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Los kurdos traicionados… otra vez

El Presidente Trump ha anunciado que está retirando las tropas estadounidenses restantes de Siria y abandona a sus antiguos aliados, los kurdos.

 

Steve Latham

 

Esto a pesar de que las fuerzas kurdas, incluidas las combatientes, han realizado la mayor parte del combate terrestre contra el llamado Califato del Estado Islámico.

La razón es que Estados Unidos se ha mostrado reacio a suministrar ‘tropas sobre el terreno’, prefiriendo llevar a cabo la guerra a través de ejércitos al servicio, incluso mercenarios, como la empresa Blackwater. Sin embargo, Trump, llegó al poder, quejándose de las ‘guerras interminables’, y se comprometió a retirar a los soldados estadounidenses del peligro.

Ciertamente, han sido las desafortunadas intervenciones de los Estados Unidos en el Medio Oriente las que han destruido la estabilidad de toda la región.

El surgimiento del Estado Islámico fue, en parte, una respuesta oportunista a este caos, que fue desatado por las invasiones estadounidenses.

Es irónico, sin embargo, ser testigo de un presidente republicano de extrema derecha saliendo en de una guerra en realidad. Esta es una postura que debería de ser bien recibida por los activistas de izquierda a favor de la paz.

Sin embargo, históricamente, han sido generalmente los presidentes demócratas quienes han presidido la escalada militar en el extranjero.

A menudo, ha sido en nombre de una intervención humanitaria, o en defensa de la democracia, como con Kennedy y Johnson en Vietnam, or Clinton en los Balcanes. Y además, Trump podría tener razón en sus afirmaciones, en las que si Hilary Clinton hubiera ganado las elecciones de 2016, Estados Unidos podría haber tenido una política exterior más “aventurera”.

A pesar de la falta de dirección de sus políticas dirigidas por Twitter, los instintos de Trump son consistentemente aislacionistas. Como tal, es parte de una tradición del Partido Republicano, que evita las aventuras en el extranjero.

Él es un recuerdo de Pat Robertson, ex candidato presidencial de derecha, que se opuso a la guerra de Irak, como motivo de extensión del Imperio estadounidense.

Los intelectuales dentro del Partido echan una mirada a la historia de Roma, y se oponen a cualquier sugerencia de establecer un Imperio que la reemplace, ciertamente un modelo de la República patricio e idealista.

En cuanto a los kurdos, la actual traición por parte de Trump, dejándonos expuestos a una probable invasión turca del norte de Siria, es simplemente la última de una serie de decepciones.

La magistral Historia de Europa”, de H.A.L. Fisher, describe a los representantes kurdos asistiendo a las negociaciones del Tratado de Paz de Versalles, esperando su propio estado nacional.

Los intereses británicos en la guerra contra el Imperio Otomano les hicieron prometer un estado autónomo para los kurdos en el norte de Irak.

Y las aspiraciones de autodeterminación nacional del presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, elevaron las expectativas de un nuevo estado étnico en los antiguos territorios otomanos.

Ninguna de estas esperanzas se logró. Hasta hoy, los kurdos permanecen divididos por enclaves en Turquía, Siria, Irak e Irán; todos los países donde ellos han sufrido discriminación y represión.
Sólo en el norte de Irak, aprovechando nuevamente la invasión estadounidense, se ha establecido algo así como un mini estado kurdo, aunque uno vulnerable aún a los caprichos de la política estadounidense. Incluso si Trump revoca su decisión, como lo hizo el año pasado, bajo la presión de críticos nacionales, sería prudente que los kurdos no confiaran nunca más en las promesas occidentales.
Así es como simplemente una potencia imperial trata a sus auxiliares.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

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