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¿Libertad de expresión?

En los Estados Unidos y el Reino Unido han habido protestas en las universidades contra ciertos oradores que se dirigen a las instituciones educativas.

 

“Free speech”. Photo by Newtown grafitti. Flickr bit.ly/21e7sqJ

Steve Latham

 

En particular, algunos antiguos precursores del feminismo se han convertido, para su sorpresa, en víctimas de las políticas ‘anti-plataformas’.

Como resultado, algunas personas como Germaine Greer y Camille Paglia han sido etiquetadas de ‘TERF’ (en inglés, Feministas Radicales Trans-Excluyentes).

El furor no solo ha afectado a las invitaciones para hablar en clubes de estudiantes privados, sino que también algunas titularidades académicas, como por ejemplo Paglia, se han enfrentado a peticiones para que se cancelen sus contratos docentes. Emocionada por encontrar aliados políticos en las guerras culturales, la derecha política se ha quejado por estos ataques a lo que ellos llaman ‘libertad de expresión’.

Mientras las perspectivas más amplias de los feministas radicales se desvían claramente del conservadurismo cultural, en una serie de asuntos relacionados con los derechos de las mujeres, en este punto la derecha tiene una causa común.

Foto: Marcella Via

Es, no obstante, irónico e hipócrita por parte de los ponentes de derechas, como Rod Dreher, porque los conservadores nunca destacaron previamente por su apoyo a la libertad de expresión de los radicales de izquierdas.

Solo cuando sus propios intereses de conservadurismo cultural se ven amenazados se suben al tren del escándalo moral.

Esto ocurrió recientemente cuando se revocó la visita a la Universidad de Cambridge del reaccionario Jordan Petersen, tras varias protestas sobre sus perspectivas políticas.

Pero también hay hipocresía en la izquierda. En los años 60, la libertad de expresión fue la expresión clave de la rebelión estudiantil de la nueva izquierda que estaba en contra de la guerra de Vietnam.

Pero siempre que tenían la oportunidad, los izquierdistas también restringían la libertad de expresión. Las advertencias son necesarias antes de las clases sobre temas controvertidos, y la ‘anti-plataforma’ se convierte en política institucional.

Sin embargo, esto es peligroso. Recuerdo apoyar las mociones ‘anti-plataforma’ contra los racistas y los fascistas en mi universidad. Pero, ¿qué pasa cuando nosotros mismos somos el blanco de la ‘anti-plataforma’?

El punto de inflexión, como señaló Michel Foucault, es el ‘poder’. Las peticiones de libertad de expresión se realizan cuando un grupo es débil. Cuando alcanzamos el poder, cambiamos el rumbo y ejercemos el poder en contra de los perdedores que utilizaron su poder previo para silenciarnos.

Se cambian las tornas y los oprimidos de ayer se convierten en los opresores de hoy. Como escribió el abogado nazi Carl Schmitt: la política trata de la habilidad de definir a nuestro enemigo.

Foto: Marcella Via

Ciertamente, es necesario que haya protección para el débil.

El problema con las peticiones de los conservadores para la libertad de expresión es que normalmente representa la protección para los que ya son privilegiados: los hombres blancos.

Aun así, es necesario que existan frenos en los discursos. El discurso de odio, por ejemplo, debe estar restringido. Pero, ¿qué cuenta como ‘discurso de odio’?

En los extremos, es claramente cuando la retórica defiende explícitamente la violencia o la discriminación contra ciertas clases de personas.

Pero, ¿qué ocurre con el discurso menos explícito, que crea una ‘atmósfera’ más amplia pero indefinible, que permite que acciones previamente censuradas se conviertan en aceptables?

Esto se ve claramente en un estudio de The Guardian, que revela que los ataques racistas se han vuelto más comunes desde el voto del Brexit, que normalizó actitudes, discursos y acciones racistas.

Pero, ¿cómo superamos nuestra tendencia natural a tolerar solo a aquellos que nos gustan, mientras oprimimos a aquellos que detestamos? Quizás debamos aprender la lección de Martin Niemoller, que fue encarcelado por su oposición al nazismo:

Foto: Marcella Via

Primero vinieron a por los socialistas, y no dije nada, porque yo no era un socialista.

Después vinieron a por los sindicalistas, y no dije nada, porque yo no era un sindicalista.

Después vinieron a por los judíos, y no dije nada, porque yo no era un judío.

Después vinieron a por mí, y no quedaba nadie para hablar por mí.

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com)

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