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Miguel Hilari: entre las culturas indígenas y españolas

Su experiencia familiar le volvió sensible a los rápidos cambios culturales de Bolivia en las últimas décadas. Consciente de la historia del cine en América Latina, le preocupan los asuntos éticos como estéticos al hacer películas.

 

Graham Douglas

 

Su última película, “Compañía”, ganó el premio Sesterce d’argent George Reinhart al mejor mediometraje.

Hilari creció principalmente en La Paz, si bien su padre es un Aymara de un pequeño pueblo y es muy consciente de los cambios derivados de la movilidad de los campesinos a las ciudades. Como se puede apreciar en su actividad cinematográfica, está más interesado en estos cambios culturales.

Se ha visto influenciado por las películas de Kiarostami, en las que los viajes entre las ciudades y el campo son un motivo central. Su intenso poder evocador puede transportar al espectador a muchos lugares diferentes. El cine documental le atrajo por la forma en la que permite una libertad mayor durante el proceso de producción.

Aunque se ha anunciado un programa de financiación pública para el cine en Bolivia este año, históricamente hablando ha habido muy pocas opciones de financiación, así que para Hilari es importante que la gente sea consciente de que las películas de escaso presupuesto pueden realizarse y presentarse en el extranjero.

Perú ofrece más apoyo y tiene la tradición de llevar el cine y la producción cinematográfica a los pueblos, desde que el Grupo Chaski comenzara en 1982.

También es docente en la universidad de La Paz y trabaja en la producción cinematográfica. Hilari habló para The Prisma.

Su última película, “El corral y el viento”, trataba sobre el pueblo de origen de su padre, mientras que “Compañía” parece un trabajo muy personal.

Mi padre es de un pueblo Aymara llamado Santiago de Okola. Desde la generación de mi padre, las personas que solían ser campesinas se están mudando ahora a las ciudades, lo cual es un enorme cambio en el estilo de vida y la manera de pensar. Los niños criados en la ciudad, como es mi caso, empiezan a hablar español en vez de aymara. Estoy interesado en representar estos cambios sin realizar juicios morales, ya que las películas realizadas en Bolivia en los años 70 hubieran condenado estos cambios como una pérdida de identidad. Tenemos que mirar esto desde varios puntos de vista; por ejemplo, en cuanto a las oportunidades que brinda obtener nuevos conocimientos (incluidas las películas, que nunca formaron parte de la cultura campesina de los Aymara, pero ahora están ganando acceso a ellas).Compañía” también trata sobre esto: tomar una imagen y apropiársela.

Miguel Hilari

Usted forma parte de un grupo llamado Socavón.

Socavón es un grupo de cinco directores de cine de mi edad. A veces, colaboramos todos en un proyecto, pero a menudo simplemente estamos en contacto mientras trabajamos en proyectos individuales. En los años 70 hubo un importante grupo cinematográfico en Bolivia llamado “Ukamau, cuyo director más conocido era Jorge Sanjinés. Formaba parte del movimiento de izquierdas Cinema Novo en Latinoamérica, que incluía a Glauber Rocha, quien hacía frente a la cuestión de los protagonistas colectivos contra los individuales y exhibía películas en comunidades rurales. Tuve la oportunidad de trabajar con él. Las películas de ese periodo son todavía muy importantes, aunque sus recientes películas financiadas por el gobierno han perdido su poder. De alguna manera, queremos conectarnos con ese movimiento.

¿Cómo han cambiado las cosas con Morales?

La gente es más consciente del racismo y el clasismo en nuestra sociedad, pero aquellos que llegaron con Morales se pusieron muy cómodos en sus puestos y ahora no quieren marcharse. Se han acomodado mucho a la estructura de poder que existía, en lugar de cambiarla.

Por ejemplo, todavía sería extremadamente raro que una película realizada por alguien de un pueblo se proyectara en el cine. Al gobierno le gusta presentarse como el salvador de los derechos indígenas, pero hace dos semanas acordaron extraer petróleo en tierras indígenas, en contra de los deseos de las gentes de allí.

Cuando Morales llegó hace 12 años, podías sentir un clima de esperanza, pero ahora ha desaparecido por completo en Bolivia.

La pobreza todavía es un gran problema.

Sí, y la producción cinematográfica de alto presupuesto es cuestionable en términos éticos, porque con ese dinero podrías hacer mucho por la sociedad. Algunas películas hechas en Bolivia intentan imitar a Hollywood de una forma muy ridícula. Pero se han realizado muchas películas interesantes en los últimos años con presupuestos muy bajos, que es un crecimiento que sigo de cerca. Me interesa el cine pobre.

Una crítica de “El corral y el viento” decía que mostraba un melancólico retorno a sus raíces indígenas, tras haber crecido en La Paz.

¡Podría estar en lo cierto! Mi madre es doctora y tanto ella como mi padre trabajaban en los hospitales de dos pueblos muy cercanos a Okola, donde nació mi padre, así que cuando era niño solía visitar mucho esos lugares. Se mudaron a la ciudad cuando yo iba a la escuela primaria. Siempre sientes tristeza cuando dejas un lugar, pero es importante encontrar la manera de llevarte lo bueno contigo, mientras construyes algo nuevo.

¿Qué importancia tiene la música?

En mi primera película no había nada de música. En “Compañía” hay una secuencia larga con Cambraya al principio. Es música de luto tradicional para los fallecidos. La música tiende a evocar recuerdos de los lugares y los momentos donde la hemos escuchado. La música Cambraya tiene ese poder para la gente del pueblo, así que intenté hacer que funcionara en la película (evocando recuerdos, historias, sueños).

¿A qué audiencias están dirigidas sus películas?

Mi película puede resultar difícil para algunas personas porque es algo lenta y tranquila. Espero que la gente esté dispuesta a intentar conectar con ella.

La belleza del arte es que puedes hablar con las personas, más allá de tus vecinos cercanos, pero no quiero que mis películas sean solo para audiencias internacionales.

Estoy seguro de que la gente en Bolivia conectará y espero alcanzar especialmente a las personas jóvenes que vienen de familias que migraron del campo.

¿Existe un problema a la hora de comercializar la cultura y exportarla?

Bolivia está llena de ejemplos donde los equipos de rodaje internacionales vienen a fotografiar la pobreza. Yo intento trabajar en un periodo de tiempo más largo y formar un vínculo con las personas a las que estoy filmando. Pero estas tensiones siempre están allí, incluyéndome a mí, siendo yo el que presento mis películas en Europa y no los habitantes del pueblo. Intento ser consciente de estas tensiones y pensar sobre cómo trabajar con ellos.

¿Qué efectos positivos tiene para Bolivia que sus películas se exhiban en el extranjero?

Hay muchos personajes e historias que filmar en Bolivia y a veces lo único que falta es la voluntad para hacerlo. No estoy compitiendo con las superproducciones, pero solo el hecho de viajar con una película muestra a la gente de Bolivia que es posible realizar películas de éxito sin mucho dinero.

Y en cuanto a las artes en general, es importante mostrar que las películas no son lujos, pueden ser tan importantes como, digamos, un proyecto agrícola.

¿En qué está trabajando?

En mayo, proyectaré un corto en el festival de cortometrajes de Oberhausen de Alemania, que realicé en Potosí, llamado “Bocamina”. Después, daré clases a los escolares sobre el cine y la fotografía en el pueblo. La escuela nos está apoyando mucho y hemos conseguido también una beca para ello. Como productor, estoy trabajando en un documental sobre un famoso fotógrafo boliviano de principios del siglo XX y también en una película de ficción que se rodará a finales de este año cerca de Cuzco, en Perú.

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com) – Fotos suministradas por Miguel Hilari

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