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Robando la riqueza de las naciones… con ayuda del gobierno

La ‘industria internacional para proteger la riqueza’ ha superado a la legislación para controlarla.  Apoyado por el mundo digital, el dinero ahora se puede mover rápidamente alrededor del mundo a la jurisdicción más favorable. Esta competencia fiscal socava las economías de muchos países en detrimento de los servicios sociales.

 

Graham Douglas

  

En  “El imperio ‘offshore’ británico en las islas del dinero mágico” vimos -como se explica en el libro de Nicholas Shaxson, Las islas del tesoro– que los territorios de ultramar del Reino Unido (como las Islas Caimán y las Islas Vírgenes Británicas) han aprobado una legislación elaborada, en primer lugar, entre los políticos locales y los equipos de contables y abogados de fuera de las islas, escuadrones jurídicos que ya tienen una buena idea de lo que será aceptable en Londres: las legislaciones personalizadas para los ricos. Como este proceso se ha desarrollado desde la década de 1960, se consolidó en algunos casos en lo que se ha conocido como ‘la captura del estado’.

Esto es lo que hace que las reclamaciones de los que están a favor del Brexit, de querer ‘volver a tomar el control’, sean tan indignantes: es la gran ilusión del estafador que convence a sus víctimas de que él les está ayudando a luchar contra la injusticia, mientras les roba sus billeteras.

Y esto no es solo una trama Tory: fue el Nuevo Laborismo quien apoyó una ‘agenda de competitividad’ basada en la idea de que si no les mantenemos aquí se llevarán su dinero a otra parte, lo cual atrajo la codicia de los lobos de Wall Street.

En 2000, Gordon Brown recortó el impuesto de sociedades del 40% al 10%: estas son las verdaderas medidas de la ‘Britania buena’ de Blair, tal como se describe en el libro de Richard Brooks The Great Tax Robbery.

Pero esto no acaba aquí, y como Shaxson explica, ha estado ocurriendo lo mismo en los EE. UU., donde estados como Delaware y Dakota del Sur se muestran notoriamente relajados ante el hecho de que la gente se esté haciendo rica de manera sucia. Florida fue la elección de Al Capone para esconder su riqueza criminal, y ahora es conocida como el principal destino de los depósitos en efectivo procedentes de América Central y América Latina, una gran parte por parte de políticos deshonestos que malversan en esos países.

La maldición financiera

Como deja también claro el informe de la Red de Justicia Fiscal indicado anteriormente, la captura del estado es parte de un fenómeno más amplio que se ha descrito como la maldición financiera, por analogía con la maldición de los recursos.

Esto ocurre cuando una economía pasa a depender de un solo producto, normalmente de materias primas como el café, el azúcar o especialmente el petróleo; esto distorsiona la econom ía en su conjunto, porque es mucho más fácil mantener las extracciones de petróleo y adquirir los ingresos (gran parte de los cuales a menudo terminan en cuentas extraterritoriales de políticos corruptos), que desarrollar una sólida política de inversiones y diversificación económica.

Los efectos de esto son especialmente llamativos cuando se comparan los países africanos con los de Asia, como Corea del Sur y Malasia, que no gobiernan de manera responsable.

La maldición financiera es un modelo similar para los efectos de las finanzas extraterritoriales en los paraísos fiscales, y les deja muy vulnerables a los ciclos de precios a largo plazo.

Si, como ya está ocurriendo, el negocio financiero extraterritorial se muda a Estados Unidos, no quedará nadie para recoger los pedazos de las islas: ¿qué hará entonces el nuevo rico local para compensar la diferencia? Bueno, hay otra moneda cuyas moléculas ya son detectables en los billetes británicos de 20 libras, que proviene de países de América del Sur.

Sin embargo, la competencia fiscal combinada con la movilidad del capital es destructiva en todas partes, porque socava las políticas fiscales de cada uno de los demás países que tienen tasas más altas. Sin impuestos no hay dinero para pagar los programas culturales o de bienestar social.

En una inversión del lema de la Revolución de 1776, no existe ninguna representación, en el sentido del uso de la riqueza para construir una nación en la que la gente se sienta parte de ella, sin tributación.

Y, puesto que las personas más ricas son las que tienen más oportunidad para mover sus bienes en el extranjero, la pérdida de sus impuestos debe compensarse con los trabajadores, que son los que menos oportunidades tienen para evitar el pago, ya que tributan los ingresos antes de recibirlos.

Cómo habilita EE. UU. a sus propios evasores: el poder de los bancos

En el libro de Oliver Bullough, Moneyland, el autor describe en detalle la forma en la que el mundo posmoderno permite que los evasores fiscales ganen en ambos sentidos, con un poco de ayuda del gobierno.

Volvemos a los fideicomisos de nuevo, las fortalezas de la denominada ‘industria de defensa de la riqueza’, y dos de sus variedades más inicuas, permitidas obviamente por las leyes estatales (aquí nada es formalmente ilegal), son los fideicomisos autocreados, y aquellos con cláusulas que se terminan.

En el primer caso, un fideicomiso supuestamente establecido para evitar que la riqueza heredada fuera desperdiciada por un descendiente derrochador, puede permitir que el fideicomitente lo configure también para ser beneficiario de su propio fideicomiso.

Y, al mismo tiempo, estos fideicomisos protegen al beneficiario de la ‘interferencia’ de los consejeros y evitan también que los acreedores legítimos o los solicitantes del beneficiario tengan acceso a una riqueza cuyos ingresos siguen en vivo.

Una cláusula de migración simplemente permite que todo el fideicomiso se desplace instantáneamente a una nueva jurisdicción específica si surgen circunstancias especiales, y, por supuesto, las circunstancias que más ansiedad causan a los beneficiarios y los fideicomitentes son los cambios en la política fiscal de los lugares donde se celebran.

Elite trasfronteriza dirige el mundo y controla el Congreso de EE. UU.

En una dramática denuncia realizada por Bradley Birkenfeld, narrada en Moneyland, un enorme tesoro de datos abrió de repente el sistema secreto del banco suizo UBS, y lo mismo ocurrió con Credit Suisse.

Se tradujo en grandes multas a los bancos y en un cambio de la ley federal de EE. UU., conocida como FATCA (ley de cumplimiento tributario de cuentas extranjeras, 2010), que obligó a que los países extranjeros informaran a las autoridades fiscales estadounidenses acerca de las cuentas abiertas en esos países por parte de ciudadanos estadounidenses.

A esto le siguió en 2014 el Estándar Común de Reporte (ECR), mediante el cual los países firmantes (EE. UU. no es uno de ellos) automáticamente intercambiaron información acerca de las cuentas bancarias de los demás residentes en su país.

Como indica Bullough, esto amenazó con eliminar el obstáculo fundamental: que las leyes se detuvieran en las fronteras mientras que el dinero no lo hiciera. Esto ha afectado duramente a los paraísos extraterritoriales, pero hay una solución: mudarse a EE. UU.

Ahora podemos comenzar a comprender lo que es necesario para la movilidad internacional de la élite, porque si usted es un ciudadano estadounidense puede escapar del FATCA simplemente renunciando a la ciudadanía y mudándose a un ‘país de destino’ más comprensivo; yo uso el término por analogía con el término británico del sector de la hostelería llamado ‘bar de destino’, que describe un lugar donde se puede pasar una tarde entera, en lugar de ir a comprar con su ilocalizable tarjeta de pago.

Hasta aquí todo bien, pero como han señalado las organizaciones benéficas, el ECR solo funciona entre los países que se subscriban a él, y para hacerlo usted no debe estar listado como corrupto y tener una autoridad fiscal bien dotada. Así, aquellos países que se rigen como cleptocracias automáticamente no son aptos y sus políticos mafiosos puede seguir ocultando su dinero en el extranjero felizmente.

Y, además de que FATCA, increíblemente, solo funciona en una dirección, los estafadores extranjeros que viven en los EE. UU. no están obligados a revelar nada a sus países de origen.

La hipocresía de esto es impresionante, y la administración de Obama propuso hacer bidireccional el intercambio de información, pero se vieron acallados de manera efectiva por el alboroto de los bancos estadounidenses, lo cual demuestra cuán grande debe de ser este escándalo en términos de efectivo.

Por ejemplo, en 2016, el estado de Dakota del Sur registró un total de 226 mil millones de dólares estadounidenses invertidos en los fideicomisos familiares. EE. UU. modificó su legislación, pero permite la siguiente escapatoria surrealista:

Si no desea informar de su riqueza, puede establecer un fideicomiso en los EE.UU., que tiene por lo menos a una persona extranjera en un papel donde tienen algún poder significativo en la operación del fideicomiso. Esto hace que sea un fideicomiso extranjero para fines fiscales.

En este momento, se asegura de que su fideicomiso también tenga un fideicomisario estadounidense, lo que lo convierte en un fideicomiso estadounidense para los fines del ECR, y por consiguiente no está obligado a comunicar toda información al país de origen. No hay ningún indicio de que esto cambie mientras los republicanos controlen el Senado de EE. UU.

Deberían llamarse leyes de Groucho Marx, en memoria de su ocurrencia: “No le gustan mis principios, muy bien, tengo otros”.

Próximamente: ¿Cuánto dinero se está perdiendo en los países en desarrollo?

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com) – Fotos: Pixabay

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