Globo, Latinoamérica, Reino Unido

Evo y el fraude que nunca existió

El discurso de la derecha boliviana y la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre el fraude en las elecciones del 20 de octubre donde Evo Morales fue declarado ganador, presenta más debilidades que nunca.

 

Alain Valdés Sierra

 

Varios estudios demuestran que la narrativa dirigida a legitimar la salida forzada de Morales confirma con sus inconsistencias la denunciada maniobra de golpe de Estado que dio paso al gobierno inconstitucional de Jeanine Áñez.

Las elecciones del 20 de octubre fueron boicoteadas antes del inicio de las votaciones con acciones hostiles como la del Comité Cívico Pro Santa Cruz, que amenazó con desconocer los resultados si ganaba Morales. Luego vino el informe de la OEA que señaló diferencias en el escrutinio de votos antes y después de la parada en el conteo por parte del Tribunal Supremo Electoral.

Pero expertos de la propia comisión de la OEA denunciaron que la institución cuestionó los resultados a partir de un informe parcial y no del final, y que rápidamente los catalogó de fraudulentos.

Fue esta la señal esperada por la oposición política y la derecha boliviana para echar a andar el planificado golpe de Estado que sumió al país en el caos y la violencia, y a la postre obligara al presidente Morales a presentar su dimisión presionado por los militares y la policía.

Rápidamente fue instaurado un gobierno sin el respaldo necesario de la bicameral Asamblea Legislativa Plurinacional, pero reconocido por Estados Unidos, Brasil y la Argentina de Mauricio Macri.

De manera simultánea una intensa campaña mediática internacional buscaba justificar el golpe tildando a Morales de dictador fraudulento y así legitimar al gobierno de facto que reprimió con dureza a los seguidores del depuesto mandatario y del Movimiento al Socialismo (MAS).

Sin embargo, expertos basados en estudios con probado rigor científico, desecharon el discurso de los golpistas al demostrar que no existió fraude y Morales fue reelegido como presidente constitucional de Bolivia.

Los diferentes análisis al respecto, todos independientes y realizados por analistas e instituciones sin relación alguna con Morales y el MAS, coinciden en que a partir de los señalamientos de la OEA es imposible asegurar que hubo fraude en el proceso electoral.

Resulta interesante que la propia OEA abogara por el uso del polémico sistema de conteo rápido de votos, técnica empleada para monitorear la tendencia de los sufragios, pero sin validez legal para dar resultados definitivos.

El investigador de ciencias políticas de la Universidad de Michigan Walter Mebane, experto mundial en materia de fraude electoral, concluyó que las irregularidades son tan insignificantes que Morales sería ganador en la primera vuelta aún eliminadas las boletas marcadas como fraudulentas.

Evo Morales – Photo by Sebastian Baryli.Flickr bit.ly/2Tutd68. License Creative Commons https://bit.ly/1mhaR6e

En su estudio Evidencia en contra de que los votos fraudulentos hayan sido decisivos en la elección de Bolivia en 2019, presentado el 13 de noviembre pasado (a solo tres días de la renuncia de Morales), Mebane indicó que su afirmación es posible tras restringir las irregularidades a 274 de las 34 mil 551 mesas de votaciones.

La tendencia siempre fue clara, Morales superaría a su rival Carlos Mesa por más del 10%  de los votos necesarios para ser declarado ganador en la primera vuelta, tal y como lo establece la Constitución boliviana, apunta el documento.

El otro importante análisis sobre las elecciones en el país andino-amazónico lo llevó adelante el Center for Economic and Policy Research, un tanque pensante con sede en Washington. Dicha institución encargó el estudio a dos investigadores del Laboratorio de Ciencia y Datos

Electorales del Instituto de Tecnología de Massachusetts, John Curiel y Jack R. Williams, quienes no encontraron evidencia para respaldar el reclamo de fraude electoral.

Las reiteradas denuncias de golpe de Estado en Bolivia cobran basamento científico con estos y otros análisis, los que la OEA y las autoridades de facto pretenden desestimar atacando a sus autores y anclándose a una narrativa que ya nadie cree. (PL)

(Fotos: Pixabay)

 

 

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