En Foco, Notes From The Edge, Opinión

Sexo no, por favor…

No sex please, we’re British” (Por favor, sexo no, somos británicos) fue una farsa teatral que satirizaba las tímidas e inhibidas actitudes de los británicos hacia el sexo.

  Steve Latham

Hoy aquella producción teatral parece historia. Nosotros, los británicos, no nos mostramos precisamente reticentes cuando se trata de hablar de sexo o practicarlo.

Los medios de comunicación describen con avidez los deslices sexuales de las celebridades y normalmente el sexo y las relaciones pasajeras se aceptan con facilidad.

Un personaje en la película “High fidelity” describe el sexo como uno de sus derechos humanos fundamentales mientras que otros contemplan el sexo como un ansia, un impulso natural que hay que satisfacer.

El sexo es algo de lo que no podemos prescindir. Se supone que todo el mundo “lo practica” y el que no, es porque algo le pasa.

De la misma manera, estar en una relación que necesariamente implica sexo se ve como algo normal y algo indispensable para sentirse realizado como persona.

¿Qué hay entonces con la aumento de ese grupo social, el de los asexuales?

Este es un grupo de gente que afirma no tener ningún impulso o deseo sexual y que además no lo ven como un problema que necesita ser solucionado, tal vez con psicoterapia, para volver a despertar sus deseos sexuales.

No, para los asexuales esta es la nueva norma y, quitando la falta de comprensión de sus coetáneos, están muy felices con sus vidas asexuales. En principio, tampoco están en contra del sexo ni en que lo practique otra gente, simplemente no lo quieren para ellos mismos y en su lugar buscan otras formas de intimidad y amistad.

Así, los asexuales ofrecen un contrapunto a las actitudes que muestra nuestra sociedad hacia el sexo y proponen otras maneras de afrontar los aspectos íntimos de nuestra vida.

A juzgar por la tristeza que a menudo se experimenta en las relaciones, el abuso de la confianza entre las parejas sexuales y la destrucción de matrimonios, quizás las esperanzas que ponemos en tener una vida sexual no son las que se supone que deberían de ser.

La apertura con la que los asexuales descubren otras bases en las que encontrar la satisfacción puede que nos haga cuestionar nuestras propias suposiciones. Tal vez nuestras fantasías de relaciones románticas gratificantes no son nada más que sueños inalcanzables.

Hay muchas maneras de conceptualizar o imaginar nuestras prácticas sexuales. Las identidades sexuales también están construidas social e ideológicamente, y de manera muy diversa, en las diferentes culturas, civilizaciones, tiempos y eras.

Me recuerda aquellas historias medievales y antiguas sobre vírgenes, hombres y mujeres que rechazaban ser casados por razones religiosas.

Hoy en día, a menudo menospreciamos a estos desafortunados individuos y los consideramos infelices y sexualmente reprimidos.

Para ellos en cambio, el rechazar las normas y las expectativas sociales les dio la libertad de llevar a cabo estilos de vida alternativos.

A aquellos que escaparon de los impulsos sexuales y el matrimonio se les posibilitó la educación y los conocimientos y el desarrollo cultural y político.

Quizás nosotros también deberíamos escapar de nuestras pasiones con pasión. Se categoriza con el termino “adulto” a cualquier cosa que contenga algo de naturaleza sexual, desde comedias a películas, cuando en realidad esta preocupación no tiene nada de adulta sino que más bien es una adolescente fascinación por las partes más eróticas del cuerpo.

Slavoj Zizek afirma que este libertarismo sexual individualista es una estrategia capitalista para distraernos del activismo disciplinado necesario para alcanzar un cambio revolucionario. Quizás el recuperar nuestra asexualidad haga renacer de verdad nuestro potencial en todos los aspectos de nuestra existencia.

(Traducida por Ione Aldaz) – Fotos: Pixabay

Jan 1, 2013 @ 06:02

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