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Lula no cambiará nunca su dignidad por libertad

De todas las formas de engañar, el disfraz de justicia es el que hace más estragos y el expresidente brasileño Luiz Inácio da Silva por lo visto reconoció la maestría de los fiscales de la operación Lava Jato para encantar, en el arte de mentir. Lula ha sido declarado prisionero político.

 

Luiz Inácio da Silva

Osvaldo Cardosa

 

Después de recurrir a múltiples conjuras para condenar y mantener en prisión a Lula, al menos 15 agentes públicos de la Lava Jato, solicitaron inesperadamente el 27 de septiembre en una nota firmada (incluso por el coordinador Deltan Dallagnol) que el exsindicalista pasara al régimen semiabierto.

Tal condición le permitiría al fundador del Partido de los Trabajadores (PT) salir de la cárcel durante el día para trabajar y regresar después en la noche a dormir. Especialistas indican que en este escenario aunque el recluso no puede ir a donde quiera, las precauciones de seguridad son más bajas, con una mayor libertad de movimiento, un importante instrumento de transición del prisionero al régimen de libertad.

Sin embargo, convencido de la falsedad y doble intención de los procuradores, Lula desistió del beneficio al que tenía derecho por progresión de la pena y clamó por el restablecimiento pleno de su libertad.

Una vez más dejó en claro que no cambiará nunca su dignidad por libertad y no aceptará prebendas.

Y en una carta escrita por él, señala que los fiscales de la Lava Jato deberían ofrecer disculpas al pueblo brasileño, “a los millones de desempleados y a mi familia, por el mal que le hicieron a la democracia, a la justicia y al país”.

Refiere que demostró que son falsas las imputaciones contra él y el exjuez y ministro de Justicia, Sérgio Moro, quien lo condenó, Dallagnol y la Lava Jato son los que “están presos en las mentiras que contaron a Brasil y al mundo”.

El expresidente reconoce en el mensaje que tiene plena conciencia de las decisiones que tomó y recalca que no descansará hasta tanto la verdad y la justicia vuelvan a prevalecer.

Desde el 7 de abril del pasado año, Lula permanece en la cárcel de la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba, capital del sureño estado de Paraná, para cumplir una condena de ocho años y 10 meses en el llamado caso triplex de Guarujá.

Sin pruebas concretas se culpa al exgobernante de supuestamente haber recibido un apartamento de lujo en ese balneario de Sao Paulo a cambio de favores políticos a la constructora OAS, acusación que niega en todo momento.

Para hacer su petición de régimen semiabierto, los fiscales declararon que “el buen comportamiento de la prisión fue certificado (requisito subjetivo) por el Superintendente de la Policía Federal en Paraná y escuchó la defensa (exigencia formal)”.

Lo cierto es que no hay confianza en los miembros de la Lava Jato, operación cada vez más desgastada por las diversas irregularidades que salen a flote desde junio en filtraciones del sitio digital The Intercept.

Además la propuesta, firmada por Dallagnol, tampoco responde a la demanda de Lula para la revocación completa de su arbitrario arresto.

“Quienes le ofrecen la mitad de la libertad son los que lo encarcelan. El presidente Lula no está a favor, está a favor de su inocencia. Dijo que no se irá de aquí (la cárcel) con la cabeza encorvada”, indicó Emidio de Souza, de la dirección nacional del Partido de los Trabajadores, PT.

El exministro Paulo Vannucnhi apuntó que “Lula se comprometió a cobrar caro por la injusticia y la violencia que ha sido la víctima. Solo dejará Curitiba con un certificado de inocencia. No aceptará ninguna condición que afecte su dignidad, reconocida mundialmente”. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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