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Enseñanza recreativa: la huella de Cuba en ARTEK

Moscú. El Centro Infantil Internacional ARTEK aparece hoy como la institución de su tipo más grande del orbe, con nueve campamentos en un área de 218 hectáreas y con una asistencia en 2018 de 40 mil niños.

 

Texto y fotos: Antonio Rondón

 

Creado en 1925 en la costa del mar Negro, está próximo al centenario de su rica historia de solidaridad, entrega de sabiduría, intercambio solidario, investigación docente y formación de futuros especialistas nacionales e internacionales.

Artek, después de una etapa de declive, tras la desaparición de la Unión Soviética, comenzó una nueva etapa de renacimiento para convertirse en un centro para la creación, de pruebas y aplicación de formas de innovación de educación general, de salud y descanso. Desde 2016, el gigantesco centro infantil, con un área comparable con el principado de Mónaco, pasó a ser miembro de la Asociación Internacional de Campamentos Infantiles (ICF).

Para ello, cuenta con los campamentos Kiparisni, Lazurni (uno de los más grandes), Polevoi, Rechni, Oziorni (completamente modernizado), Jrustalni, Yantarni y Morskoi (uno de los primeros).

El gobierno ruso pone empeño en convertir al centro en un laboratorio gigante de métodos docentes, relaciones y preparación de futuros cuadros, de ahí la inversión en ese proyecto de 13 mil millones de rublos (206 millones 188 mil dólares) de 2014 a 2018.

Tales obras abarcaron un área de 280 mil metros cuadrados.

La instalación también cuenta con una escuela permanente con capacidad para mil 224 alumnos, 300 educadores, cuyo promedio de edad apenas llega a los 37 años, y 500 guías pioneriles (denominados bayati), de entre 18 y 25 años de edad.

En el centro se crean grupos de 21 que se conocen aquí como smena (cambio, si se traduce literalmente). Cada uno de ellos se somete a una enseñanza y programa de actividades intenso e integral.

Por lo general, cada smena esta apadrinada por una entidad que puede ser la Cancillería, lo cual llevó al campamento a su vocera, María Zajarova, o al representante ruso en Naciones Unidas, Vasili Nobenzin.

Para 2024, en víspera de su centenario, el centro infantil espera llegar a 60 mil niños al año.

La enseñanza reacreativa

La enseñanza como parte de la recreación aparece como uno de los principios más apreciados por quienes pasan por el Centro Infantil Internacional Artek, con 94 años de existencia en las orillas del mar Negro de Crimea.

La instalación tiene el mérito o la magia de transformar a todo menor que entra en sus predios, donde de inmediato es sometido a tres entrenamientos intensos: amistad, solidaridad y conocimiento.

Artek surgió de una idea noble propuesta por quienes tuvieron de seguro el propósito de formar el hombre nuevo, con valores humanos, conocimientos globales y para enseñarlo a aprovechar todo el espectro posible de habilidades y conocimiento durante una corta estancia.

La fórmula surgida hace casi un siglo adquiere ahora nuevos colores. Ello está acorde con declaraciones hechas por el presidente Vladimir Putin de recuperar los valores positivos de la Unión Soviética. Artek aparece como uno de ellos.

Para 2021, se espera que Artek cuente con 11 campamentos y para 2025 ambiciona arribar a los dos millones de visitantes al cumplir su centenario.

En cada ‘smena’ los guías (bazhati, en ruso) deben inducir en los niños un conocimiento tan amplio como sea posible, inculcarles el sentimiento solidario, el trabajo en equipo y las vías para estimular la creación y encontrarse a sí mismo.

De ahí que los bazhati, muchos de ellos con conocimientos pedagógicos, se forman especialmente en Artek.

Los más experimentados afirman que para la preparación real de uno de ellos necesita una práctica de al menos cinco ‘smena’, pues se trata de la mejor formación pedagógica posible.
Solo el pasado año, viajaron a Artek menores de 84 regiones de Rusia, con diferentes culturas, formaciones, estratos sociales, pues el 95 por ciento de las plazas se otorga por evaluación de habilidades incluidas en una planilla enviada por Internet, con un determinado raiting.
Los niños pueden enviar dibujos, obras de arte, discursos, premios musicales, trabajos científicos, ensayos literarios y cualquier otra forma que los destaque para llegar a la puntuación necesaria, la cual, automáticamente, la determina un sistema centralizado.
Solo el cinco por ciento de las plazas es pagado, pero aún así se realiza un concurso entre los niños que intentan viajar a Artek por esa vía.

La huella cubana
Uno de los primeros grupos de Cuba llegó a Artek en 1961. En una de las ‘smena’, de agosto a septiembre de ese año, arribó al campamento Aziorni una delegación cubana, entre los que se encontraba Fidel Castro Díaz-Balart, de acuerdo con archivos de ese centro.
En 1974, se celebró en Artek la primera consulta de jefes de órganos pioneriles de países socialistas, en la que participaron delegados de la isla, mientras que, en 1977, en la VI ‘smena’ Raisa Viera Hernández, de 10 años, fue elegida presidenta de las delegaciones foráneas.
Además, en 1978, Artek acogió un evento en saludo al XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado ese año en la nación caribeña. Artek es simplemente como un gran abrazo, considera su director Konstantin Fedorenko, quien declaró a Prensa Latina que por el momento la experiencia del centro que dirige se extendió a otras tres instalaciones en Rusia y a dos en el extranjero: Mongolia y Bulgaria.

Nosotros enviamos a nuestros especialistas en infraestructura, dirección y los bazhati para dar clases prácticas y luego vienen expertos de otras regiones o países a trabajar en Artek. De esa forma, transmitimos nuestro conocimiento sobre esa práctica, afirmó.

Para Fodorenko, la mayor preocupación se resume a una pregunta de guardia para los niños: ¿qué no les gustó? (PL)

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