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¿Quiere alguien un sándwich de tocino?

Como narrativa, “Animalia” trata sobre las cuatro generaciones de una familia de agricultores del suroeste de Francia, desde 1898 hasta 1981; pero esto es solo la piel desnuda de la novela. Detrás hay un horrible ‘tour de force’ sobre el negocio de la agricultura,  asesinar y comer  animales.

 

Sean Sheehan

 

Dado que el Covid-19 pasó de animales a humanos, tal vez en un mercado de Wuhan donde los animales son sacrificados para el consumo doméstico, esta novela tiene una relevancia escalofriante.

La historia comienza con la pobreza extrema de una familia que apenas sobrevive en una pequeña granja.

Aquí es donde nace Éléonore y su entorno se evoca a través de relatos de una vaca que da a luz, la matanza de un conejo y la castración de un cerdo, un nacimiento sin vida en un granero. El lenguaje usado para describirlos es terriblemente visceral, pero existe una honestidad brutal en sus actividades agrícolas.

El pulso sexual, la dureza de la vida y la proximidad de la muerte son tan comunes para los animales y los humanos que la distinción entre ellos se vuelve académica. La madre de Éléonore permanece anónima, conocida solo como la progenitora.

Éléonore tiene 13 años cuando su primo, Marcel, que ayuda en la granja y a quien ella ama, tiene que alistarse para el servicio militar en la Primera Guerra Mundial.

Marcel, como la mayoría de los hombres llamados para combatir, sabía acerca de matar: “Ellos han visto a sus padres y a sus madres acabar con la vida de animales. Aprendieron y copiaron sus gestos. A su vez, han matado liebres, gallos, vacas, lechones, palomas”.

Ahora tienen que aplicar este conocimiento para matar a otros hombres.

Las mujeres asumen el trabajo agrícola de los hombres reclutados. Mientras tanto, la explotación de animales alcanza un punto culminante con la confiscación de ganado y caballos del área rural.
La matanza se vuelve apocalíptica y los pasajes que la describen son increíblemente salvajes y realistas.

Henri, el hijo de Éléonore, convierte la granja en una fábrica de cerdos primitiva, y la segunda parte del libro trata de sus nietos, Serge y Joël, y de sus bisnietos, Jérôme y su hermana Julie-Marie, mientras continúan en este oficio.

En 1981, apoyada por la Política Agrícola Común de la UE, la granja de cerdos se vuelve más mecanizada, pero continúa siendo tan repugnantemente violenta y despiadada.

La escritura es enfermizamente gráfica incluso cuando enumera las medidas tomadas para mantener a los cerdos vivos y productivos: «desinfectar para las cerdas, desinfectante para las heridas, gránulos antiparasitarios, vacunas contra la gripe porcina, vacunas contra el parvovirus, vacunas para el síndrome respiratorio y reproductivo porcino, vacunas contra el circovirus porcino, inyecciones de hierro, inyecciones de antibiótico, inyecciones minerales, inyecciones de la hormona del crecimiento…». ¿A alguien le apetece un sándwich de tocino?

Joël se pregunta a sí mismo «si fue la granja porcina la que creó a los monstruos o, sus monstruosidades las que afectaron a la granja». De cualquier manera, lo que sale ferozmente a la superficie en esta novela es la deshumanización desconocida de la agricultura moderna.

Después de leer, ver el documental “Apocalypse cow” reafirma el mensaje. “Animalia” de Jean-Baptiste Del Amo, es publicada por Fitzcarraldo Editions.

(Traducción de Lidia Pintos Medina)

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