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El Mediterráneo… aun cementerio infinito para migrantes

La falta de acuerdo entre los países europeos sobre las políticas de acogida de migrantes es un asunto pendiente desde la crisis de 2015, pese a los innumerables intentos del bloque comunitario para abordar la situación. La tasa de migrantes y refugiados muertos o desaparecidos en la ruta central del Mediterráneo aumentó en lo que va de 2019. Una de cada 10 personas perdió la vida en el intento.

 

Foto: Pixabay

Yanet Llanes Alemán

 

La tasa de migrantes y refugiados muertos o desaparecidos en la ruta central del Mediterráneo (Libia-Italia) aumentó en lo que va de 2019, aunque hay un decrecimiento en el número de los que consiguen llegar a Europa, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Una de cada 10 personas perdió la vida en el intento, lo que representa un incremento respecto a los registros del mismo periodo en 2017 y 2018 (2,6% y 3,5%, respectivamente).

En tanto, en las tres rutas del Mediterráneo se registraron en total 356 decesos, de acuerdo con la OIM, que también contabilizó la llegada de 776 personas por la vía entre Libia e Italia (532 a esa nación y 244 a Malta), mientras la Guardia Costera de esa nación norafricana devolvió a mil 73 migrantes.

Por España arribaron alrededor de cinco mil 600 individuos y otros cinco mil 621 por Grecia, países que contabilizan el mayor número de llegadas por vía marítima.

Muchas naciones del norte y centro de Europa, como Hungría y Polonia, se niegan a aceptar a los migrantes, lo que ha llevado la situación a un punto muerto, según consideran analistas.

A tres años de la firma del acuerdo entre la UE y Turquía para reducir el flujo migratorio hacia el continente, el tema sigue siendo un reto para la región.

Incluso, algunos países se aferran a mantener controles fronterizos internos en el área de libre circulación Schengen, pese a que el Parlamento Europeo considera que estos son consecuencia de errores en el sistema de asilo, falta de solidaridad y voluntad política.

Ministerio de Defensa. Photo: Flickr bit.ly/2ILxU9N – CC License https://bit.ly/OJZNiI

Políticas migratorias cuestionadas

El desacuerdo entre países de la Unión Europea (UE) para acoger a un grupo de migrantes y refugiados incluidos dos niños, a bordo de un buque de rescate varado en el mar Mediterráneo, pone una vez más en la picota sus políticas migratorias.

La UE se encuentra en una encrucijada por la falta de consenso entre sus Estados miembros para ofrecer un puerto seguro a 64 personas, procedentes de Libia, que desde el 3 de abril aguardan en aguas internacionales.

Tras días de desesperación por el estado de salud de los pasajeros y la falta de suministros, la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, anunció estar gestionando ayuda para los varados en un intento por resolver la problemática, que concita el interés noticioso dentro y fuera de la región.

“Se han puesto en marcha contactos para coordinar a aquellos Estados miembros que deseen participar en los esfuerzos de solidaridad para aquellas personas que están a bordo del buque”, precisó.

El 3 de abril 64 migrantes y refugiados, que estaban a la deriva en el mar Mediterráneo tras salir en un pequeño bote desde Libia, fueron rescatados por el barco Alan Kurdi, de la organización no gubernamental alemana Sea Eye.

Foto: Pixabay

Luego del rechazo de Italia a recibirlo en sus puertos, la nave, que toma el nombre del niño sirio ahogado en 2015, pidió ayuda a Malta, pero al momento de escribir este artículo todavía no se había dado el visto bueno.

Sea Eye alertó el 9 de abril que la situación “empeora cada día” debido a los problemas de salud y a la escasez de agua y comida.

Durante el día, el mal tiempo hace que estén bajo cubierta, en una habitación diseñada para 20 personas aunque ellos suman más de 80 entre tripulación y migrantes.

Por su parte, el ministro de Interior de Alemania, Horst Seehofer, anunció el 5 de abril que el país está dispuesto a acoger a algunos de ellos, pero al mismo tiempo hizo un llamamiento a sus colegas europeos para que también ayudaran al Alan Kurdi.

Desde 2015, cuando llegaron más de un millón de migrantes y refugiados a Europa, Italia junto a Grecia se convirtió en puerta de entrada principal al denominado viejo continente, al acoger a miles de personas que en su mayoría huyen del hambre y los conflictos bélicos en países de África, Asia y Medio Oriente. Pero en junio pasado Roma cerró sus puertos a buques de salvamento marítimo de organizaciones no gubernamentales por considerar que fomentan la actividad de las mafias de tráfico de personas.

Desde entonces, cada vez que se produce un rescate se tiene que negociar el puerto de acogida y el posterior reparto de los migrantes, como ocurrió en diciembre último con el Sea Watch 3 y el Profesor Albrecht Penck, varados durante varios días en aguas internacionales con decenas de migrantes a bordo.

Europa “tiene un claro mensaje para nuestros supervivientes: No los queremos aquí. Por tanto, esta gente está atrapada en botes hinchables entre dos mundos que les muestran dos tipos distintos de desprecio”, reprochó el jefe de Sea Eye, Gorden Isler.

 

Las naciones mediterráneas critican a la UE por su lentitud para reubicar a los migrantes, así como la ineficiencia de sus mecanismos para distribuirlos de forma equilibrada en el resto de los Estados.

Aunque se contabiliza una disminución en el número de llegadas respecto a años anteriores, la crisis continúa y no se toman decisiones sobre cómo manejar el problema, debido al desacuerdo entre el Club, lo que quedó evidenciado en la última reunión entre los ministros de Justicia y Asuntos de Interior de la UE en marzo en Bruselas. (PL)

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