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El mundo en extinción de los Penan

Un breve encuentro con un Penan queda grabado en mi memoria. Estaba siguiendo un sendero, un mero paseo antes de que cayera la oscuridad en las Tierras Altas de Kelabit, en Sarawak, donde me encontraba en una travesía de dos días.

 

Long Tevenga, Malaysia, 2016 – Peng und sein Sohn Ulen am Fuss einer Würgefeige. Peng and son Ulen at the foot of a strangler fig.

Sean Sheehan

 

Él salió de entre los árboles, por un lado, apunto de cruzar el sendero, cuando nos vimos inesperadamente.

Llevando solo un taparrabos y una bolsa bandolera tejida con forma cilíndrica – me gustaría recordar flechas venenosas sobresaliendo y una cerbatana, pero fue hace mucho tiempo y probablemente la bolsa contenía algo trocado del pequeño asentamiento no Penan donde pasaba la noche.

Nos detuvimos y nos miramos el uno al otro durante unos segundos, -la sorpresa fue mutua y la igualdad fue aceptable- antes de que él cruzara el sendero y desapareciera entre los árboles. Su curiosidad fue satisfecha; la mía, estimulada.

Actualmente, los Penan viven en su mayoría en alojamientos establecidos, pero hay algunos grupos parcialmente nómadas. Tomas Wüthrich pasó seis meses con un grupo en particular, y este es el foco de atención de “Doomed Paradise”, su libro de fotografías. Las imágenes son testimonio de renuencia de los Penan a abandonar su cultura, a pesar de la fragilidad de su existencia en un mundo desolador.

Los Penan fueron un pueblo nómada, que habitaba en la selva y cazador-recolector en parte de la gran isla de Borneo compartida entre Kalimantan de Indonesia y Sarawak y Sabah de Malasia.

Ellos se integraron, sin más, en un hábitat de árboles. En los bosques cazaban jabalíes, ciervos, monos y otros animales. Al igual que con otros productos forestales, especialmente el sagú de los tallos de la palma silvestre, los alimentos se compartían por igual dentro de la comunidad; en el idioma penan, no existe una palabra para decir ‘gracias’.

Long Tevenga, Malaysia, 2016 – Méri Peng mit Tochter
Yonani in ihrer Hütte. Méri Peng and her daughter Yonani in their forest home.

La medicina provenía de una variedad de fármacos provenientes de plantas; el jabón de cortezas y vides saponáceas; la música de instrumentos de cuerda de bambú y del arpa judía.

Viviendo en simbiosis con su entorno, animistas por instinto, observando, pero no midiendo el tiempo según los ciclos lunares y los fenómenos naturales,- las bandadas de cálao anuncian una manada de jabalíes-, los Penan tímidos y autosuficientes, tan reconocidos como los espartanos por su brevedad en el discurso, están siendo absorbidos por el mundo occidental.

En el mundo gris que habitamos, alimentado por la insatisfacción y la escasez de reposo, tanto se separa de sí mismo que lo incompleto refleja un vacío ontológico que solo la fantasía puede llenar.

Es tentador fetichizar a los Penan. Un objeto de fantasía, un petit a de Lacan, rellena la fisura de nuestro sentido de ser y un constante deseo se une al objeto, porque este representa algo que se siente como perdido. Se puede lograr el cierre, pero solo si se puede encontrar.

Long Tevenga, Malaysia, 2016, – Peng Megut und Tepeket Agan frühmorgens auf der Jagd. Sie zählen zu den letzten teilnomadisch lebenden Penan. Peng Megut and Tepeket Agan off for an early
hunt. They are among the last remaining seminomadic Penans.

Wüthrich no sucumbe a esta tentación. Sus fotos documentales son invaluables; la cultura de los Penan está desapareciendo. No hay fantasía cuando se trata de los inculpados: empresas madereras militantes, – en la Amazonia, los misioneros fueron los invasores inaugurales- con el apoyo proactivo del gobierno de Malasia.

“Doomed paradise” de Tomas Wüthrich es una publicación de Scheidegger & Spiess
(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos suministradas por la editorial

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