reiteró su preocupación “por la extrema vulnerabilidad a la que se enfrentan los niños y jóvenes no acompañados o separados de sus familias” y abogó por el respeto a sus derechos y por su protección.

En varias ocasiones, la Unión Europea ha aprobado declaraciones de intenciones y documentos que definen las acciones para garantizar la seguridad de los pequeños; sin embargo, los niños siguen siendo el sector más vulnerable y, aunque la magnitud de la crisis ha disminuido, miles de ellos continúan en constante peligro.

A todo esto se suma el daño psicológico sufrido durante los peligrosos viajes que realizan y por las manifestaciones de xenofobia y discriminación, problemas que afectan a todos los migrantes, sobre todo, tras el ascenso de movimientos extremistas y de derecha.

Aunque una parte de los menores abandonan solos sus países de origen, muchos pierden a sus padres en la travesía, lo cual acentúa los traumas experimentados.

Federica Toscano, de la organización no gubernamental Niños Perdidos de Europa, señala que los pequeños desaparecen por diferentes razones, entre ellas, el crimen organizado y las fallas en los sistemas de atención, pero también huyen de los centros de acogida por las malas condiciones de esas instalaciones, las demoras en el otorgamiento de la categoría de refugiado y por temor a ser deportados.

Por su parte, Sara Collantes, del Comité español de Unicef, explica que “el sistema regional para enfrentar esta situación tiene graves deficiencias y hay importantes problemas a la hora de registrar a los indocumentados y coordinar los pasos a seguir”.

Asimismo, advierte que, incluso en algunos centros estatales, los niños no están seguros, pues son víctimas de la violencia y la prostitución mientras esperan por procesos legales y de reunificación familiar extremadamente largos.

En múltiples oportunidades, Unicef ha solicitado a los Estados miembros de la UE terminar con las detenciones injustificadas de los chicos migrantes, implementar alternativas más rápidas y eficaces para brindarles la atención requerida, dotarles de un estatus legal y mantener a las familias unidas. No obstante, no hay consenso. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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