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Migrantes trabajadoras en el RU: El silencio de las inocentes

En sus lugares de trabajo, el 16% de las latinoamericanas sufren abusos: desde golpes, insultos y amenazas, hasta acoso sexual,  comentarios de contenido sexual, abusos sexuales e incluso violación. No denuncian y cuando lo hacen los gerentes miran a otro lado y los agresores quedan impunes.

 

Virginia Moreno Molina

 

Muchas son las razones por las que alguien decide irse de su país: crisis financiera, discriminación, abusos, persecución…

Cuando estas mujeres latinoamericanas deciden venir a Londres a trabajar, lo hacen con la esperanza de que sus condiciones personales y profesionales sean mejores. No esperan que sus pesadillas se repitan en el Reino Unido.

“Ni siquiera puedes buscar ayuda porque te amenazan y no hablas inglés. Entonces ¿qué vas a hacer? ¿Ser una sin techo? Te quedas y siguen abusando de ti, y no hay nada que puedas hacer”, cuenta Leticia.

Un testimonio entre los cientos que existen actualmente, muchos de ellos silenciados por el miedo a perder lo poco que tienen.

El informe, llamado “The Unheard Workforce: Experiences of Latin American migrant women in cleaning, hospitality and domestic work”, muestra 326 casos de mujeres inmigrantes latinoamericanas que han recibido el apoyo de Latin American Women’s Rights Service (LAWRS) entre 2015 y 2018 y que han sufrido este tipo de situaciones. En el artículo anterior publicado en The Prisma, “Inmigrantes Latinas, una fuerza laboral abusada y silenciada en el Reino Unido”, se recogen las alarmantes cifras de esta problemática.

Según el informe, los sectores de la limpieza (69%), hostelería (5%) y trabajo doméstico (8%) son los más demandados en esta comunidad, y las mujeres latinoamericanas suelen encontrarlos a través del boca a boca, grupos de chat o en las redes sociales.

Sin embargo, una vez encuentran estos puestos, la información que se les facilita es escasa, sin ninguna documentación o explicación sobre las condiciones y términos del trabajo. Algunas mujeres ni siquiera saben el nombre de su empleador o cómo contactar con la compañía.

Como resultado, hay una mayor facilidad por parte del empleador para vulnerar sus derechos impunemente.

Golpes, insultos…

Discriminación, intimidación (bullying) o acoso fue experimentado por el 41% de las encuestadas y conectan esto al hecho de que sus trabajos suelen hacerse en tiempos que no son de horario de oficina y en solitario.

De hecho, a la mayoría de limpiadoras se les asigna un número de habitaciones o plantas enteras para que las hagan solas, sin compañeras ni testigos. El caso de las trabajadoras domésticas es aún peor ya que trabajan en casas privadas.

El abuso verbal también es frecuente, el 37% de las encuestadas lo ha sufrido: amenazas, gritos, insultos y burlas, tanto por parte de los gerentes como de los propios compañeros.

Además, esta problemática ha llegado a escalar al abuso físico (11%): empujones, tirones de pelo, agarrones del brazo, e incluso golpes, como el siguiente caso.

“Diana de 55 años procedente de Perú, es una trabajadora doméstica en Kensington and Chelsea desde hace 15 años. Fue diagnosticada con cáncer lo que le causa dolores en los huesos y músculos. Su GP ha certificado en los últimos dos años que tiene que dejar de trabajar […], pero la familia para la que trabaja se niega a pagarle la baja por enfermedad.

Por su parte, la familia la llevó a un doctor privado el cual sugirió un tratamiento diferente, incluida una inyección  sin su consentimiento y sin ninguna información en su propio lenguaje: eran hormonas esteroides.[…]. Diana se negó a seguir ese tratamiento  y pidió consejo a LAWRS. Se le dio una carta para su empleador, quien, después de leerla, la empezó a golpear diciéndole ¿Cómo te atreves a buscar consejo contra nosotros?’ Siguiendo los consejos de LAWRS Diana consiguió que le pagaran la baja por enfermedad”.

Acoso sexual

El siguiente testimonio representa al 16% de las mujeres que, según el informe, sufrieron acoso sexual y abuso en sus puestos de trabajo.

“Cristina, colombiana de 45 años, trabaja como limpiadora de 8 a 11 de la noche en las instalaciones de una multinacional. Su supervisor aumentó su carga de trabajo y, como consecuencia, comenzó a experimentar dolor físico. Cuando trato de quejarse, sufrió abuso verbal y burla. Una noche, mientras limpiaba las duchas del edificio, alguien la empujó contra la pared y la tocó contra su voluntad. Informó del incidente a su supervisor, pero este le dijo que como el agresor trabajaba para la empresa que contrataba a la compañía de limpieza, nada se podía hacer”.

En ese 16%  se incluye: comentarios sexuales sobre su apariencia; presión para tener una cita; acercamientos sexuales no bienvenidos; la difusión de rumores sobre la vida sexual de la persona; fotos, emails o mensajes de texto con contenido explícitamente sexual no deseados; sonidos de besos, hombres exponiéndose o realizando actos sexuales; tocamientos; intento de asalto sexual; y violación.

Además, varias mujeres explicaron cómo algunos supervisores ofrecen mejores condiciones o más horas a cambio de favores sexuales, terminando contratos a aquellas que se niegan.

Y aunque en la mayoría de casos han intentado denunciarlo ante la compañía al menos una vez, las respuestas nunca llegan a ninguna investigación.

La única solución que se les da es moverlas a otro lugar haciendo que la víctima sea la penalizada, en vez del agresor. El caso de Andrea, ecuatoriana de 37 años, decidió renunciar.

“Trabajaba en un hotel como ama de llaves y ya había sufrido abuso verbal e intimidación. Un día, cuando estaba cambiando la ropa de cama en una de las habitaciones, un miembro del personal masculino entró en la habitación. La agarró por detrás y usó su fuerza para contenerla en la cama. Intentó violarla, pero ella logró empujarlo. Cuando ella le dijo que se lo diría al gerente él se rió. Andrea no habla inglés por lo que pidió ayuda a un compañero. Sin embargo, al hablar con el gerente, el compañero se negó a traducir y en lugar dijo que Andrea no había terminado la habitación. Al final el gerente la amenazó con despedirla por no hacer su trabajo. Fue a LAWRS donde se le aconsejó ir a la policía.

Después de informarles, Andrea sintió la necesidad de ducharse y lavar su ropa. La policía no había hecho fotos y no le informó que la ropa podía ser una prueba de violencia. La policía cerró el caso porque no había evidencia”.

Tráfico y explotación

En Latinoamérica, se estima que alrededor de cinco millones de mujeres y niñas están sujetas al tráfico de explotación, mientras que las brasileñas entran dentro las cinco primeras nacionalidades que trafican con personas en Europa (European Parlament, n.d).

Y aunque la identificación de latinoamericanas víctimas de tráfico en el Reino Unido continúa creciendo, los hallazgos en este estudio indican que el número de casos no identificados es potencialmente mucho más elevado.

Dentro de la muestra se encontraron 11 casos de víctimas potenciales de explotación laboral: siete en el sector de limpieza u hostelería, y cuatro en trabajadoras domésticas. Estos números representan el 3% de la muestra.

También muchas mujeres que son víctimas de esta explotación no lo identifican como tal debido a algún trauma o al desconocimiento. Esto significa que los números puede que sean mucho elevados, pero son invisibilizados al no denunciarse.

Uno de los casos más impactantes en el informe es el de Patricia, Isabella y Mariana, colombianas de 51, 45 y 56 años respectivamente.

“Fueron contratadas para llevar a cabo la limpieza de varios edificios de estudiantes en primavera, con otras 50 mujeres latinoamericanas. Ofrecían un salario entre £90 y £120 al día. Una vez que llegaron al trabajo, se encontraron con condiciones muy diferentes: tenían que trabajar entre 10 y 16 horas al día, 7 días a la semana; el pago por hora era de £4.50, el cual sería reducido si su trabajo era `por debajo del standard’; dormían en las habitaciones de estudiantes sin mantas; y, trabajando en localizaciones remotas dependiendo de sus empleadores para el transporte, tienen oportunidades muy limitadas de comprar comida. Además, no les dieron copia del contrato […].

Patricia, Isabella y Mariana sufrieron discriminación, abuso verbal y amenazas. No les dejaron visitar el GP, a pesar de que tenía dolor en las manos y muñecas debido al trabajo que estaban realizando. […]”

“Fueron contratadas para llevar a cabo la limpieza de varios edificios de estudiantes en primavera, con otras 50 mujeres latinoamericanas. Ofrecían un salario entre £90 y £120 al día.”

“Una vez que llegaron al trabajo, se encontraron con condiciones muy diferentes: tenían que trabajar entre 10 y 16 horas al día, 7 días a la semana; el pago por hora era de £4.50, el cual sería reducido si su trabajo era `por debajo del standard’”.

Además “dormían en las habitaciones de estudiantes sin mantas; y, trabajando en localizaciones remotas dependiendo de sus empleadores para el transporte, tienen oportunidades muy limitadas de comprar comida. Además, no les dieron copia del contrato […].

Patricia, Isabella y Mariana sufrieron discriminación, abuso verbal y amenazas. No les dejaron visitar el GP, a pesar de que tenía dolor en las manos y muñecas debido al trabajo que estaban realizando. […]”

Sobre el tema el estudio amplia en detalles y casos, que muestran el horror que viven las latinoamericana y que casi todo el mundo ignora.

Próximo artículo: recomendaciones de LAWRS para cambiar estas situaciones.

(Fotos: Pixabay)

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