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Los vestigios de otras vidas

El narrador de “Belladonna”, Andreas Ban, se ha retirado recientemente. Trabajó durante años como psicólogo clínico en el hospital universitario de Belgrado, pero, como croata, la desintegración de Yugoslavia puso en peligro su existencia en la ciudad.

 

Sean Sheehan

 

Ocupa un puesto en la universidad provincial de Croacia, pero esto llega a su fin. Su esposa fallece y su hijo abandona el país. Todo lo que queda son recuerdos, fragmentos del pasado.

Andreas Ban no goza de la mejor salud y proporciona descripciones abrasadoramente honestas de enfermedades corporales.

Nno está en absokuto contento, es drástico en sus observaciones y está obsesionado por lo que conoce de la investigación sobre la historia croata relacionada con el Holocausto. Lo que él sabe y recuerda apunta de manera implacable a los horrores de la historia.

Este escueto resumen de la apremiadamente enojada novela de Daša Drndić prepara poco al lector para el desarrollo de la historia de Andreas Ban.

Hay cambios de tiempo y espacio y la narrativa no lineal es dirigida por una fuerte aversión por las ideologías étnicas: aquellas nacionalistas de la guerra de los Balcanes en la última década del siglo veinte, como también las del nazismo.

Al recordar un comentario acerca de que las personas son olvidadas sólo cuando olvidamos su nombre, Ban elabora listas.

Una de ella llena más de diez páginas, nombrando a refugiados judíos que fueron asesinados el 12 y el 13 de octubre de 1941 y enterrados en una fosa común.

Otra lista se extiende en dieciséis páginas, nombrando a niños enviados a campos de exterminio desde los Países Bajos.

El cuerpo de Ban- una alegoría de la política contemporánea- le está fallando, pero su mente es muy afilada y corta la complacencia de los fanáticos que prefieren no recordar.

Una profunda melancolía impregna su espíritu y el suicidio lo llama como una respuesta corporal y metafísica a la vida en el osario de la vida.

“E.E.G” es una secuela, tal como lo aclaran sus palabras: “Por supuesto que no me suicidé”. Al igual que los insensibles personajes de Beckett, está condenado a seguir viviendo. Él continúa midiendo el pulso de un pasado que sus conciudadanos preferirían haber enterrado sigilosamente.

Habla de recopilar “los vestigios de las vidas de otras personas, para darles forma, incluso una distorsionada, deforme, que de vez en cuando emita una chispa y entonces crea que no todo lo que me rodea es totalmente oscuro”.

La naturaleza quisquillosa de Ban es aún evidente: no le gustan las monjas, la gente ruidosa y el ruido en general, prefiriendo a personas que pasean a sus perros: “ellos no hablan, caminan en línea recta y recogen la mierda”.

Es tentador ver a Ban como el alter ego de Daša Drndić, el canario en el túnel de la mina que se ahoga en las mentiras y los falsos recuerdos de otros.

“No ofrezco una historia”, afirma Ban, “porque escribo sobre personas que no tienen ‘una historia’, no sobre aquellos o para aquellos que buscan encontrar sus propias historias en las de otros”.

“Belladonna” y E.E.G. de Daša Drndić, traducidas por Celia Hawesworth, son publicadas por  Maclehose Press.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) –  Imágenes suministradas por la editorial.

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