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Camila Freitas, la tierra y los barones ladrones brasileños

Las políticas de Bolsonaro han añadido una nueva urgencia a la necesidad de reforma agraria en Brasil. Obtener un derecho garantizado por la Constitución está sumido en una infinidad de argumentos jurídicos y la prensa califica a los sin tierra como bandidos. “Chao”  muestra la realidad de la lucha por unas condiciones decentes.

 

Graham Douglas

 

La cuestión de la propiedad de la tierra en Brasil se remonta a la época colonial y, aunque todo el mundo tiene derecho a la tierra en virtud de la Constitución brasileña, la corrupción y la burocracia siempre favorecen a los grandes terratenientes.

El rápido crecimiento de las favelas en torno a las grandes ciudades desde 1950 condujo a una situación de ilegalidad a la que las autoridades respondieron de forma violenta. Pero los pobres son literalmente i-legales, porque han sido abandonados por el Estado.

La violencia es endémica en Brasil y los grupos como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) siempre son retratados como criminales por los medios de comunicación, ignorando sus derechos constitucionales.

“Chao” (tierra) es el primer largometraje de Camila Freitas sobre esta cuestión y está inspirado en un documental, Birdie (Passarim), que trata de “una comunidad de miles de campesinos de Goiás que son expulsados por un gran terrateniente que compra toda la región”. El MST se contactó con ella varios años después porque era importante para ellos, y su nueva película documenta la situación actual.

Freitas se preocupa por ofrecer un trato respetuoso y honesto, destacando el nuevo movimiento de las favelas a la tierra por parte de las personas que buscan un lugar seguro y un modo de vida saludable, y mostrando cómo el sistema jurídico está configurado para obstruir la justicia.

Desde el golpe de Temer en 2016, y ahora con Bolsonaro, el gobierno se está moviendo de forma dura y rápida para que una minoría rica mantenga el control de la tierra y facilitar el uso de armamento pesado. Paralelamente, la financiación para cine independiente se está reduciendo drásticamente.

Camila habló con The Prisma después de que la película se exhibiera en Docisboa.

El documental de Vincent Carelli, “Martirio”, mostró una oposición brutal de los “Ruralistas” ante la ocupación de las tierras, pero eso no sucedió en su propio documental.

“Martirio” es un largo documental didáctico que proyecta ambos lados de la lucha en el estado de Mato Grosso. Elegí mostrar la perspectiva de los trabajadores sin tierras y también la perspectiva de la propia tierra, las transformaciones que ha sufrido.

En Goiás, la lucha se lleva a cabo más como una batalla legal y la gente no suele ver la forma en que la ley es manipulada por quienes tienen el poder. Quería mostrar que, a pesar de que muchas personas en el MST tienen poca formación académica, son muy emancipados y no tienen miedo a luchar contra el sistema judicial.

Muy a menudo, los tribunales simplemente permiten que estas situaciones continúen, porque la tierra no estaba siendo productiva, como en el caso de la quiebra. Recientemente, un tribunal inferior les dio una orden de desalojo, pero un tribunal federal la bloqueó a causa de la deuda de la empresa. Es un callejón sin salida: la fábrica no paga sus deudas, permanecen allí y también lo hacen los ocupantes.

¿Sus documentales son campañas para el MST?

En cierto modo, sí, llevamos juntos 5 años y fue muy importante para mí y para el MST retratarlos de manera justa y respetuosa. Los medios de comunicación siempre los etiquetan como bandidos u oportunistas que tratan de obtener tierras que no les pertenecen. La Constitución de Brasil dice que todo el mundo debe tener acceso a la tierra y la vivienda, pero eso siempre ha sido secundario al derecho a la propiedad.

En 1850, la “Ley de la Tierra” señaló que las tierras ya no podían ser propiedad mediante la ocupación: debían comprárselas al gobierno. Así, cuando se abolió la esclavitud en 1888, los antiguos esclavos fueron expulsados de la tierra que habían trabajado.

Desde la década de 1950, la Legas Camponesas organizaron una fuerte oposición a esa situación y fue una de las razones del golpe militar de 1964, porque el presidente João Goulart estaba planeando la implementación de una reforma agraria.

¿De dónde provienen las personas que ocupan las tierras?

El MST comenzó en 1984, principalmente con personas que trabajaban las tierras, pero no tenían derechos de propiedad.

La agroindustria también se ha expandido a las tierras que fueron ocupadas por pequeños propietarios y pueblos indígenas, que simplemente fueron asesinados o expulsados.

Ahora hay un gran movimiento de regreso a la tierra por parte de estas personas y sus hijos y nietos. El MST está trabajando con personas que quieren un poco de tierra para tener una vida más saludable de la que tienen en la favela. Alrededor del 80% de estas personas provienen de zonas urbanas.

¿Qué ocurrió en Goiás?

El caso de quiebra contra esta fábrica de caña de azúcar ha estado activo durante años, todo el mundo sabe que tienen enormes deudas con el Estado y se les ordenó pagarlas mediante la entrega de algunas de sus tierras al gobierno. La ley dice que estas tierras tienen que estar disponibles en el marco de la ley de reforma agraria. Pero los terratenientes ejercen una gran influencia sobre los jueces y aplazan constantemente los asentamientos. Así, el MST no se sienta de brazos cruzados a esperar que el estado les de tierras, sino que encuentran abogados empáticos y luchan directamente en algunos casos ellos mismos.

Ellos nunca ocupan un pedazo de tierra si es productivo y siempre investigan su historia primero. El documental empezó en 2014 en una granja de ganado en Goiás, propiedad de un senador.

Fue una gran ocupación, con 3.500 familias, y un momento muy exuberante, ya que todavía había un gobierno de izquierda y, aunque no estaba haciendo lo suficiente para la aplicación de la reforma agraria, el MST tenía mucha fuerza.

El panorama político ha cambiado después del golpe y un montón de gente abandonó el MST por miedo. Después de un largo juicio fueron expulsados, pero algunas personas se unieron a la ocupación de la fábrica de azúcar de caña en el mismo estado. Por lo tanto, continuamos el documental utilizando algunas de las imágenes de la primera ocupación.

El documental trata realmente sobre cómo mostrar el movimiento general.

La acción en el estado de Mato Grosso fue más política: había protestas contra el propietario de las tierras, que es Ministro de Agricultura, y contra el uso de plaguicidas. Él representa lo que es Brasil.

¿Se trata de agricultura colectiva?

Cada familia tiene una pequeña parcela, pero hay zonas de producción colectiva y todo funciona de forma colectiva. Producen suficientes alimentos para sí mismos y una pequeña cantidad para vender. La política del MST es que cada familia tenga un espacio para sí misma, pero no debe venderse, sigue siendo propiedad del Estado. Hay casos en los que una ocupación comienza sin una planificación adecuada y a veces se vende la tierra, lo que lleva a un montón de críticas.

Pero cuando llegó Temer el gobierno decidió cambiar la forma de trabajo del Instituto de Reforma Agraria (INCRA, por sus siglas en portugués), de modo que se puedan conceder títulos privados a las tierras, que luego podrían venderse si el propietario se va.

Y con Bolsonaro están tratando de acelerar la asignación de títulos, porque entonces los títulos pueden venderse a las grandes empresas agrícolas y la concentración de la propiedad se iniciará de nuevo. Es una prioridad para él. Y desde que llegó, el INCRA no ha comprado ninguna de las tierras, para que no tengan ninguna que redistribuir.

¿Ha proyectado el documental en Brasil?

Se estrenó en Olhar do Brasil, el festival internacional de cine en Curitiba, y ganó dos premios. También hicimos muchas proyecciones en los campamentos del MST y en la Escuela Nacional de São Paulo.

Se ha proyectado más fuera de Brasil, debido a los muchos recortes realizados a los patrocinios de festivales de cine. Incluso ANCINE ha visto su presupuesto recortado en un 43% por Bolsonaro. También ha estado hablando sobre la censura cultural, utilizando ‘filtros culturales’. Un documental sobre el MST no lo pasaría nunca, porque representa todo aquello de lo que él está en contra, junto con los indígenas y los homosexuales. Es un ataque muy grave. El Festival Internacional de Cine de Río se retrasa un mes y será más pequeño porque este año depende de la microfinanciación.

Petrobras y muchos otros patrocinadores de cine están siendo presionados a escondidas. Y es una política muy estúpida, porque el sector audiovisual es un gran contribuyente a la economía brasileña.

Los últimos años bajo Lula fueron una utopía, porque su política se basaba en estimular la producción cultural fuera de Río de Janeiro y São Paulo y las películas se filmaban en todos los estados, quizás sumaban 200 cada año.

ANCINE patrocinaba a los cineastas para que fueran a festivales internacionales e hicieran coproducciones, que eran muy importantes para nosotros y para demostrar que Brasil es un país importante para realizar películas de alta calidad.

(Traducido por Iris María Blanco Gabás – Email: irisbg7@gmail.com) – Fotos de Camila Freitas, suministradas por ella)

 

 

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