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Affonso Uchoa: el poder de la ficción para transformar la experiencia

Su película sobre el arresto y abuso violento de un joven por parte de la policía brasileña es también un experimento interesante en la combinación del género documental y la ficción. Habla sobre el poder del cine como una máquina antihistoria que relata la historia de la gente. Y sobre sus preocupaciones actuales por Brasil.

 

Graham Douglas

 

La película de Uchoa, “7 years in May” (Siete años en mayo), fue exhibida en la 50º edición del festival Visions du Reel en Nyon (Suiza), en abril, donde ganó el premio del Jury Société des Hôteliers de la Côte a mejor película innovadora en la competición internacional Burning Lights.

Está ambientada en la ciudad de Contagem, cerca de Belo Horizonte, capital del estado Minas Gerais en Brasil, donde ha vivido desde los 11 años.

El objetivo de Uchoa y sus compañeros es mostrar que las personas que viven al margen son seres humanos con historias que contar, no un despojo para el voyeurismo de las audiencias de los países ricos. La película de Mario Patrocinio, Complexo do Alemão, hizo lo mismo por la vida en las favelas de Río.

Uchoa señala que Contagem fue “creada prácticamente para recibir proyectos industriales, incluida la extracción y el refinado de petróleo… Y está marcada por la experiencia de la clase trabajadora”. Pero no es una favela. Describe su película como un experimento que sintetiza el género documental con el poder que la ficción tiene para que la humanidad de la audiencia participe, de la misma manera que pueden hacerlo las novelas. Cuenta la historia de un joven que sufrió un violento abuso por parte de la policía estatal y de los efectos que esto tuvo en su vida.

Habla sobre sus miedos por Brasil bajo el gobierno de la extrema derecha de Bolsonaro, especialmente del abuso de los grupos minoritarios. La industria cinematográfica llegó a Contagem como resultado directo de las reformas educativas del presidente Lula y su deseo de escapar de la producción cultural elitista

Affonso Uchoa

Contagem no solía estar relacionada con la producción cinematográfica.

Minas Gerais tiene un sólido contexto literario y musical. Los vídeos y las pequeñas producciones comenzaron en los años 80, pero casi nada de ficción. En 2007 se abrió una facultad para los estudios cinematográficos (previamente solo existía en São Paulo y Río) y debido a las iniciativas gubernamentales de Lula, mucha gente de las áreas periféricas, como Contagem, empezaron a ir a la facultad e incluso a estudiar cine. André Novais Oliveira, cuya película “Temporada” se estrenó el año pasado en Locarno, y Gabriel, y Maurílio Martins, cuya nueva película “No coração do mundo” se estrenó en el festival de Rotterdam de este año, comenzaron a hacer películas. Todos somos de Contagem, una generación nacida en barrios de clase trabajadora que empezó a hacer películas debido a la atmósfera cultural de Brasil durante los tiempos de Lula.

Su película da un giro del chico que cuenta la historia de su abuso a un diálogo que, según usted, está más construido. ¿Por qué?

Es un desafío formal, encontrar una manera en la que alguien que relate su vida pueda ser completamente real, pero al mismo tiempo podamos ver algún tipo de gesto constructivo. La película une el género documental y la ficción cuando el relato se revela como parte de un diálogo. La ficción es la forma correcta de reflejar la historia de Rafael. Lo que cuenta es brutalmente real y al mismo tiempo es como una novela, es tan grande que tiene el poder de remover nuestra imaginación y hacernos comprender mucho sobre nuestras vidas, como hace la ficción.

Usted dijo que es importante confiar en el poder de las palabras. ¿Pensó en convertirse en escritor?

Cuando tenía entre 20 y 30 años experimenté con la escritura, pero las palabras también despertaron mi deseo de ser un artista. Cuando leía a John Dos Passos, a Goethe… se me abrió un nuevo mundo y vi que en el cine era posible hacer poesía sin palabras. Cuando comencé a trabajar con películas y descubrí las de Manoel de Oliveria y las de Leon Hirszman, pensé: “¡Guau! Estos tíos son increíbles, porque pueden hacernos ver muchas cosas solo con una escena”. Cualquiera puede estar hablando sobre su vida durante media hora en una película de Manoel de Oliveira, sin que pase nada en la pantalla, pero nos permite imaginar todo lo que está diciendo.

Quería hacer entender a la audiencia lo que ha ocurrido mediante el poder de su imaginación, porque mostrar únicamente la violencia sería una forma de chantaje, como el porno violento.

Usted dijo que el cine puede ser una ‘máquina antihistoria’. ¿Qué quería decir?

La historia la escriben normalmente los ricos y poderosos, los generales, los políticos, no aquellos que sufren. Me fascina la gente normal, aquellos que morirán cuando sus propios cuerpos mueran. Sus historias y las cosas a las que se enfrentan durante sus vidas son las cosas más importantes. En las vidas de los trabajadores y aquellos que están marginados, vemos cómo está construido realmente el mundo. El cine es una máquina antihistoria porque puede contar sus historias.

Usted desafía a las películas que se centran en la pobreza y la violencia, como Ciudad de Dios.

Es bueno mostrar las vidas de los excluidos y la gente pobre, pero depende de cómo lo abordas. Porno Miseria es una exclusión secundaria, porque estas personas ya han sido excluidas del mundo dominante, así que se les trata como una fuente de emoción para los cinéfilos. Ciudad de Dios es una buena película, pero tiene un efecto negativo en Brasil porque es difícil recordar una escena en la que no haya alguien sujetando un arma. Como si la gente pobre no supiera hacer nada más. Además, tiene este tono propio de las películas de explotación negra, donde se utiliza una música funk de los años 70 de fondo en una escena de asesinato en masa, como si fuera divertido matar gente.

Esto es una visión muy de clase media, porque solo se preocupan de las balas perdidas de las favelas, les da igual las condiciones de la gente que vive en ellas. Mi objetivo es construir historias y personajes que muestren de manera sincera otros aspectos de sus vidas.

Durante los últimos cinco años ha habido muchos nuevos directores de grupos minoritarios que pueden cambiar realmente la manera en la que los brasileños ven a su país. Pero ANCINE, el instituto brasileño de cine, está ahora paralizado por los controles de financiación y por las propuestas culturales de Bolsonaro. Solo cabe imaginarnos que este proceso de inclusión y transformación social a través de la cultura desaparecerá.

La película fue producida en parte en Argentina

Hice la posproducción en Buenos Aires mediante una asociación con la empresa Un Puma. No había dinero para esto en Brasil, pero también fue una elección artística. Cuando me reuní con Teddy Williams, Victoria Marotta y Jerónimo Quevedo, sentí que todos estamos impulsando el mismo tipo de cine. La productora brasileña, Camila Bahia, y yo pensamos que necesitamos más integración latinoamericana. Somos parte del mismo continente, compartimos gran parte de la misma realidad, así que tenemos que colaborar. La película fue, para mí, un primer paso en esta dirección.

¿Qué le preocupa de Brasil y de los cineastas desde que Bolsonaro fue elegido?

Soy muy pesimista. Bolsonaro no tiene ningún miedo de proclamar públicamente sus prejuicios con respecto a las personas negras, las mujeres, los gays o el pueblo indígena. En cuatro meses ha abolido el “ministerio de derechos humanos”, quiere cambiar las reservas del pueblo indígena y su programa para abordar la violencia contra las mujeres se basa en realizar asociaciones con empleados de tiendas de belleza para estimular las quejas por acoso.

Cambió incluso los materiales de las campañas publicitarias anti-SIDA porque mencionaban a los gay y a las personas trans, lo cual “ofendía a las familias”.

Nuestro presidente celebra públicamente la fecha del golpe militar de 1964 y hoy, día 22 de abril, ha parado el trabajo de los científicos que estaban buscando los restos de los últimos que desaparecieron durante la dictadura. Nos enfrentamos a una etapa oscura y me da miedo lo que nos pueda traer el mañana. No solo en Brasil, sino en todo el mundo. Hoy en día, una parte de la humanidad está diciendo abiertamente que algunas vidas valen más que otras y que los grupos minoritarios no son tan humanos. Por supuesto, la cultura y el cine sufrirán. En tiempos como estos, tenemos que recordar que todas las vidas importan y cómo la producción de películas nos puede ayudar a superar toda esta pesadilla.

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com) – Fotos de de Desali, suministradas por Affonso Uchoa

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