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Ad Astra: ¿solo en un universo vacío?

La semana pasada fui a ver la nueva película de ciencia ficción, Ad astra, protagonizada por Brad Pitt, como el astronauta Roy McBride.

 
Steve Latham

 
La película toma prestada de la filmografía de Terence Malick, en particular de El árbol de la Vida, en la cual Brad Pitt únicamente actúa: secuencias ensoñadoras, meditaciones sobre la vida, con un monólogo acompañante.

La trama recuerda a Apocalypse Now, donde el héroe busca a un personaje misterioso que se ha vuelto malvado.

En este caso, McBride persigue a su propio padre, un investigador científico y astronauta, desaparecido durante muchos años.

La película, como tal, sigue los tropos del psicodrama, a través de la sanación de la relación dañada entre el hijo adulto y el padre distante.

Ad Astra, al igual que varias películas recientes, regresa también al género de la ciencia ficción dura, en contraste con la popularidad caprichosa y escapista de las películas de fantasía.

“First man” situó a Ryan Gosling en el papel estrella, como el primer hombre en la luna, Neil Armstrong; y vuelve a contar la historia de la aventura en aquella época.

Esta presenta el lado tecnológico de la exploración del espacio, y destaca la débil naturaleza de los cohetes, que llevaron a la humanidad a la luna, y que ahora parecen tan primitivos, con nuestros ordenadores de última tecnología.

Otras películas son más directas en cuanto a ciencia ficción, pero se basan en cómo podemos imaginar el desarrollo del conocimiento científico actual.

Sandra Bullock enseña una clase magistral en interpretación con Gravity, donde toda la trama se centra en su personaje, apareciendo en la mayoría de las tomas. Desamparada en la órbita, después de un accidente, y ayudada por la aparición fantasmal de George Clooney, ella logra regresar finalmente a la tierra. Los efectos especiales CGI son excelentes.

Arrival cuenta con una de las otras pocas actrices de ciencia ficción: Amy Adams; aunque ella y Bullock ejemplifican aún los estereotipos femeninos de las personas ajenas raras e inexpertas, que finalmente superan la oposición.

Esta e Interstellar, incluyen también ‘contacto’; si bien en lugar de invasions hostiles, aquí el ‘otro’ es benigno.

Para Arrival“, son sus aliens; en Interstellar, de manera más ambigua, probablemente una humanidad evolucionada en el futuro.

Aún ambas, posicionan al ser humano incapaz de resolver sus problemas políticos y ecológicos. Así pues, despolitizados , necesitamos rescate en lugar de intervenciones externas, un deus ex machina.

Así mismo, ambas películas juegan también con el tiempo, ya que la liberación llega a través de cambios en el tiempo, que perturban la comprensión terrenal de la temporalidad. Además, a través de estas películas, se enfatiza el vacío del espacio, junto con el aislamiento y la soledad de los exploradores humanos.

Sin embargo, Ad Astra también transmite una soledad metafísica. La búsqueda del padre de vida extraterrestre ha terminado en fracaso, el cual no puede aceptar.

El personaje de Pitt tiene que gritarle: “Estamos solos”. No hay extraterrestres. La satisfacción puede estar únicamente en regresar a nuestro hogar terrenal, el único lugar del universo donde hay vida.

Aquí, la felicidad, para McBride, se basa en recuperar la relación con su esposa, la cual él había descuidado previamente.

Y finalmente, a pesar de muchas referencias a Dios y a la religión en la película, su conclusión es que también estamos solos espiritualmente.

Sin Dios, la salvación radica en lo personal y a pequeña escala. La pregunta es si podemos vivir estando solos en un cosmos vacío.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

 

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