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Žižek: la búsqueda continúa

Para Žižek la filosofía propiamente dicha comienza con Kant. Logra un gran avance en el pensamiento, pero deja en su estela un molesto problema que Žižek roe con la tenacidad con la que un perro roe un jugoso hueso.

 

Sean Sheehan

 

Kant nos ha dado el horizonte trascendental (marcos de referencia de mente moldeada que estructuran la realidad para nosotros), pero lo que se ha dejado abierto es la cuestión ontológica que Kant consideraba impenetrable y, en última instancia, incognoscible: ¿cuál es la realidad central que se esconde detrás de la apariencia?

Žižek, en una interpretación de Hegel que él ha hecho propia, no proporciona alegremente una respuesta. En su lugar, de formas que definan su mayor contribución a la filosofía, busca establecer las coordenadas y conocimientos necesarios que permitan explorar la cuestión.

El horizonte trascendental es un hecho, y se podría pensar que iba a abarcar símiles como el proporcionado por el autor de un libro publicado recientemente, “The case against reality”: los objetos que vemos a nuestro alrededor son como los iconos de archivo de nuestros ordenadores: prácticos para gestionar nuestro camino en el mundo, pero que ocultan los complejos mecanismos de unos y ceros que los crean.

Tales símiles serían severamente calificados por Žižek, porque sugieren que existe, oculto detrás del horizonte trascendente, una realidad totalmente constituida que representa objetivamente la realidad cotidiana.

El paso Hegeliano es, por el contrario, insistir en que la brecha entre la realidad cotidiana y algo más tiene que estar situada dentro del orden del ser mismo.

La brecha se precipita a una foto-realidad incoherente de oscilaciones cuánticas.

Klein-bottle by Ole Husby. Flickr bit.ly2Pc9Z6F. Creative Commons bit.ly1dsePQq

Esta realidad espectral se convierte en realidad ordinaria únicamente cuando el sujeto humano la estabiliza y “acolcha”. El proceso de registro del sujeto se ve como homólogo al colapso de la función de onda en la mecánica cuántica.

Los lectores familiarizados con la obra de Žižek de los últimos diez años reconocerán el territorio que atraviesa en los dos primeros tercios de “Sex and the failed absolute”. En muchos sentidos, el libro es una destilación de lo que ha estado diciendo durante tres décadas. Lo que sigue siendo extraordinariamente atractivo e impresionante es su capacidad acrobática para mantener en equilibrio las ideas radicales de la filosofía, el psicoanálisis y la ciencia cuántica.

A lo largo de los años, la cinta de Moebius se ha usado más de una vez en las explicaciones de Žižek, y regresa a ella con un vigor renovado, como forma de explicar por qué la nueva vida tiene que ser inyectada en el término ‘materialismo dialéctico’. Su argumento se presenta con lucidez, pero su complejidad es, a veces, abrumadora, especialmente con su uso diabólico y enrevesado de la imagen de la botella de Klein.

Foto: Pixabay

“Sex and the failed absolute” es un trabajo ingenioso en la forma en que lidia con preguntas absolutamente fundamentales acerca de la naturaleza de la realidad. La pulsión de muerte lacaniana, el movimiento circular que pierde repetidamente su objeto, es para Žižek una categoría ponderado por Hegel que apunta hacia la ausencia de fundamentos en toda ontología. Pero ni la pulsión, ni Žižek, cesan.

“Sex and the failed absolute”, de Slavoj Žižek, publicado por Bloomsbury.

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com)

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