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Profesores refugiados en primera línea

La educadora voluntaria Casey Pearson está ayudando a familias de refugiados a encontrar el orden en mitad del caos en el campo de refugiados de Kakuma en Kenia.

 

One of the schools – seen here affected by flooding. ©VSO

Deborah Torr

 

Imagine que hoy es el primer día de su carrera como profesor. Se siente emocionado y listo para marcar la diferencia.
El único problema es que no ha tenido ninguna formación, usted tiene una clase de cien estudiantes a los que enseñar y la mayoría de ellos no hablan el mismo idioma que usted.

Hay ruido y nadie está prestando atención. Puede ver que hay niños que están dispuestos a aprender, pero a medida que la lección avanza, ellos se sienten frustrados y empiezan a desconectar. Para cuando acaba la escuela, está dispuesto a renunciar. Esto puede parecer una pesadilla, pero para los 800 profesores refugiados del campo de refugiados de Kakuma, esta es una realidad de cada día.

Los orígenes de Kakuma

Si bien la crisis de refugiados solo ha sido noticia en los últimos años, el campo de refugiados de Kakuma, en el Noroeste de Kenia, se estableció hace 25 años.

Fue creado originalmente por Los Niños Perdidos de Sudán, un grupo de 20 000 jóvenes de los grupos étnicos nuer y dinka, que fueron desterrados o dejados como huérfanos durante la Segunda Guerra Civil Sudanesa. Ahora el campamento alberga más de 190 000 refugiados, lo que hace que se sobrecargue severamente.

Casey Pearson became a volunteer after working as a teacher in the UK. Kenya. ©VSO

La educadora voluntaria de VSO, Casey Pearson, describe Kakuma como “una crisis prolongada”.

Los refugiados que llaman hogar a Kakuma vienen de Sudan, así como de países vecinos, como Somalia, Eritrea Etiopía y Uganda.

A pesar de que Kakuma se estableció hace años, muchas viviendas son frágiles estructuras hechas de barro, madera y hierro corrugado. En este entorno superpoblado, el saneamiento del agua es un problema común, y el campamento es propenso a sufrir inundaciones.

En un punto crítico, Casey Pearson, que va a trabajar durante un año apoyando la formación de profesores refugiados, ha visto los numerosos desafíos a los que se enfrentan. “Cuando los niños llegan al campamento, pueden no venir acompañados, ser vulnerables y estar en necesidad de asistencia”.

“Algunos niños habrán perdido años de escolarización porque fueron niños soldados o porque pudieron haber abandonado la escuela a consecuencia de un trastorno”.

El idioma es también una barrera, hay un rango de habilidad lingüística, con muchos hablando diferentes lenguas.
Además de esto, los profesores se enfrentan con clases de alrededor de 90-100 estudiantes de educación primaria, y 150-200 estudiantes de enseñanza preescolar.

“¡El tamaño de las clases es impactante!”, afirma Casey. “Trabajar en un entorno de refugiados es un gran desafío en todos los niveles: financiación, capacidad, recursos, motivación, energía”.

El impacto de un voluntario

En este entorno, la formación y el apoyo de los docentes es crucial. Todos los profesores son refugiados y pueden estar lidiando con su propio trauma.

A ‘speed dating’ meet and greet activity during teacher training ©Finn Church Aid.

Casey, cuyo papel se organiza en asociación entre VSO y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), está ayudando a que la capacitación de docentes sea más efectiva.

“Cuando llegué, la formación se realizó de forma aislada. Todo fue muy aleatorio y esporádico y las formaciones anteriores no habían continuado”, afirma Casey.

Hoy en día, Casey ha trabajado con socios para armonizar la formación a través de agencias y ha creado una base de datos de los 800 docentes, especificando qué formación han recibido los maestros. Esto detiene la repetición de la formación y significa que esta llega a quienes más la necesitan.

La formación está ayudando a los profesores a manejar clases numerosas, mediante técnicas como sentar a los niños más altos al final de la clase, de manera que todos puedan ver, así como el uso estrategias de enfoque simples, donde los alumnos copian las palmadas del maestro para ayudar a llamar la atención de todos los estudiantes y controlar los niveles de ruido. Casey ha notado ligeras mejoras en la habilidad lingüística de estos estudiantes, y son estas pequeñas victorias las que la mantienen motivada.

“He tenido momentos de mini eureka durante la formación, en los que un profesor se volvió hacia mí y me dijo que parece que entienden el impacto que el castigo corporal puede tener en los alumnos y que se sienten seguros de probar estrategias alternativas.

Pequeños pasos

Sin dominio del idioma inglés, los estudiantes no pueden entender las otras lecciones impartidas.

Todas las lecciones son impartidas en inglés, el idioma oficial de enseñanza en Kenia.
En respuesta, Casey ha desarrollado un esquema piloto de transición de idiomas, a través del programa de educación acelerada del NRC, el cual ayudará a acelerar el dominio del inglés de los estudiantes e incluye 60 minutos al día de práctica del idioma adicional. “Es muy difícil cambiar maneras de pensar. En un entorno tan hostil se trata de dar pequeños pasos”.

Kakuma camp seen from above.

En el caos de Kakuma, el proceso de ir a la escuela puede ser reconfortante para los niños. “Esto ayuda mucho al bienestar mental”, afirma Casey. “En una situación en la que las comodidades y la normalidad del hogar se ponen patas arriba, ir a la escuela brinda estructura y soporte”. La crisis de refugiados e inmigrantes son un problema tan grande que no se resolverá sin el apoyo mundial. “Esto permite a los padres liberarse de sus hijos durante el día, por lo que ellos pueden tratar de salir adelante y conseguir sus raciones de comida o hacer lo que necesiten”.

La crisis migratoria

“La realidad es que la crisis migratoria global no va a desaparecer”, afirma Casey.

“Es una situación que está completamente fuera del control de quienes están afectados. Algunos de los refugiados aquí eran miembros del gobierno, o directores y muchos son niños”.

“Con la riqueza de Reino Unido, tenemos la responsabilidad moral de ayudar. Es lo correcto”. Casey ha visto de primera mano el impacto de UK Aid’. “Para los profesores, ser un refugiado sin formación ni cualificación, y luego se espere que enseñe a cien niños, es realmente difícil”.

“Es realmente importante que las personas tomen conocimiento de estos maestros, apoyarlos de manera que sientan su propia dignidad y valía, para desarrollar su propia capacidad de resiliencia y bienestar”.

En última instancia, todo se reduce a mejorar los estándares de educación para los niños, basados en estos entornos frágiles.

“Cuando la calidad de la escuela es deficiente, puede ser una barrera. Creo que la educación es la clave para un futuro alternativo para muchos niños”.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos suministradas  por ©VSO

 

 

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