En Foco, Notes From The Edge, Opinión

Espiritualidad ligera

La espiritualidad es un negocio grande. Los anuncios de retiros a las islas griegas con yoga en la playa y sesiones para consentirse en el spa son muchos.

 

Steve Latham

 

Diseñados para ayudarnos a relajarnos del estrés de la vida cotidiana, esta es la contemplación reformulada para la “generación del yo”.

No obstante, esta astuta estrategia de marketing representa un completo malentendido de la tradición mística, tal como se expresa en muchas creencias religiosas al rededor del mundo.

Estos son diseñados para incomodar a los practicantes, no para confortarlos. Al quitar el velo de la ilusión y disipar el falso yo construido socialmente, el practicante se envuelve más profundamente en la realidad.

Y esto significa encontrar la oscuridad y los demonios, ya sea que se entienda literal o figurativamente, porque viven en la ilusión.

Entrar al mundo de la oscuridad opera tanto a nivel personal como social, los aspectos internos y externos de lo que consideramos existencia normal.

Esto desconcierta a muchos que experimentan la  ‘plenitud mental’ o conciencia. La mayoría experimenta liberacion de la ansiedad al reconocer preocupaciones sin importancia y dejarlas fluir más allá de su imaginacion.

En cambio, una minoría ha experimentado  depresiones profundas y crisis espirituales intensas a medida que  imágenes negativas  han ido surgiendo en sus mentes  o los recuerdos de traumas pasados han resurgido en su conciencia.

Esto se debe a que la plenitud mental, o conciencia es solo una versión secularizada del budismo, una tendencia popular a la que otras religiones se han unido al redescubrir sus propios recursos de relajación en una sociedad mentalmente enferma.

Sin embargo, en todas estas tradiciones también existe la presencia de un guía espiritual que ayuda al sujeto a navegar a través de las capas de la falsa ilusión o maya para profundizar en la práctica.

El occidental desculturalizado, sin embargo, que desea una solución rápida para sus tribulaciones emocionales, simplemente no está preparado, no se ha preparado para el combate espiritual que debe sobrellevar.

Y esque en su origen, la espiritualidad, contemplación o meditación no es solamente un producto de consumo empaquetado para satisfacer una demanda específica.

Es un combate espiritual, una lucha. Las primeras etapas de paz y gozo, por ejemplo, del mundo natural, son un atractivo para alentar al novato a continuar en el camino.

Sin embargo, mientras avanzamos, descubrimos las imágenes falsas de nosotros mismos programadas en nuestro inconsciente por experiencias de nuestra vida temprana.

También nos damos cuenta de las mentiras del prejuicio y la exclusión que proyectamos en otros a través de nuestro propio rechazo a la vez que las estructuras políticas y sociales tambien reflejan las divisiones internas dentro de nuestra propia mente.

El dolor  que esto involucra puede hacer retroceder a las personas, que dejen de practicar o que se mantengan felices con un limite indolente y superficial en sus vidas materialistas.

Slavoj Zizek sugiere que esta espiritualidad de estilo occidental se adapta bien al capitalismo avanzado al ayudar a los trabajadores y consumidores a seguir desempeñando su rol en lo que en realidad es un sistema alienante.

En consecuencia, las empresas ofrecen clases de yoga y meditación para que los empleados sigan funcionando y para que se culpen de su propia infelicidad y no al sistema.

Una razón instrumental racionalista, por lo tanto, vuelve a incorporar paradójicamente lo espiritual, como un medio de regulación sistémica para remediar las tensiones que el mismo impone a sus sirvientes.

Necesitamos recuperar una espiritualidad profética radical, desenmascarar a estos demonios y ayudarnos a vivir vidas completamente humanas.

(Traducido por Miriam Carbajal – Email: miriamcarbajal2@gmail.com) – Fotos: Pixabay

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