Globo, Mundo

Los derechos de las mujeres serbias … no son prioridad

Belgrado. Casi tres cuartos de siglo después de haber casi tomado el cielo por asalto, las mujeres en Serbia siguen relegadas a un segundo plano en una sociedad en que son más del 50% de la población.

 

Foto: Pixabay

Roberto Molina

 

En la Yugoslavia de postguerra nacida de la epopeya de los ejércitos guerrilleros dirigidos por Josip Broz Tito (1892-1980), se profundizó la conciencia sobre la igualdad de mujeres y hombres, forjada precisamente en el combate contra el ocupante alemán.

Con las acciones para reconstruir el país y llevarlo a altos niveles de desarrollo mediante la elevación de la educación, la industrialización y la modernización y humanización de la actividad agropecuaria, la presencia de la población femenina en todas las esferas de la vida fue siempre más que notoria y compartían de igual a igual las tareas.

Así ellas alcanzaron un altísimo nivel en la vida pública y profesional, la cultura, las artes, el periodismo y la investigación científica y en las esferas del poder en todos los niveles de la federación de las seis repúblicas de entonces, de la cual Serbia fue parte importante y Belgrado la capital de todo el país.

Al revisar las estadísticas de entonces resulta curioso observar como en materia salarial, por ejemplo, no se hacía distinción entre hombres y mujeres, porque primó la máxima de que por igual trabajo similar salario.

Tras el desmembramiento del país, concretado con toda crueldad en 1999 con 78 días de bombardeo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que causaron no solo la muerte de soldados y policías, sino también de civiles inocentes, muchos de ellos niños, se vino abajo todo aquel entramado social.

Serbia, la más azotada por la agresión del más poderoso bloque militar del mundo, quedó en ruinas a nivel de infraestructura y seriamente fragmentada en su superestructura, casi para empezar de cero, por enésima vez en su historia.

Ese panorama, pese a los ingentes esfuerzos de reconstrucción y modernización, sigue reflejándose hoy en toda la sociedad, con la introducción de la economía de mercado, más interesada en los números macroeconómicos que en la vida de su gente. En el parlamento de 250 miembros, son 92 las diputadas, un 36,8% y hay fuerzas políticas que se denominan democráticas que no tienen ninguna, mientras en el gabinete de gobierno, de 22 miembros, sólo cinco ocupan carteras.

Los más recientes datos resultantes de una investigación de la Fundación para el Desarrollo de las Ciencias Económicas revelan lo que es aquí vox populi: en la población laboral del país hay un 13,5% más de hombres.

Y lo que es aún más injusto: las mujeres con la misma formación e igual experiencia laboral que los hombres tienen salarios un 12% más bajos.

También les resulta a ellas más difícil encontrar empleo estable por razones biológicas, pues los empleadores- sobre todo en el creciente sector privado- las rechazan por el posible embarazo y la maternidad. Según los estudios realizados, solo son irremplazables cuando se trata de la responsabilidad de la familia y el cuidado de los hijos y las personas mayores.

Recientemente, la comisionada para Protección de la Igualdad de Género, Brankica Jankovich, se refirió a esa desigualdad y a la discriminación en el mercado del trabajo que padecen las mujeres en la sociedad serbia de hoy.

Además de preferir a los hombres y de pagarles más, se entronizó la subvaloración de la mujer por la edad y se hace casi imposible que consiga un empleo si está rondando los 50 años y, si lo tiene, no logra elevar su categoría aunque tenga la calificación, porque la catalogan de menos productiva, más proclive a ausencias y a enfermedades.

También es relegada cuando queda sin empleo y le faltan de cinco a 10 años para la edad de jubilación.

Serbia, a juicio de la comisaria, tiene una buena legislación laboral, similar a la existente en la Unión Europea, pero se le atribuye al entorno cultural y ocupacional la presencia de tales inequidades.

Otro factor conspirativo radica en que, como resultado del cambio de régimen social, desde hace bastante tiempo el sistema de educación no responde a las necesidades del mercado de trabajo y en eso el sector femenino lleva también la peor parte. (PL)

 

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