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Enfrentando la extinción ambiental

Se ha publicado un informe de las Naciones Unidas que resume la investigación disponible sobre el medio ambiente y advierte que enfrentamos un futuro terrible.

 

Steve Latham

 

A ello le sigue un informe del gobierno británico que ha admitido, por primera vez a nivel gubernamental, que nos enfrentamos a una “crisis”.

El cambio climático y la extinción de especies son dos avances estrechamente vinculados que amenazan no solo la vida humana como la conocemos, sino también el futuro de toda la vida en nuestro planeta.

Es interesante preguntar si estas son respuestas a las protestas recientes. La última fue la manifestación de Extinción Rebelión, que paralizó el centro de Londres durante toda una semana.

Esto ocurrió después de las huelgas escolares de los niños, lideradas a nivel internacional por la sueca Greta Thunberg, de 16 años.

Tal vez esto represente una reacción en cadena, ya que la fecha límite para desastres se acerca más. ¿Alcanzaremos algún objetivo ambiental significativo antes de 2050, cuando el cambio climático sea irreversible?

Mi hija y su pareja se han vuelto vegetarianos y están considerando el veganismo como una respuesta personal al impacto de la ganadería en el medio ambiente.

Pero esto no es nada nuevo. Recuerdo, como estudiante, en la década de 1970 (sí, historia antigua) el desafío de la investigación ambiental.

Incluso entonces, sabíamos, si mirábamos, que nosotros, como especie, estábamos teniendo efectos perjudiciales en nuestro propio bio-hábitat.

Sabíamos que las bolsas de plástico eran contaminantes peligrosos, por lo que siempre llevaba una mochila enorme para guardar todas mis compras en el mercado.

Sabíamos que la producción de alimentos a través del ganado requería emplear más comida que la que nosotros mismos consumíamos directamente al comer granos, legumbres y verduras.

Así que probé el vegetarianismo. De hecho, sucumbí ocasionalmente a la ocasional barra de chocolate o a la lata de frijoles horneados. Después de todo, ¡era un estudiante!

Pero no quiero parecer honesto, porque no duró. No lo hice de manera aislado, sino que tuve el apoyo de estudiantes concientizados de similar manera en este entorno universitario.

Y ese era el problema. Tratar a nivel personal con estos enormes desafíos planetarios requiere que formemos parte de redes de apoyo. De lo contrario las presiones de conformidad son demasiadas.

Estuvo bien por un tiempo. Incluso cuando volvía a casa, siempre que podía elegir mi dieta, seguía siendo vegetariana, aunque mis padres me consideraban un hippie por ello.

Pero entrar a un mundo más amplio, en ese momento, parecía la sentencia de muerte a mi compromiso ético. Era posible encontrar tiendas de comida para vegetarianos, pero eran raras.

Además, extrañamente, el compromiso político que tenía con los jóvenes en el interior de la ciudad me alejó de las rigurosas opciones alimenticias.

Los adolescentes, en ese momento (en la década de los 80), no eran conocidos por su correcto ambientalismo. Como trabajador juvenil en Londres, tuve que organizar sus reuniones semanales y residenciales.

Rápidamente, las salchichas y las hamburguesas emergieron como su comida favorita. Y empecé a aceptar esto para no parecer demasiado extravagante.

Este es el problema al que nos enfrentamos. Conocemos los peligros, pero ¿nosotros, individuos o gobiernos, haremos algo al respecto? Para eso, necesitamos redes de apoyo, acción legislativa y cambio social.

(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín) – Fotos: Pixabay

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