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Fotos de mujeres de Hannah Starkey

Hannah Starkey ha fotografiado mujeres durante más de veinte años y un nuevo fotolibro conmemora su trabajo y su éxito en la presentación de una alternativa a lo que se entiende por feminidad en las revistas de moda.

 

Foto cortesía del artista y MACK

Sean Sheehan

 

Starkey nació en 1971 en Irlanda del Norte, se graduó en Fotografía, Cine y Televisión en Escocia y se mudó a Londres para realizar estudios de postgrado.

La primera vez que el público vio sus fotografías fue a finales de la década de 1990 y la aclamación crítica que siguió, debió sorprenderla.

Ella fue acogida por figuras progresistas del mundo de la moda y en revistas de estilo de vida, y pronto llegaron las comisiones por nuevos trabajos.

Durante las dos décadas desde su éxito inicial, Starkey ha permanecido fiel a su estética principal: retratar a mujeres como protagonistas de sus propias vidas, pese a estar situadas dentro de un mundo patriarcal que mercantilizaría sus cuerpos femeninos.

Sus primeras fotografías eran escenarios construidos abiertamente, representaciones coreografiadas de momentos ficticios e indeterminados que pertenecen a la experiencia de ser mujer.

Al ser representadas en escena, utilizando actores contratados, las fotos no son un documental en el sentido habitual de la palabra, aunque están basadas en las observaciones de Starkey sobre mujeres de diferentes formas de ser: desde una solitaria reflexión hasta la interacción con otros.

Foto cortesía del artista y MACK

En la última década, el deseo de captar la interioridad permanece inalterado, pero ha cambiado su método de trabajo.

Ahora, siendo madre de dos hijas y viviendo en Londres, se encuentra a sí misma observando a las mujeres en la calle – “Cielos, ella sirve, se ve bien-, pues ve “algo de su confianza en sí misma, no necesariamente su atractivo visual, sino su energía que solo quieres capturar”.

Aborda a las mujeres en la calle y Starkey y les explica el por qué, mostrándoles su trabajo en su móvil, de manera que si ellas lo desean, puedan sentirse conscientemente parte de un proyecto de colaboración.

Entonces se pone a trabajar en la configuración de sus fotografías, utilizando la tecnología digital para crear, estilizar la delicadeza de una imagen que emerge finalmente como la obra acabada.

Ella compara lo que hace con un pintor que trabaja en un lienzo: “la imagen que quiero está en partes y las uno en el ojo de mi mente. La tecnología me permite plasmarla en una imagen final.”

Starkey trabaja para crear empatía y estimular el pensamiento al permitir a sus imágenes sugerir posibles narraciones”.

Foto cortesía del artista y MACK

Contienen sugerencias visuales que apuntan a consideraciones de clase y género; la identidad está en juego y la raza también entra en esto. Son como pinturas en su aspecto clásico de la composición, pero también, fotogramas de una película con un ambiente contemporáneo.

Las mujeres –tanto de mediana edad como jóvenes- son vistas en un bar, una cafetería, un lugar de trabajo, y las emociones, tenues pero presentes, están en juego.

Este libro excelentemente realizado es un testimonio elocuente del desafío de Starkey al poder de las imágenes que tergiversan la experiencia de ser mujer.

En sus propias palabras. “no debemos quedar atrapados por el lenguaje visual miope ideado por el hombre canoso de mediana edad, que piensa demasiado en sí mismo”. “Hannah Starkey: Photographs 1997-2017” es una publicación de MACK.

(Traducción de Lidia Pintos Medina)

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