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Ambigüedades de la Izquierda

¿Cómo deberíamos reaccionar ante las recientes manifestaciones que se han extendido por todo el mundo? ¿Existe una única interpretación y una única respuesta que deberíamos adoptar ante esta inquietud? 

 

Steve Latham

 


El problema es que estas manifestaciones, disturbios y levantamientos, se han producido por diferentes causas, en países diferentes; no todos por razones progresivas.

El movimiento francés Giles Jaunes, las manifestaciones en Chile, y en Irán, por ejemplo, surgieron para oponerse a las subidas de precios de la gasolina y el combustible, impuestos o sancionados por el gobierno.

Estos, por supuesto, afectan a los más pobres. Pero, paradójicamente, tales medidas serían inevitablemente necesarias si las naciones abordaran con éxito el cambio climático.
El calentamiento global es debido a la quema de combustibles fósiles, y el petróleo es un contribuyente clave para esto. Por lo tanto, algún tipo de reducción en el consumo, quizás mediante la subida de precios, sería un factor necesario en cualquier política.

Naturalmente, un enfoque justo y cuidadosamente administrado, podría evitar que los más indigentes pagaran el cambio a las energías renovables.

Es una señal de la desigualdad atroz en nuestras sociedades, en cuanto a poder económico y político, que las subidas de precios sean decretadas sin preocupación por la justicia elemental del combustible.

Sin embargo, este contexto más amplio pone en duda la validez de apoyar automáticamente las manifestaciones populares.

Las protestas contra la subida de precio del combustible, después de todo, provienen de los radicales, como en Chile; pero también de fuerzas conservadoras como con Gilets Jaunes.
Sin embargo, en cada caso, la causa inmediata de las manifestaciones puede conducir a una mayor radicalización, basándose en el mayor descontento de la sociedad.

Tal puede ser el caso de Chile e Irán, contra la inmovilización de los regímenes neoliberales e islámicos; o Hong Kong, donde la oposición a las leyes de extradición se extendió a un movimiento democrático más amplio.

En Venezuela, no obstante, se llevaron a cabo manifestaciones masivas contra el gobierno socialista bolivariano de Nicolas Maduro, y en Bolivia, contra el gobierno de Evo Morales.
Estos fueron en gran medida movimientos de clase media en contra de las políticas de redistribución económica de estas autoridades indigenistas y socialistas hacia los pobres.

Pero, de nuevo, cualquiera que sea nuestro punto de vista, esto demuestra que no podemos simplemente descartar la  realidad de las  protestas masivas a ninguna posición política en particular.

En ambos países, a pesar de favorecer a los pobres, los gobiernos aparentemente también hicieron caso omiso de las prácticas democráticas y crearon acuerdos donde sus representantes se beneficiaron de la corrupción.

Los Presidentes también se negaron a cumplir los requisitos constitucionales para dejar el cargo al término de su número máximo de mandatos.

La reacción de la Derecha en Bolivia, incluyendo la aparente masacre de pueblo indígenas por parte del ejército, demuestra el verdadero temor que motiva la resistencia de radicales de abandonar el poder.

Existe una auténtica preocupación de que el ciclo electoral normal pueda destruir cualquier ganancia progresiva, si la Derecha asume el poder y no opera desde una posición de consenso e imparcialidad.

Pero la negativa de los Caudillos de Izquierda a renunciar al poder es también una versión de la izquierda sobre la respuesta populista a la crisis, que también motiva, por ejemplo, a los autoritarios de la Derecha, en Hungría y Rusia. Tal vez, por lo tanto, la mejor contribución que hizo Nelson Mandela, además de terminar con el apartheid, fue abandonar el poder, permitiendo a Sudáfrica una transición pacífica del gobierno.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

 

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