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Una muerte fascista en España

La dificultad al escribir sobre una guerra civil, en este caso la guerra civil española,  expresada por el amigo del narrador en “El Señor de todos los muertos”.

 

Sean Sheehan

 

Independientemente de lo que escribas, alguien te atacará por idealizar a los republicanos, por no denunciar sus delitos, y otros te acusarán de revisionismo o de masajear el franquismo para presentar a los franquistas como personas normales, cotidianas y no como monstruos. Así es: a nadie le interesa la verdad; ¿No te has dado cuenta de eso?

Javier Cercas, autor y narrador de “El Señor de todos los muertos”, busca la verdad, o como mínimo, algo menos que una falsificación sobre Manuel Mena.

Este tío de su madre, de 19 años, murió en una batalla de guerra civil en septiembre de 1,936 luchando por Franco.

Cercas va al pueblo de Ibahernando en Extremadura donde nació y se crió Mena para entrevistar a un hombre de unos noventa años quien es aparentemente la única persona que aún vive y recuerda a Manuel Mena.

Luego, dramáticamente, surge que el padre del anciano, un barbero, fue asesinado por insurgentes de derecha en el pueblo. En total, hubo once asesinatos en la región después de que la aldea cayera bajo control fascista en 1,936.

El autor / narrador también nació en Ibahernando y su abuelo, Pico Cercas, también había conocido a Manuel Mena. Pico había sido falangista pero se desilusionó con la política en general.

Javier Cercas. Foto de Albin Olsson. Wikimedia Commons bit.ly/2FsYodM. Licencia bit.ly/1SrbRBk

Nunca habló de la dictadura de Franco, durante o después de la guerra, pero su familia apoyó el fascismo y el autor quiere el cierre y la catarsis para el “deshonor de mis antepasados”.

Las pinturas de Velásquez y Goya le dan al narrador una óptica para su investigación del pasado.

En La rendición de Breda de Velásquez, la guerra es terrible pero noble; en El tres de mayo de 1,808 de Goya o Los Desastres de la Guerra, la realidad de la guerra está en tu cara.

Manuel Mena dejó Extremadura para tomar las armas en una lucha en la que creía. La guerra para él fue como la pintura de Velásquez, mientras que Pico Cercas llegó a ver que la guerra se parecía más a la descripción de Goya.

La búsqueda del autor se convierte en descubrir si el tío de su madre murió aún creyendo en su idea idealista de la guerra. O ¿”viajó en un puñado de meses desde el ímpetu exaltado, utópico y letal de su juventud hasta el desencantamiento de una madurez prematura”?

Otra formulación de la pregunta es si alguien puede ser noble y honorable en la búsqueda de una causa desacreditada como la de Franco.

Calle Toledo durante la Guerra Civil. Recuerdos de Pandora. Flickr bit.ly/2Fvb1Vw. License bit.ly/1dsePQq

El tema  tiene relación con un debate en Francia en 2,017, cuando un editor de prestigio propuso volver a publicar una obra  rabiosamente antisemita del escritor Louis-Ferdinand Céline.

Se reconoce que el escritor es uno de los mejores estilistas que escriben en francés, pero, igualmente irrefutable, fue un racista y antisemita impenitente.

“El Señor de todos los muertos” es una disquisición de busqueda autoficcional sobre el valor del heroísmo a la vez que documenta algunos eventos clave en el conflicto que aún acecha a España.

“El señor de todos los muertos” de Javier Cercas es una publicación de Maclehose Press.

(Traducido por Miriam Carbajal – Email: miriamcarbajal2@gmail.com)

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