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Tristeza en Honduras: La infancia truncada

Un menor que deja la escuela para trabajar, una vez adulto, ganará tres veces menos que un profesional y es que trabajar a una edad temprana lo sumerge en una desigualdad en donde posiblemente permanecerá el resto de su vida.

  

“Child Labour”. Photo by Marilex
Marilex Jean Borja. Flickr bit.ly/2JcFRU2. bit.ly/1mhaR6e

Viviana Díaz Frias

 

Pocos males sociales entristecen tanto al mundo como el trabajo y la explotación infantil, y aunque mucho se aboga por su erradicación, en Honduras miles de niños viven hoy bajo la sombra de este flagelo.

La legislación nacional considera trabajo infantil a toda actividad en la que participan menores de edad, ya sea en la producción, comercialización de bienes o prestación de servicios, que les impida el acceso, rendimiento y permanencia en la educación o que se realice en ambientes peligrosos, produzca efectos negativos en el desarrollo intelectual, físico, psicológico, moral e incluso social en la niñez.

Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), cada año ingresan al mercado laboral cinco mil personas de entre 5 y 17 años, por lo que actualmente medio millón de infantes sufren esta problemática, el 16,5% de ese grupo etario.

Estas cifras convierten a Honduras en uno de los países con mayor índice de trabajo infantil en América Latina.

Las zonas rurales cuentan con una mayor concentración de este mal, con el 68,2% , aunque se cree que la situación de explotación laboral es mucho más grave de lo que reflejan los informes.

Photo: Pexels

Mientras tanto, en el área urbana se registra un 31,8% de trabajo infantil, siendo Tegucigalpa, San Pedro Sula, La Ceiba y el Progreso las ciudades con una presencia más marcada de este flagelo.

De acuerdo con el INE, el 74,4% de estos “pequeños trabajadores” son niños, y el 25,6 son niñas, lo que denota un fuerte componente de género asociado al machismo y a la visión del hombre como principal proveedor del hogar. Distintos sectores formales e informales de la economía hondureña cuentan con mano de obra infantil, al igual que al interior del contexto familiar donde muchos niños y niñas son forzados a realizar tareas domésticas desde edades muy tempranas.

Las áreas con mayor incidencia son la agricultura, la silvicultura, la caza y la pesca con el 52,6%; comercio al por mayor y menor con el 18,6%; la industria manufacturera con el 11%; la construcción con el cuatro, transporte y almacenamiento con el uno, y explotación de minas y canteras con el 0,2%.

Aún cuando el Código de la Niñez y la Adolescencia, las leyes del país y los múltiples tratados internacionales a favor de los menores de edad establecen los derechos fundamentales de este sector social, en Honduras el panorama es a todas luces desfavorable y lo peor es que no se advierten indicios de una solución inmediata.

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Infancia truncada

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la pobreza es el factor fundamental para la proliferación del trabajo infantil.

A nivel mundial más de 250 millones de niños viven bajo condiciones de explotación laboral, indican estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo, principalmente por la necesidad de contribuir a la economía familiar.

En Honduras, un país con una palpable crisis política, la situación de las familias y la población menor de 18 años no es para nada favorable.

La pobreza monetaria afecta significativamente a los niños y adolescentes de este país: al 53,7% de los menores de seis años de edad, al 55,75 de los que tienen edad escolar y al 475 de la población adolescente, advierte el INE.

Photo: Pixabay

No es necesario decir que las consecuencias del trabajo infantil sobre los pequeños son negativas, con secuelas muchas veces imborrables a lo largo de su vida luego como adultos. Es un fenómeno nocivo para el desarrollo físico, mental y social de la niñez.

Incluye numerosos riesgos de contraer enfermedades infecciosas o de otra índole, sufrir accidentes laborales que pueden comprometer su integridad física, y hasta casos de abusos sexuales, sobre todo a niñas y adolescentes. También genera bajo rendimiento académico y altas probabilidades de deserción escolar en los niños que llevan trabajo y estudio paralelamente. (PL)

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