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Enclaves bélicos de EE.UU.: instrumentos para conservar su hegemonía

Estados Unidos insiste en que naciones como Cuba, Nicaragua y Venezuela constituyen un peligro para su seguridad nacional. Sin embargo sus instalaciones bélicas en diversas partes del mundo amenazan la paz mundial.

 

Joel Michel Varona

 

Recientemente, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, confirmó que el país norteño posee unos 800 Los  en el orbe y está presente con sus tropas en 177 naciones.

Recordaba el Canciller que eran ellos los que más armas producen, venden y utilizan.
Por su parte, el presidente del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos, Silvio Platero, subrayó que además de las bases norteamericanas hay alrededor de 200 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

De acuerdo con la investigadora argentina Telma Luzzani el sentido estratégico de las instalaciones bélicas norteamericanas es que funcionan como un instrumento para conservar el hegemonismo de Washington.

En el contexto latinoamericano, las bases diseminadas en este hemisferio son imprescindibles para la sobrevivencia económica estadounidense, señaló Luzzani.

Ellos saben y el mundo también que más allá de lo militar, la región es una rica fuente de recursos naturales como agua, alimentos, metales estratégicos e hidrocarburos, dijo la periodista.

No es casual entonces que los uniformados de Washington estén estacionados en el territorio ilegalmente ocupado de Guantánamo en Cuba, Manta (Ecuador), Panamá y la Amazonía peruana, entre otros puntos, precisó.

Desde estos enclaves ‘resguardan’ esos sitios de un supuesto ataque de un país extranjero, comentó la experta.

Tras el fin de la Guerra Fría Estados Unidos buscó nuevos argumentos para justificar la presencia de sus bases fuera de fronteras como el combate al narcotráfico y al crimen organizado, o bien proveer las llamadas ‘ayudas humanitarias’, indicó.

También están pendientes de los movimientos migratorios el jugoso negocio de la venta de drogas y mantienen bajo la lupa a los movimientos sociales e insurgentes, argumentó.

Desde luego, sin dejar de aprovechar la oportunidad para articular tareas de espionaje y de inteligencia.

Podemos citar como ejemplo el intento de golpe de Estado contra el extinto presidente de Venezuela Hugo Chávez, en 2002, que fue asistido desde la base estadounidense de Manta. De igual manera, las bases están concebidas para ser utilizadas en eventuales intervenciones e invasiones destinadas a desestabilizar un país, como se pretende hoy en Venezuela, y para entrenamiento de tropas a ser empleadas en diversos escenarios.

La tendencia sugiere claramente que la Casa Blanca intentará incrementar sus emplazamientos.

“No por gusto sus autoridades se interesaron en emplazar una base en Alcántara, Brasil, mirando a los recursos naturales de la Amazonía y la proximidad relativa de ese lugar con África, un continente con riquezas nada despreciables para sus ambiciones”, explicó la escritora.

En América Latina y el Caribe debemos apelar al recurso político y a la presión popular para el cierre de estas bases, indicó.

De acuerdo con varias publicaciones, Estados Unidos cuenta con nueve comandos en el mundo, en tanto que para América Latina y el Caribe actúa el Comando sur, hasta donde se conoce públicamente.

Este incluye la amenazante IV Flota, que es en sí misma un conjunto de bases muy operativas y con gran capacidad de desplazamiento, todo un peligro para el hemisferio.

En esas instalaciones del Comando Sur se orquestan también la guerra mediática y la ciberguerra. Tales formas de agredir las hemos visto en Bolivia, Brasil, Nicaragua, Venezuela y Cuba. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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