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Desdoblando la política de la memoria

Escribiendo sobre Kafka, Walter Benjamin explica cómo la palabra “desdoblamiento” tiene dos significados: un capullo se despliega en una flor mientras que un barco de papel se desdobla en una hoja plana de papel.

 

Sean Sheehan

 

Dos años más tarde, al escribir “The storyteller” (El narrador), explica cómo la narración de historias, enraizada en la tradición oral, permite que la historia se integre con la experiencia del oyente y se expanda en la forma en que un brote se desarrolla en una flor.

El otro tipo de evolución, dice, es más apropiado para las parábolas en las que el placer se deriva de suavizar una historia de modo que su significado se pueda sostener en la palma de la mano.

Benjamin escribía en 1934, año en que un movimiento de huelga revolucionaria en España puso de relieve el creciente conflicto político del país que estallaría en una guerra civil dos años más tarde.

Para Javier Cercas, el significado controvertido de esa guerra civil es el tema de “Soldados de Salamina” y “El señor de todos los muertos”.

La guerra civil española puede leerse como una parábola que mantiene su significado en formas comprensibles: una lucha entre las fuerzas del progreso y las de la reacción; el ensayo de Hitler para la táctica de la guerra relámpago; las maquinaciones de Stalin que contribuirían a la derrota de los republicanos y el socialismo libertario por el que lucharon los anarquistas.

Otros niveles de interpretación plantean preguntas sobre la política de la memoria y los enigmas engendrados por la historia de la posguerra civil de España.

En su “Anatomía de un instante” (2001), Cercas se pregunta por qué Adolfo Suárez permaneció sentado en su banca del Congreso de los Diputados durante el intento de golpe de Estado de 1981; en “Soldados de Salamina” quiere saber por qué un soldado republicano durante la guerra civil salvó la vida de un ideólogo fascista y futuro ministro del primer gobierno de Franco.

En el no ficticio “El punto ciego”, Cercas concluye que no hay respuesta “o para decirlo mejor: la respuesta es la propia búsqueda, la propia pregunta, el propio libro”.

Estas reflexiones posmodernistas son el pan de cada día para Cercas y para un tipo de escritura de ficción que, jugando con la noción de la verdad, puede hacer interminables acertijos y plantear preguntas.

En “El punto ciego”, Cercas explora este misterio en relación con la novela. Pregunta si Don Quijote está realmente loco, por qué Ahab está obsesionado con una ballena blanca y por qué Isabel Archer vuelve con su marido en “El retrato de una dama”. Su conclusión es que las novelas de “punto ciego” ponen “la ambigüedad, la contradicción, la paradoja y la ironía en su centro”. Analiza “El tiempo del héroe” de Vargas Llosa con esto en mente.

Cercas suele afirmar lo obvio y puede ser que el comportamiento del soldado en “Soldados de Salamina” no sea más o menos intrigante que preguntarse por qué Bob Dylan escribió las canciones en “Tren lento que viene”.

Foto de Syd Wachs. Unsplash

El arte tiene muchas manifestaciones, desarrollándose como los capullos de Benjamín, pero cómo la política del florecimiento de la memoria es otra cosa. Victor Serge sugiere una forma en “El caso del camarada Tulayev”, Ernest O’Malley otra en “Sobre la herida de otro hombre”; en comparación con estas, el camino de Cercas resulta un poco plano.

“Soldados de Salamina” y “El punto ciego: un ensayo sobre una novela”, de Javier Cercas, es publicado por Maclehose Press.

(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín)

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