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Alberto Sautúa: intuición, color e imaginación

Pink Floyd acompaña su jornada creativa. Empieza manchando la tela. No hay boceto o idea previa, solo imaginación. Entonces una especie de mundo onírico cobra vida en el lienzo y nacen seres de belleza y luz, libélulas, mariposas, escarabajos, rostros, torsos.

 

Yelena Rodriguez Velazquez

Text and Photos: Prensa Latina

 

Alrededor de esos elementos se desarrolla actualmente la obra de este artista cubano de la plástica. Sus creaciones completan una serie sobre la mujer y la naturaleza relacionada con la fantasía alrededor del ser humano, la maternidad y la evolución.

Los especialistas coinciden en certificar que se tratan de piezas de gran hermosura, inquietante y estremecedora.
Me recibe en su estudio, en medio de su vorágine creativa a propósito del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano para el cual donará a Prensa Latina una de sus obras como premio Glouber Roucha, colateral del certamen.

Además de la pintura y la música, le apasiona el séptimo arte. Según afirma, siempre ha sido un seguidor del cine latinoamericano y en sus tiempos mozos integraba la vanguardia de jóvenes que casi ni comían ni dormían persiguiendo las películas y propuestas del festival.

Sobre la pieza donada para el galardón dice que tiene mucho de América Latina. Forma parte de este ciclo creativo en que se encuentra y sus colores, luz y elementos, se nutren de toda esa magia que tiene nuestra región.

Alberto es un hombre de pocas palabras frente a la cámara o grabadora, pero apasionado y locuaz con el pincel.

Grabador y pintor, en ese orden y por voluntad propia, Sautúa fue el primero de su estirpe en dedicarse profesionalmente a las artes plásticas.

Parte de su formación viene de la Academia Nacional de Artes Plásticas San Alejandro, donde se graduó en 1995 de grabado y gráfica, especialidad en la que profundizó en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana.

Fue una elección de vida. Me gusta mucho y por eso desarrollé una buena parte en técnicas como colografía, calcografía y xilografía, pero especialmente en la litografía, reseña el creador.

A partir del segundo año de la especialidad quise experimentar ese campo del grabado porque es un mundo más amplio, de múltiples posibilidades. Para desarrollarlo requiere del equipamiento adecuado: prensa, rodillo, espacio.

“Actualmente –aclara-, me ha reportado mucha ayuda para emprender la pintura. Por ejemplo, empleo diversos resultados estéticos y textuales del grabado que trato de incorporar al trabajo pictórico”.

Ante la opinión le merece al desarrollo del grabado en Cuba, explica que en “En Cuba tenemos excelentes grabadores. Tuve como profesora a Belkis Ayón, una excelente artista cubana, quien desarrolló toda su obra en la gráfica. Existe un potencial enorme que trabaja la gráfica en la isla. Creo que eso también me motivó”, dice.

La recopilación “El libro del taller”, publicada en 2002, recoge el quehacer de varios creadores, vivos o no que han dedicado su carrera a esta especialidad. Pese a ser joven, su nombre aparece allí, incluido en la lista dentro del grupo de consagrados creadores como artista emergente.

En el volumen pueden encontrarse varias litografías que respondían entonces a una temática más contestataria, expresionista y vanguardista sobre el ser humano y el mundo del teatro.

Pero, ¿cuáles son las temáticas y elementos que centran su obra como grabador?

Entonces responde: “Desarrollé una exposición de litografías en la Galería Diago y participé en numerosos eventos nacionales e internacionales de grabado. Luego, incursioné fuertemente en la pintura tras el montaje de mi estudio personal. Desde la pintura he experimentado una evolución de lo que venía haciendo, adaptándome a esta actualidad.”

Sus antecedentes tienen relación con los colores que utiliza, en consonancia con el progreso que ha experimentado como artífice y el trabajo desarrollado en la pintura desde 2006.

El uso del color resulta bien complejo. Como grabador fui muy monocromático y con el paso hacia la pintura tendí a ir abriendo la paleta de color. Es algo intuitivo”, afirma.

Esa paleta, ya se dijo, es reflectora inconsciente de sus sueños y deseos, de experiencias pasadas o futuras, temores y aciertos.

Una de sus series titulada “Alas para alma” surgió durante el embarazo de su esposa y formó parte de sus vivencias en torno a la paternidad.

Aquellas piezas evocaron a la pequeña niña que venía en camino y mostraron una etapa de deseo y fuerza de esperar y saber su llegada al mundo. De ahí que piezas como Dulces sueños e Insomnio, responden a esos importantes momentos que se avecinaban.

Como todo artista realizar exposiciones personales y ser parte de proyectos colectivos deviene regocijo y aliciente para el alma, y Alberto ha tenido la suerte de disfrutar con creces de esas alegrías.

Aunque posee varias exposiciones y publicaciones, no tiene ninguna preferida ni considera una superior a otra pues todas marcan instantes diferentes de su vida,

Para él, trazan un camino y son como peldaños de una escalera que le permiten ascender: “Es difícil estar conforme con una exhibición o serie de trabajos en específico. Puedo citarte, mi exposición en la galería Galeano llamada “La engañosa calma del silencio” (2009) que marcó el inicio y fin de una etapa. También recuerdo “Crisálida” que fue el título de la pieza seleccionada para el evento Arte y Moda en 2012. En esta oportunidad mi esposa fue la diseñadora y su trabajo, inspirado en mi obra, llevó mis pinturas al arte textil”. Fuera de Cuba, las obras de Sautúa se han exhibido en importantes galerías y centros expositivos de Alemania, Canadá, Estados Unidos y China. Hoy se concentra en su nuevo espacio de trabajo y, a principios del 2021, preparará una exhibición. (PL)

 

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