Europa, Globo, Reino Unido

Las profundas desigualdades de Europa

La diferencia de poder adquisitivo entre la población del poderoso oeste metropolitano de Londres, en el Reino Unido, con la deprimida región de Extremadura, en España, creció 41% en los últimos 10 años.

 

Mario Muñoz Lozano

 

Según un informe de la Oficina Estadística Europea (Eurostat),  la brecha del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante en 2017 entre la primera región, calificada como la más rica de Europa, y la segunda, considerada la más pobre de España, era de 168 mil 700 euros.

Las cifras, reportadas por esa oficina en su último anuario regional, muestran cómo la crisis económica, con sus heridas aún abiertas, afianzó las desigualdades territoriales al interior del bloque comunitario. Otro estudio de Eurostat, más reciente, subraya que en los 28 países integrantes de la Unión Europea (UE), 113 millones de personas viven en hogares en riesgo de pobreza o de exclusión social.

Tal cifra implica que 22% de su población vive con ingresos inferiores al 60% de la renta media nacional, con lo cual no puede hacer frente a gastos imprevistos, ni permitirse una semana de vacaciones fuera de casa, o ha tenido poco trabajo.

Sin duda, el bloque comunitario ha sobrevivido a grandes crisis durante los últimos años. Resistió la recesión de 2008, la oleada de refugiados de 2015 e, incluso, todo parece indicar que logrará esquivar las fuertes marejadas que provocará el próximo divorcio de uno de sus miembros más solventes, el Reino Unido.

Los pilares del proyecto europeo se han mantenido sólidos ante los grandes impactos. Sin embargo, ahora amenazan con resquebrajarse ante un enemigo silencioso: la desigualdad.

Y el golpe ya resulta evidente. En los países donde más se ha deteriorado la situación de las clases populares, Grecia, Italia y España, es en los que más ha decaído el apoyo a la UE.

El contrato social, base de la arquitectura supranacional del proyecto comunitario, ha quedado muy deteriorado en la última década. La distancia entre ricos y pobres, entre el norte y el sur, entre las zonas urbanas y rurales, no deja de crecer y se convierte en el mayor dolor de cabeza del Ejecutivo europeo.

En muchos casos, la UE ha sido el chivo expiatorio a quien culpar de todos los problemas internos, generando un euroescepticismo muy bien aprovechado por las corrientes de derecha y los enemigos del bloque.

En medio de un panorama económico incierto, marcado por la posibilidad de una nueva recesión, el informe subraya que la recuperación no ha logrado reducir la desigualdad entre los socios del bloque comunitario, ni acortar las desigualdades entre distintos territorios al interior de cada país.

Los datos de Eurostat reflejan cómo la riqueza se concentra entre los grandes consorcios del Viejo Continente y que son las grandes y glamorosas urbes y sus áreas metropolitanas los territorios que más riqueza acumularon en los últimos años.

Según el European Parliamentary Research Services (EPRS), el tanque pensante de la Eurocámara, el actual patrón de crecimiento premia a las capitales y castiga a las zonas agrícolas y posindustriales.

El grupo cita como ejemplos a España y Francia, dos de los países donde más se ha ampliado el margen entre sus regiones y el resto de Europa entre 2007 y 2017.

El oeste de Londres registraba en 2017 un PIB por habitante en paridad de poder adquisitivo de 188 mil euros, casi seis veces más que el promedio europeo, cifra que le permitió consagrarse como el territorio más rico de Europa.

A gran distancia, con 75 mil 900 euros, le sigue Luxemburgo. Y en el otro extremo de la UE aparece la olvidada región búlgara de Severozapaden, con el PIB más bajo de la Eurozona.

El Centro para la Reforma Europea  advierte que las regiones más productivas ya no son exclusivamente aquellas donde la industria tiene mayor peso. Asegura que la fórmula ganadora está relacionada con una buena posición geográfica, próxima a ciudades exitosas, o un elevado porcentaje de trabajadores jóvenes y con estudios superiores.

Después de tres décadas intentando cerrar la brecha entre el norte y el sur, las desigualdades en la UE amenazan con transformarse en un abismo.

Según el centro de investigación independiente Bruegel, ese proceso, en los últimos 15 años, ha sido especialmente intenso en Grecia e Italia, pero también España anda a la zaga en cuanto a crecimiento de su renta per cápita en ese periodo.

Para ese tanque pensante, la UE está fracasando en uno de los principales objetivos que perseguía la moneda única: la convergencia de las economías de sus socios. Y lo está haciendo prácticamente desde su nacimiento.

En plena desaceleración de las economías de la zona euro y con el temor de que un Brexit sin acuerdo pueda acelerar ese proceso, el informe de Bruegel llama la atención sobre la ‘insatisfactoria convergencia’ que puede llevar a ‘amenazar la cohesión social’ en el seno de la UE.

El documento advirtió que los países del Este de Europa han sido los más avanzados en este proceso de convergencia. Las rentas por persona de países como Lituania, Letonia, Rumania, Polonia o Bulgaria han crecido por encima del 4% anual entre 2003 y 2017.

En el otro extremo están los países que marchan en la retaguardia. Y ahí está el sur de Europa.

Entre los últimos aparece España, cuya renta per cápita ha aumentado solo 0,65% anual.

Según el más reciente informe de Eurostat, en 14 Estados europeos el riesgo de pobreza es mayor en las zonas rurales que en las urbanas.

En ocho países miembros de la UE, la población rural en riesgo de exclusión se sitúa entre el 30 y el 40%: Grecia, Lituania, Letonia, Croacia, Chipre, Hungría, España e Italia.

Asevera que sobre todo en Europa Oriental la situación es peor, con países como Bulgaria o Rumania donde más de la mitad de la población está por debajo de ese umbral.

En la Europa occidental, en cambio, el riesgo de pobreza suele ser mayor en las ciudades. Es lo que ocurre en Francia, Países Bajos, Alemania, Reino Unido, Bélgica o Dinamarca, donde vivir en el campo reduce las posibilidades de quedarse en exclusión social.

A pesar de ser considerados como países mayoritariamente ricos por sus cifras macroeconómicas, se enfrentan a lo que muchos expertos definen como ‘la paradoja urbana’: ciudades generadoras de grandes riquezas, pero, a la vez, inaccesibles para una gran porción de sus habitantes.

El mejor ejemplo son los altos costos de la vivienda.  Y quienes viven en las grandes urbes no solo se enfrentan a los desequilibrios financieros, sino que deben pagar más por tener más, por acceder a servicios más cercanos. Es el precio de vivir en el centro y no mirar atrás, olvidar por un rato los otros extremos del paraíso Europa. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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