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Anhelar un absoluto

Si la ciencia puede describir la realidad como “es en realidad”, tal descripción sería trascendental, independiente de nuestras observaciones y perspectivas parciales.

 

Sean Sheehan

 

El filósofo Meillassoux utiliza los fósiles como prueba de que podemos acceder a una realidad no relacionada con el conocimiento humano. Nosotros estamos basados en horizontes de significado determinados desde el punto de vista histórico, pero los fósiles permiten que la ciencia tenga acceso al conocimiento de un mundo pre-subjetivo; un mundo tal y como “es en realidad” y tal y como era cuando la humanidad no estaba presente.

Parece que el absoluto está a nuestro alcance.

“Marvelous microfossils” (“Los maravillosos microfósiles”), con fotografías de vestigios de organismos que murieron hace millones de años, añade misterio al argumento de Meillassoux.

Los microfósiles se miden en milésimas de metro, aunque el organismo vivo del que provienen los restos puede haber sido mucho más grande. Sus partes fosilizables tienen diferentes retoques químicos (sílice, carbonatos o fosfatos) y algunos se forman a partir de compuestos orgánicos como la quitina (sustancia que forma el exoesqueleto de los artrópodos).

La fotografía que aparece abajo es un rosetón de cientos de esqueletos de diatomeas, que son algas con paredes unicelulares hechas de quitina.

Auhor: DR

Cada pieza redonda o alargada es el esqueleto de un organismo diminuto (entre 0,02 y 0,2 milímetros).

Un mosaico como este es un derivado creativo de los microscopios de alto rendimiento y la capacidad de los científicos de colocar de forma meticulosa los microfósiles en patrones de su propio diseño.

Si Meillassoux está en lo cierto y los fósiles revelan una realidad no mediada por la cognición humana, entonces hay algo mucho más sorprendente que los patrones creados por los científicos con mentalidad artística.

Tener en cuenta los patrones en los propios microfósiles podría alentar cierta creencia en algún maestro diseñador del universo. Si es así, estar en posesión de una exquisita dimensión estética haría de Dios un creador de la miseria humana aún más insano.

La segunda foto (a la izquierda), del libro de De Wever, consiste en ilustraciones de “Art forms in nature”(“Formas artísticas en la naturaleza”) (1899-1904), del naturalista alemán Ernst Haeckel.

Las criaturas son ascidias, un grupo de animales marinos que pueblan los océanos del mundo desde profundidades de 400 metros hasta rocas costeras. Algunos elementos mineralizados se encuentran como fósiles del Eoceno (hace 40 millones de años) y miden entre 0,04 mm y 0,1 mm.

Las fotos de algunos de ellos, tomadas con un microscopio electrónico de barrido, también se muestran en el libro de Patrick De Wever, sumamente absorbente e informativo.

El argumento de Meillassoux sobre los fósiles ha sido muy cuestionado. Los fósiles son reales, sin lugar a dudas, y existen de forma objetiva, pero la realidad es relativa según nuestro punto de vista humano. Desde la incalculable complejidad de todo lo que hay, lo que vemos y conocemos son porciones de una realidad infinita que refleja nuestra perspectiva perceptual.

La necesidad humana de patrones y diseño, el anhelo de un absoluto, sería una forma de entender el arte, y los “Microfósiles maravillosos” son un testimonio cautivador de ello.

Autor: Mike Foster

Sus fotografías incluyen ejemplos de obras de arte, como la que aparece a la izquierda, del artista Foster, inspirada en las formas de organismos microscópicos. Su caja de arce pintado se basa en una diatomea (Skeletonerma punctutum).

 “Marvelous microfossils: creators, timekeepers, architects”, de Patrick De Wever, publicado por Johns Hopkins University Press

(Iris María Gabás Blanco – irisbg7@gmail.com) – Fotos suministradas por la editorial.

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