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Ante crímenes de Estado: defender el derecho a vivir sin miedo

El Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), en Colombia, lucha contra la impunidad y el olvido desde hace 15 años, y exige el reconocimiento por parte del gobierno de esos delitos como un fenómeno real y de grandes dimensiones.

 

Masiel Fernández Bolaños

 

Sobre la labor que realiza y la persistente violencia en este país, Prensa Latina intercambió con Luz Marina Hache, integrante del Movice, víctima de desaparición forzada desde hace 33 años.

¿Qué los llevó a crear un movimiento como Movice hace 15 años?

En aquel momento se estaba presentando la negociación del gobierno, en cabeza de Álvaro Uribe (presidente de 2002 a 2010), realizando el diálogo con los paramilitares. Entonces las víctimas con una historia de lucha y que veníamos aislados cada uno con su organización, decidimos dar una respuesta unificada y manifestar que no estábamos de acuerdo con la forma en que se adelantaron esos diálogos.

En octubre del 2004 tuvimos una reunión de 400 delegados y decidimos que íbamos a crear una organización en la que estuvieran todas las personas que hubieran sido víctimas por acción u omisión del Estado.

Creamos el Movice en junio del 2005, en un encuentro nacional con casi dos mil delegados de diferentes zonas del país, con representación internacional de unas ocho naciones, y también estuvieron víctimas que viven en el exterior.

En un país como Colombia, ¿cuáles son los principales obstáculos para realizar la labor de un movimiento como Movice?

El desconocimiento que el Estado ha hecho de su responsabilidad como autor de esos delitos. El Estado colombiano tiene una Constitución en la cual se promulga la obligación de velar por la vida, honra y bienes de sus ciudadanos.

El Estado no lo ha hecho con el pueblo, lo ha hecho con personas o intereses económicos, pero no con la mayoría del pueblo, ni lo va a hacer al paso que vamos. Eso implica que tiene una responsabilidad.

Por eso en este país tenemos asesinatos selectivos, masacres, desapariciones forzadas, desplazamientos, amenazas, los mal llamados falsos positivos que no son más que ejecuciones extrajudiciales, montajes judiciales, siempre con la gente que piensa diferente al Estado.

Quien defiende el statu quo no tiene de qué preocuparse; quienes pensamos y actuamos diferente, tenemos que preocuparnos.

¿A qué atribuye el incumplimiento por parte del Estado del que usted habla?

Ese incumplimiento viene de hace más de 60 años. En el Estado colombiano se arraigó la teoría del enemigo interno. Esa teoría, que viene de la Escuela de las Américas de Estados Unidos, jugó todo un papel en los mandos del Ejército Nacional que han decidido transmitirla de una a otra generación.

Esa teoría implica que no hay que buscar el enemigo afuera sino internamente. El Estado se ha dedicado a perseguir a la gente que piensa y actúa diferente en la defensa de los intereses para ellos supremos.

El Estado incumple con el derecho a la vida, a la libertad, a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda digna. En este Movimiento reivindicamos el derecho a la vida y a la libertad que la gente tiene.

Por eso los delitos de lesa humanidad, de guerra, tienen que ver con el Movice porque en un principio cuando se empezó con el genocidio de la Unión Patriótica (partido), con el tema de la desaparición forzada, siempre las víctimas eran dirigentes sindicales, estudiantiles, líderes sociales opuestos a la defensa del statu quo y exigían una transformación de la forma en que está concebido este Estado.

Con relación al Acuerdo que se firmó entre el Estado y la exguerrilla FARC-EP, se plantea que las víctimas están en el centro de lo pactado. Después de tres años de la firma, ¿ustedes como Movice, como víctimas, sienten que eso se está teniendo en cuenta en el proceso de implementación?

Se habla de la centralidad de las víctimas, pero esa centralidad está en disputa. Hay unas víctimas que el Estado ha querido que efectivamente sean el centro: las de las FARC-EP, las que no son de las FARC-EP hemos tenido que luchar para ganarnos el lugar que nos merecemos.

El Movice es una de las organizaciones que en Colombia ha defendido ese Acuerdo de Paz porque pensamos que esa no es la paz, pero no es lo mismo construir la paz en guerra que con las armas silenciadas.

Nosotros jugamos un papel en la Jurisdicción Especial para la Paz, con la Comisión de la Verdad y con la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas.

No ha sido fácil, pero estamos ahí, y las tres instancias (fruto del Acuerdo) respetan al Movimiento por sus aportes, por su posición y hemos sido escuchados, no como la gente esperaría, pero se nos tiene en cuenta.

Es una pelea, como la pelea ideológica de que aquí las víctimas estamos todas en el mismo lugar, con una diferencia, aquí estamos las víctimas de crímenes de Estado.

Eso el Estado no lo admite, no acepta que miembros de sus fuerzas armadas han sido victimarios, no admite que sus fuerzas armadas crearon los paramilitares. El Movice ha logrado expresar y tener una posición frente a eso.

Desde hace más de 30 años usted es víctima de desaparición forzada, ¿qué la impulsa y motiva a seguir en la labor que realiza?

Cuando desaparecen a mi esposo yo era dirigente sindical, desde hace mucho venía con lo que llamamos conciencia de clase.

Cuando lo desaparecen, me descuadernan m vida porque yo tenía cuatro hijos, él de alguna u otra forma era quien me apoyaba económicamente, ideológicamente también porque fue una persona que siempre me dijo tú puedes, yo no te voy a cortar las alas.

Eso hizo que cuando lo desaparecieron, yo empezara a sentir que mi obligación era reivindicar su nombre.

No desaparecieron a cualquier persona, sino a un hombre que yo siempre he considerado íntegro, consecuente con lo que pensaba y consigo mismo, y así lo expresaba. Eso es lo que me ha mantenido todos estos años, lo que he transmitido también a mis hijos.

A pesar de que se firmó un Acuerdo de Paz hace más de tres años, muchos coinciden en que hay una especie de espiral de violencia pues prácticamente a diario es asesinado un líder social, un defensor de derechos humanos o un exguerrillero en proceso de reincorporación a la vida civil. ¿Cree que este país realmente puede transitar hacia una paz estable y duradera?

La violencia que se está viviendo es la misma que en la década de los 80 (del siglo pasado), con una gran diferencia: hoy los medios de comunicación y la tecnología han facilitado que el mundo se entere de cuanto está pasando en Colombia. En aquella época sucedían los asesinatos y las desapariciones, y solamente nos enterábamos un grupo. Esa diferencia hace que yo crea que sí es posible para Colombia un futuro diferente.

Por eso estoy convencida de que nuestra obligación es sembrar semillas que piensen diferente, que ese odio y esa polarización que han querido sembrarnos, no dé frutos; que sea otra cosa, que tengamos derecho a reír, a vivir sin miedo.

Sé que no es fácil, pero la esperanza es lo que nos queda y hay que apostarle a que vamos a ser capaces de salir de esta violencia estructural. (PL)

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