En Foco, Ojo de la Aguja, Opinión

¿Qué puede enseñarnos Charles Darwin sobre el Covid?

Hace siglos, Guillermo de Ockham (1287-1347) nos enseñó que la respuesta más simple solía ser la mejor. La teoría de Charles Darwin sobre adaptación e idoneidad ofrece una explicación maravillosamente sencilla de lo que podría ocurrir en cuanto a la experiencia del Covid, tanto desde la perspectiva humana, como desde la microbiología.

 

Nigel Pocok

 

Por desagradable que pueda parecer, — y esto es desagradable —, los peor adaptados para sobrevivir frente al coronavirus son los que tienen más probabilidades de morir prematuramente, a no ser que sean ayudados por otros para que no sea así. Porque la adaptación es colectiva, así como individual.

Esto significa que las personas con déficits de salud, ya sea debido a la pobreza, a genes deficientes, a la presión epigenética, la edad, los estilos de vida, factores de la personalidad y más, morirán primero. Este será el caso, incluso cuando el servicio sanitario sea de primera categoría, al menos en términos relativos.

A medida que los más vulnerables fallecen, surge una nueva relatividad en cuanto a oportunidades vitales, ya que siempre habrá quienes se adapten mejor a las condiciones que se encuentran a su alrededor, que otros no tan adaptados.

A medida que los gobiernos reaccionan para proporcionar los recursos económicos necesarios para mantener la asistencia, debe entonces aumentar la transmisión de la infección, al menos a corto plazo, ya que aumenta el contacto social, incluso si hay una disminución general de la infección.

Esto se traduce en la práctica en una serie de pequeños picos en las tasas de infección, incluso si la tendencia general es hacia una disminución de esta.

Estos picos representan de nuevo a los menos adaptados y a los más vulnerables, así como a los más expuestos, como los cuidadores y los profesionales de la salud.

Esto sucede incluso si el riesgo se debe a la riqueza: la capacidad de emprender viajes al extranjero es posible sobre todo en los países ricos (con la excepción de las presiones sociales, tales como la guerra y el hambre). El hombre o la mujer de negocios, adinerado o adinerada, que lleva la infección a su país de origen, junto con otros países en el camino.

¿Pero no ha sido siempre así con la peste bubónica viajando por las rutas comerciales, del mismo modo que enfermedades como el sarampión y la viruela (a las que los occidentales estaban acostumbrados hasta cierto punto) aniquilando a pueblos indígenas mal adaptados en las Américas y en otros lugares?

El desarrollo de vacunas y la administración de terapias de células T forman parte de la adaptación colectiva. Incluso en las sociedades paleolíticas (como ha señalado Penny Spikins, de la Universidad de York, Inglaterra) se cuidaba de los discapacitados, como lo demuestra un análisis esquelético.

Las personas tienen una necesidad innata por cuidar de aquellos dentro de su grupo. Esto es esencial para su supervivencia.Las personas tenían que amarse, cuidarse las unas a las otras para hacer frente a las presiones de la supervivencia. Pero la elección de suprimir esta afinidad natural de cuidar, hace que los grupos empiecen a desintegrarse y a funcionar mal.

¿Podría el coronavirus solo así, a través de la tragedia del desastre económico y sanitario, trabajar realmente en pro de una sociedad más justa y democrática, en la que se reduzca la propagación de la riqueza, a medida que las personas aprenden a cuidar y a confiar más?

Nos gustaría pensar que sí. Al menos parece que están disminuyendo algunos actos criminales, como evidencia anecdótica, aunque otros siempre tratarán de explotar a sus semejantes. Con una mayor igualdad, casi todas las patologías sociales y sanitarias empiezan a disminuir, como han demostrado tan convincentemente los epidemiólogos Richard Wilkinson y Kate Pickett.

Si no hay una adaptación positiva, tanto a nivel social como individual, se da entonces una terrible advertencia: ¡adáptate o muere! La indestructible bacteria (como el SARM) podría ser la próxima pandemia, ya que los occidentales utilizan los antibacterianos en exceso, fomentando la adaptación bacterias cada vez más resistentes, inmunes contra todo lo que la tecnología médica puede lanzarles.

Aprendamos, pues, a cooperar, como humanidad, no a suprimir la necesidad de cuidar a otros, especialmente a los más desfavorecidos de la sociedad. ¡Pueden en especial el orgullo y la arrogancia de los tiranos y déspotas, quienes no compartirán esto, tener cuidado, no sea que nos destruyan a todos!

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

 

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*