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El efecto devastador del plástico sobre la fauna marina

La producción de este material aumenta: se sitúa alrededor de los 300 millones de toneladas anuales, sin embargo solo la mitad es utilizable o reciclada después de su uso.

 

Odalys Troya Flores

 

Por ello más de nueve millones de toneladas van al mar cada año, cifra que equivale a un camión de basura de plástico cada minuto.

La salud de los océanos es esencial para la humanidad pues regulan el clima y el calentamiento global, producen la mitad del oxígeno de la atmósfera de la tierra y absorben el 25% de las emisiones de CO2, por lo que constituyen el sustento para el equilibrio del cambio climático junto a la seguridad alimentaria mundial. Cuidar el planeta Tierra, sus mares y océanos es una prioridad para los países del Caribe, considerados entre los más vulnerables al cambio climático, y cualquier acción en pos de ese objetivo es mucho más que una preocupación.

Miles las toneladas de plástico de diversos tamaños contaminan los océanos y tienen un efecto devastador sobre la fauna marina y las aves, y el propio ser humano, al estar en la cúspide de la pirámide trófica.

Se calcula que entre el 15% y el 40% del plástico producido en el mundo acaba cada año en los mares.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) consideraba en 2013 que al menos 6,4 millones de toneladas de basura plástica acababan cada año en los mares. Actualmente cifra esta cantidad en más de ocho millones de toneladas.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, hace dos décadas, un submarino descendió a las profundidades de la Fosa de las Marianas, la parte más profunda de los océanos del mundo, en pleno Pacífico occidental, a una profundidad de 10 mil 988 metros.

Allí encontró una bolsa de plástico. Los científicos creen que se trataba del primer desecho de ese material encontrado a tan gran profundidad, el cual tardará entre 400 y mil años en desintegrarse.

Pero también en la superficie pueden hallarse enormes manchas, o islas de basura plástica, y algunas cubren áreas de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados.

Todos los años se vierten al océano alrededor de 13 millones de toneladas de plástico y según Pnuma, esto equivale a vaciar el contenido de un camión de basura en el océano cada minuto.

Los plásticos clorados pueden liberar químicos dañinos al suelo, que luego pudieran filtrar hacia el agua subterránea u otras fuentes en las inmediaciones.

Asimismo los nurdles (un tipo de microplástico) son comercializados a menudo en buques de carga, para ser utilizados en la fabricación de productos plásticos.

Una cantidad significativa es volcada en los océanos, y se ha estimado que a nivel global, aproximadamente el 10 por ciento de la basura de las playas son nurdles.

Por lo general los plásticos tardan años en degradarse en los océanos, pero no por completo, y en este proceso ciertos elementos químicos tóxicos tales como bisfenol A y poliestireno pueden ser liberados hacia las aguas. Los trozos de poliestireno y nurdles son los tipos más comunes de polución por plástico, y junto con las bolsas plásticas y los receptáculos de comida constituyen la mayor parte de la basura en los océanos.

La polución por plástico puede potencialmente envenenar a los animales, lo cual pudiera afectar de manera negativa el suministro de alimentos del ser humano. También es altamente dañina para los grandes mamíferos marinos y se ha determinado que algunas especies como las tortugas de mar, contienen grandes cantidades de plásticos en su estómago.

Por lo general en estos casos mueren de hambre, porque el plástico bloquea el aparato digestivo y otras veces los animales marinos quedan enredados en productos plásticos tales como redes, lo cual los puede llegar a dañar y hasta producirles la muerte.

Combatir el flagelo de la contaminación se ha convertido en una prioridad para algunos gobiernos, organizaciones ambientalistas y Naciones Unidas; de su erradicación depende la salud de mares y océanos y también la supervivencia humana. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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