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La vida de Eric Hobsbawm en la historia

Los libros y la lectura de ellos se encuentran en el núcleo del ser de Eric Hobsbawm. Incluso antes de ir a la universidad, él hablaba con fluidez en inglés, francés y alemán, había leído extensamente en estas tres lenguas, estaba muy familiarizado con las obras de Marx y Lenin y había estudiado historia con ahínco. Todo esto a la edad de diecinueve años; y aun leyendo con noventa años.

 

Sean Sheehan

 

Hobsbawm se hizo comunista en su adolescencia y nunca abandonó el conjunto de valores que lo habían convertido en uno de ellos. Al final de su vida, cuando se le preguntó por qué no había renunciado al Partido Comunista, él respondió:

No me gusta estar en compañía del tipo de personas a las que he visto abandonar el  Partido Comunista y convertirse en anti-comunista. Hay ciertos clubes de los cuales no desearía ser miembro. No quiero ser infiel a mi pasado o a amigos y compañeros míos, muchos de ellos fallecidos, algunos asesinados por su propio bando, a quienes he admirado y que en muchos aspectos son modelos a seguir, en su altruismo y devoción.

Fue vigilado por el MI5 desde la Segunda Guerra Mundial en adelante, mostrando ser incapaces de darse cuenta de que no era un comunista militante ni estaba condición de traicionar cualquier cosa de valor para los rusos. Nunca fue un comunista camuflado.

Eric Hobsbawm

Su libro “La era de la revolución”, el primero de un cuarteto, es evaluado hábilmente por su biógrafo, quien lo describe en términos positivos como “la tradición británica de narrativa en su máxima expresión”.

Los comentaristas de derecha criticaron su libro saga “La era del capital”, que más bien demuestra que fue bueno.

Hobsbawm tenía setenta años y aún estaba sano cuando publicó “La era del imperio” se publicó y Evans calcula que el último cuarteto, “La era de los extremos”, recibió más críticas que cualquiera de sus otros libros.

Hobsbawm escribió mucho, mucho más que estos cuatro libros, pero ellos constituyen la piedra angular sobre la que su reputación y su valor permanecen sólidos.

Uno de sus libros, Bandidos”, no es tan bueno, aunque Evans no lo menciona.

Al representar a Francisco Sabate y a sus compañeros como el equivalente español de Butch Cassidy y Sundace Kid, racionalizando la pasión por las aventuras quijotescas tras la guía de la acción política, Hobsbawm subestimó seriamente la tradición anarquista en la que basaron el sentido de su lucha.

Estaba poco interesado en algunas partes del mundo, como en África subsahariana, pero su conocimiento de este era sumamente impresionante. Él amaba América del Sur: “estoy loco por el continente”, escribió después de llegar a Chile en 1963.

Su madre era judía y declaró públicamente que los judíos no sionistas deberían criticar las políticas israelíes. Él subestimó el poder del nacionalismo y las políticas de identidad y resultó profético en cuanto a desconfiar de ellos.

Esta es una biografía admirablemente académica y reveladora, escrita por un eminente historiador que no comparte la política de su sujeto, pero que conoce el valor del hombre y los libros que él escribió.
““Eric Hobsbawm:  A life in history” de Richard J. Evans, es publicado por  Little, Brown

 (Traducción de Lidia Pintos Medina)

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