En Foco, Latinoamérica, Opinión

En Chile la gente se está uniendo para evitar la dictadura

Los partidos políticos parecen haber olvidado la Convención Constituyente que diseñará la nueva institucionalidad de Chile.

 

Manuel Cabieses Donoso

 

Existe una gran cantidad de candidatos aspirando a gobernadores regionales, alcaldes, concejales, consejeros regionales, parlamentarios e incluso Presidente de la República.

El 29 de noviembre se inicia la fiesta que parte con las primarias de gobernadores y alcaldes pero puede sorprender la abstención electoral.

Entretanto, de la Convención Constituyente, la primera en nuestra historia republicana, no se dice nada.

Los partidos no se dan por aludidos de lo que sucede en el “Chile profundo”. No captan el fenómeno subterráneo que desafía la institucionalidad heredada de una dictadura y que a ratos eclosiona en una violencia sin brújula o alcanza cimas de enormes manifestaciones de masas.

De lo profundo también surge el reclamo de dignidad e igualdad para los hombres y mujeres de este país.

Si este clamor no es escuchado la furia del pueblo derribará todas las barreras que se opongan a su paso.

Sin embargo, esa rabia de millones, ha planteado una solución pacífica y democrática a la crisis: una Asamblea Constituyente que redacte una Constitución Política que conduzca de manera democrática hacia una sociedad de iguales.

Si este movimiento no ha logrado imponer la Asamblea Constituyente es porque le ha faltado organización y una conducción colectiva respetada por todos.

La casta política, aprovechando esas debilidades, construyó la trampa de la Convención Constituyente, que reemplaza la voluntad del pueblo por un reglamento que otorga poder de veto a la minoría.

El pueblo está consciente de la trampa. Pero, intentará -como hizo con éxito en el plebiscito del 25 de octubre- ganarle a la maniobra antidemocrática.

Lo que nos proponemos esta vez es elegir el 11 de abril más de dos tercios de convencionales comprometidos a cambiar el eje de la Convención Constituyente para convertirla en una verdadera Asamblea Constituyente. El objetivo que haya una votación arrasadora del pueblo.

No es tarea imposible. Venimos de un triunfo impresionante. El plebiscito demostró que la unidad del pueblo es capaz de arrasar con las trampas y engaños de las élites financiera y política.

Pero vencer esta vez exige redoblar esfuerzos para motivar una participación popular que vaya mucho más lejos del 50,9% del padrón electoral. Hay más de siete millones de ciudadanos y ciudadanas que no votaron en octubre.

Esa es la tarea más importante de este periodo. Mucho más importante que las elecciones de autoridades que la próxima Constitución Política reemplazará por nuevas estructuras democráticas de poder nacidas de la base popular.

Los partidos, sin embargo, continúan en la enconada disputa de cuotas de un poder en vías de extinción. Por eso corresponde a los movimientos sociales, y a cada uno de nosotros, tomar la iniciativa para reorientar los esfuerzos hacia la gran victoria del 11 de abril.

Un grupo de importantes dirigentes sociales –algunos militantes de partidos- ha formulado una razonable “Propuesta de unidad a la ciudadanía de Chile para elegir a los candidatos al órgano constituyente”.

Los partidos políticos -que pueden enfrentar una alta abstención- deberían atender esa propuesta que les da un inmerecido respiro pero que a la vez reconoce que la fuerza está de lado del movimiento social.

Enfrentamos una coyuntura histórica. Si no somos capaces de unirnos para elegir a los constituyentes, nos espera la tumba del tercio fraguado por los herederos de la dictadura. (PL)
(Foto: Marcella Via)

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