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Bolsonaro y la libertad de prensa amenazada en Brasil

Cuando empecé a escribir este texto para informar sobre las amenazas que el Diário do centro do Mundo (DCM) ha estado recibiendo, el abogado de nuestro sitio de internet me llama con noticias preocupantes.

 

Jair Bolsonaro. Foto de Lula Marques

Joaquim de Carvalho,

Editor jefe de DCM

 

Un político de extrema derecha, vinculado a Jair Bolsonaro, acudió a los tribunales con una medida que pretende cerrar el sitio, que es hoy uno de los referentes del periodismo independiente en Brasil.

Celso Russomanno, el político que disputa las elecciones para la alcaldía de São Paulo, la ciudad más grande de Sudamérica, presentó una denuncia porque la informacion del registro del portal de internet estaba desactualizada en el proveedor de internet.

Sí, este era el grave delito que habíamos cometido: no actualizar el registro del proveedor, todavía en nombre de uno de sus fundadores, el periodista Paulo Nogueira, que murió en 2017.

Evidentemente, la alegación del extremista Russomanno fue un pretexto, para avanzar en el movimiento de intimidación de los periodistas no alineados con el proyecto de Jair Bolsonaro.

Como medida alternativa, Russomanno pidió al poder judicial sacar del aire un informe de mi autoría que revela los hechos desacreditadores (por no decir criminales) que marcan su trayectoria.

Lo curioso es que el propio Russomanno es el mismo periodista que tiene en una de las principales cadenas de televisión del país, Record, una columna de protección al consumidor.

En la ola neofascista que amenaza a Brasil, incluso hay periodistas que ignoran que sin libertad de expresión no hay prensa sino propaganda.

La adhesión al proyecto autoritario de Bolsonaro llegó al punto de ver una escena inusual en el último partido de la selección brasileña, válido para las eliminatorias del Mundial. En medio de la emisión, el locutor y los comentaristas dejaron de hablar del partido para enviar un abrazo al presidente de la república y llenarle de elogios.

Joaquim de Carvalho, Editor jefe de DCM

En 39 años de profesión, nunca había visto nada parecido, ni siquiera durante la dictadura militar, que gobernó el país entre 1964 y 1985, y que siempre tuvo en el capitán del ejército Jair Bolsonaro uno de sus más ardientes defensores.

La adhesión de los comunicadores al proyecto de Bolsonaro es una de las características de la llamada “nueva política” o “nueva democracia”.

Este movimiento nació como consecuencia de una nefasta alianza entre sectores del poder judicial y los medios de comunicación corporativos, que en Brasil se destacan por su defensa del sistema financiero y la oligarquía rural. Esta alianza condujo a la persecución de los políticos de izquierda que gobernaban el país y allanó el camino para el ascenso del populismo de extrema derecha, que utiliza una pasión nacional, el fútbol, para consolidarse.

Lo más grave no es ni siquiera lo que hacen sus representantes a la luz del día, sino los partidarios, la gente común que amenaza a los periodistas independientes y a las autoridades que se resisten al bolsonarismo.

Son del mismo linaje ideológico que los que prendieron fuego a la Amazonía para abrir pastos o zonas para el cultivo de la soja, promueven la minería ilegal en tierras indígenas e invaden sus zonas.

Son malos empresarios que confían en la promesa que Bolsonaro hizo durante la campaña, de que les “quitaría la vigilancia ambiental”.

Uno de esos facinerosos fue denunciado en un informe del DCM por amenazar a la periodista Patrícia Lellis quien, al encontrar Brasil hostil, se mudó a Virginia, Estados Unidos.

Foto: Pixabay

“Si no sacas del aire este informe, lo siguiente que harás será sobre cuántos disparos te han alcanzado”, amenazó el ingeniero Leonardo Antonio Corona Ramos en un mensaje via WhatsApp enviado al reportero Pedro Zambarda, autor del informe.

Corona Ramos, que hoy estaría viviendo en Londres, se desempeñó como asesor del capitán Conte Lopes, elegido diputado luego de decir con orgullo que ya había matado a decenas de personas.

Dice, por supuesto, que sólo mató a criminales, pero una encuesta periodística mostró que sus víctimas no tenían condena en los tribunales.

Conte Lopes se hizo famoso (es necesario registrarlo) cuando fue señalado como el autor del disparo que mató al hombre que tenía a un niño como rehén en los años 80.

Bolsonaro es el político que encarna la máxima popular en Brasil de que “un buen bandido es un bandido muerto”.

Con esta máxima, las organizaciones paramilitares de Río de Janeiro, las llamadas milicias, han crecido y han explotado casos de jóvenes (en su mayoría negros) asesinados por la policía de ostentación regular, conocida por las siglas PM (policía militar).

Si el bolsonarismo representa un genocidio en las zonas periféricas, no es menos cierto decir que ha sido difícil ejercer la profesión de periodista en Brasil en estos tiempos oscuros.

Pero no podemos olvidar que no somos las únicas ni las mayores víctimas.

La Comisión Pastoral de la Tierra señaló que siete líderes indígenas murieron en conflictos en el campo en 2019, el primer año del gobierno de Bolsonaro, contra dos en 2018.

El padre Júlio Lancelotti, conocido por ayudar a las personas sin hogar de São Paulo, sufrió una amenaza de muerte después de que un ex aliado de Bolsonaro, Arthur do Val, también un político de extrema derecha, promoviera una campaña de odio contra él.

Foto: Pixabay

Entre otras expresiones, lo llamó proxeneta de mendigos, responsable por la presencia de gente miserable en el centro de São Paulo, el mismo lugar que le gustaría ver ocupado por grandes desarrollos inmobiliarios.

La población de la calle, que incluye a los drogadictos, creció en las grandes ciudades en proporción opuesta a la reducción de la factura salarial.

Y en la misma medida en que el desempleo explotó, una consecuencia directa del movimiento mediático-judicial-parlamentario que llevó a la derrocada de Dilma Rousseff en 2016.

La ofensiva a la prensa libre, de la que forma parte el DCM, es parte de esta ruina institucional que ahora se ve en Brasil. Pero sabemos que no estamos solos.

Hemos visto crecer nuestra audiencia, que ya ha alcanzado los 56 millones de accesos, con 18 millones de usuarios únicos.

Es una señal de que Brasil exige información independiente y de calidad.

El otro lado de este crecimiento es la furia de los extremistas. Sabemos que esta fase pasará y resistiremos, en defensa de la plena democracia.

Adaptando a un conocido poeta brasileño, Mário Quintana: *“Las que negarían mi camino, están obligadas a flaquear … ¡Y yo a volar. Brasil es más grande que Bolsonaro y los bolsonaristas.

*El verso original es “eles passararão, eu passarinho” en Poeminho do Contra”: “Esses que aí estão
 Atravancando o meu caminho, Eles passarão… Eu passarinho!”

(Traducido por Sara Vivacqua)

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