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La política de la ‘blanquitud’

La obra del crítico cultural ecuatoriano Bolívar Echeverría ha permanecido hasta ahora fuera del radar de los lectores no hispanohablantes. Modernity and “Whiteness”, publicado por primera vez en 2010, se ha traducido ahora al inglés y sirve para introducir este intelecto latinoamericano y la innovación de su pensamiento a una nueva audiencia.

 

Sean Sheehan

 

El tiempo que pasó Echeverría en Alemania Occidental en la década de 1960 le impulsó a la política radical de esa era y le familiarizó con la crítica cultural de la Escuela de Frankfurt y el existencialismo de Sartre.

Se estableció en México en 1970 y permaneció allí, donde debatía, enseñaba y escribía acerca del Marxismo, hasta su muerte en 2010.

Donde mejor se aprecia la cualidad distintiva de su pensamiento es en el capítulo ‘Meditaciones sobre el barroquismo’ de Modernity and “Whiteness”.

El desencadenante para su lectura del arte barroco latinoamericano es su observación de la afirmación de Adorno de que el barroco deja de decorarlo todo: “al contrario: no es más que decoración”.

En base a esto, Echeverría considera que su desproporcionada teatralidad es paralela a la manera en la que Cervantes utiliza a Don Quijote para cuestionar la legitimidad del mundo real, mostrando que él también está puesto en escena y es, por tanto, ‘supeditado y arbitrario en última instancia’.

En el continente americano el barroco está posicionado, por parte de las clases desposeídas de las ciudades mestizas, como una respuesta cultural a la naturaleza de deterioro del dominio español al final del siglo XVI.

La población indígena que sobrevivió se compromete a representar de nuevo las formas de civilización europeas de una manera que dejen de ser una imitación y se conviertan en su lugar en una nueva realidad. Sacrifican su propia cultura antigua mediante la interiorización de la modernidad capitalista, por un mundo de ensueño que cobra vida propia:

…Una representación en la cual los “españoles criollos” nacían, con todos los “esplendores y miserias” del mundo colonial, que se manifestaba de una forma rica, intensa y exquisita en su arte y literatura, y en la cual nosotros, los latinoamericanos del presente, después de muchos siglos, todavía nos encontramos.

En un marco histórico más amplio, mientras la ética realista (promulgada en forma de práctica diaria) es característica de la cultura protestante, una ética barroca refleja el predominio de la cultura católica.

En México, una forma peculiar de idolatría estimula su catolicismo (Echeverría pone su atención en la Virgen de Guadalupe), donde el dogma de la Sagrada Trinidad está subvertido por un ‘panteón multipolar’ que eleva a María a una figura divina.

El peregrinaje anterior a la conquista hacia la localización exacta de la aparición de María es parte del proceso que transforma la veneración de la diosa madre azteca Tonantzin con la Virgen María.

El contexto conceptual más amplio de las reflexiones de Echeverría sobre el barroco es su noción de ‘blanquitud’, como un sentido de identidad propia en países con poblaciones no blancas, la mayoría propicios a una producción capitalista.

Baroque Tepotzotlan Church Mexico

La ‘blanquitud’ se convierte no en una categoría racial, sino en una mentalidad que internaliza valores capitalistas, alcanzando un apoteosis (y una caricatura) en la alteración de las características étnicas faciales de Michael Jackson.

Modernity and “Whiteness”, de Bolívar Echeverría, publicado por Polity Press

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com) – Fotos: Pixabay

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