Globo, Mundo, Reino Unido

África y la tragedia de su inmigración rumbo al abismo

África tiene actualmente 14,7 millones de desplazados y 7,3 millones de refugiados, y la tendencia es a aumentar. Las causas persisten o son más activas como ocurre en el oriente de la RDC, controlado por facciones guerrilleras, milicias comunales y grupos de delincuentes.

 

 

Julio Morejón

 

África subsahariana abriga a más del 26% de los refugiados del mundo, mientras que Uganda es el país del continente que acoge a la mayor cifra con 1,2 millones procedentes mayormente de Sudán del Sur.

Según el Alto Comisionado de ONU para los Refugiados (Acnur), a finales de 2018 se reportó que 70,8 millones de personas dejaron sus hogares por el peligro que corrían sus vidas a causa del conflicto y de persecución, los peores escenarios al respecto fueron Asia y África. En esos dos continentes se concentraron casi 30 millones de refugiados, más de la mitad de ellos niños y adolescentes -menores de 18 años- y muchos de esos llegaron a los centros de recepción sin familiares adultos, lo cual constituye un problema agregado como señalan agencias humanitarias.

Para ONU, los refugiados son personas que se reconocen como migrantes forzados, perseguidos por sus creencias, razas o víctimas de conflictos bélicos o desastres naturales, como indica la Convención de 1951 sobre el Estatuto de esos seres humanos, que incluyen a quienes emigran porque su hábitat no les asegura la subsistencia.

En el caso del continente africano las migraciones causadas por escaladas de violencia por guerra, terrorismo y/o disputas entre comunidades son consecuencias identificadas como muy frecuentes, pero esas no son las únicas pues también está el empeoramiento climático.

Durante los últimos cinco años, las crisis en países de la región subsahariana -Sudán del Sur, la República Democrática del Congo (RDC), Somalia, Nigeria y la República Centroafricana, por ejemplo- desplazaron a más de 15 millones de personas, muchas de ellas acogidas por los Estados vecinos en coordinación con agencias humanitarias.

La falta de fuentes hídricas y el declive de las zonas de pastos también empujan a la emigración, que no siempre es segura, tanto para un individuo como para su familia, incluso en los propios campos de desplazados adonde llegan y se inscriben como uno más, pero nadie puede garantizarle la total supervivencia.

Hasta junio pasado unas 300 mil personas fueron forzadas a huir de ese territorio y se informó que más de siete mil 500 congoleños abandonaron su país para refugiarse en Uganda como consecuencia de la escalada de agresiones entre las etnias hemas y lendus. Según la prensa, el grueso de los migrantes escapó a través del lago Albert desde la provincia de Ituri.

Gran parte de los desplazados que acogió Uganda procedieron de Sudán del Sur, donde cinco años de guerra generó una gigantesca ola de emigrantes hacia los países vecinos; otros se dirigieron a Sudán y también a Etiopía, pero las autoridades de Kampala fueron de los primeros en manejar el asunto con ‘las fronteras abiertas’.

Aunque se considera que ese país es pobre se estima que los ugandeses acogen a la mayor población refugiada de África.

El Acnur declaró en junio que: “La llegada masiva de refugiados a Uganda (había) colapsado las instalaciones de recepción y acogida,  “colapsando las instalaciones que ya estaban demasiado atestadas”. El centro de recepción en Kagoma, por ejemplo, actualmente alberga “unos 4.600 recién refugiados”, a pesar de tener una capacidad prevista de 3.000.”

África posee en suelo keniano el campo de refugiados de Dadaab, el más grande del mundo y donde gran parte de la población es somalí que huyó de la guerra y la inestabilidad posterior, y allí encontró abrigo desde la década de los años 90 del pasado siglo, cuando se precipitó el gobierno de Mohamed Siad Barre.

Según el Acnur, los tres campos de refugiados de Dadaab albergan a más de 463 mil refugiados, pero no existen cifras exactas, pues algunos lo abandonan y otros migrantes se incorporan, pero lo más complejo es que el gobierno keniano prevé cerrarlo por considerarlo una amenaza para la seguridad del país.

Las autoridades de Nairobi no descartan que ese campamento sea un foco de efectivos de la organización somalí Al Shabab, que también opera contra Kenya, a la cual acusa por tener soldados en la Misión de la Unión Africana (Amisom), que respalda al gobierno de Mogadiscio.

Pese a todo, a fines de julio de 2019, había 212 mil 936 refugiados en Dadaab, y  191 mil 500 y 74 mil 758 en los asentamientos urbanos de Kakuma y Kalobeyei, conforme estadísticas del Acnur. Y en agosto hubo mil 454 recién llegados. (PL)

(Fotos: Pixabay)

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*