En Foco, Notes From The Edge, Opinión

Bosque y ciénaga

Por el cumpleaños de mi mujer, nos alejamos del ruido de la ciudad, buscando la tranquilidad del campo, en búsqueda de consuelo en el silencio de la naturaleza.

 

Steve Latham

 

Caminando, no exactamente en la jungla, – al fin y al cabo es Inglaterra, y realmente no no hay bosques – nos sentimos renovados, despejamos nuestras cabezas y nos relajamos.
Nos encanta la vida urbana. Su actividad y movimiento son emocionantes y energizantes. Pero, a veces, tienes que salir y tomarte las cosas con más calma.

Por lo tanto, caminamos cada día, no lejos –ella habría ido más lejos, pero tengo miedo de realizar un sobreesfuerzo.

El primer día, paseamos por el bosque. Más bien pequeño, según los estándares de algunos países; pero para nosotros es     aventura suficiente, aunque no demasiada.

Nos perdimos una vez; aunque no es posible perderse realmente en un bosque inglés, como podría suceder, por ejemplo, en el Amazonas.

Sin embargo, fue suficiente para que nosotros diéramos una vuelta doble, y reubicáramos los senderos bien señalizados, diseñados para que la población urbana no entre en pánico en los lugares remotos.

Sin embargo, la maleza fue la curación de mi alma. Aunque, para mí, fue una cuestión de contemplar sin comprender la exuberante vegetación verde, sin una pista de lo que estaba observando.

Ella, por el contrario, podía denominar a los árboles y observar a los pájaros sentados en las ramas. Lo que para mí era una masa indiferenciada, para ella se convirtió en una colección de descubrimientos particulares.

Donde yo veía simplemente follaje, ella podía distinguir al propio jilguero posado en esa rama específica del árbol: impresión frente a inmediatez.

Mientras caminábamos, pensé en una gran variedad de temas: planificación, preocupación, anticipación, pero ella estaba prestando atención y atendiendo a las sensaciones que tenía ante ella.

Donde yo miro, ella percibe. Donde yo soy lo abstracto, ella es lo concreto. Donde yo soy lo mental, ella es lo natural.

Esta combinación binaria resume la diferencia entre nosotros. Disfruto de la fantasía, a ella le encanta la esencia: la naturaleza de las cosas, su singularidad, su realidad, su facticidad.

Esto se hizo más visible cuando visitamos la ciénaga. ¿Qué es una ciénaga? Las ciénagas son los humedales acuosos, lodazales, que caracterizan la región de donde estuvimos.

Una está siendo reestablecida a su estado natural- es extraño que la ‘naturaleza’ necesite ahora ‘mantenimiento’ artificial, por parte de los seres humanos-, cierto que sólo después de haber empleado siglos contaminándola y destruyéndola.

Aprendimos que en esta ciénaga vive la segunda araña más rara de Gran Bretaña (mi esposa podía recordar y mencionar su nombre).

Examinamos cuidadosamente el estanque en el que se suponía que debía vivir, pero no vimos nada. Sin embargo, mi esposa realizó uno de sus milagros.

A ella le encanta preguntar cosas a la gente. En exposiciones de arte, ella pregunta a los asistentes cuál es su pintura favorita.

Aquí, vimos a un hombre, armado con unos prismáticos; y ella le preguntó si había visto algo. Encantado de mostrar su conocimiento, indicó una pequeña mota que descansaba sobre una hoja en el estanque.

De nuevo, el detalle en la descripción, hecho posible porque también con las personas, ella ve al interesante ser humano individual de quien puede provenir la instrucción.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

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