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Construido sobre una mentira política

“Misioneros”, un cuento cuidadosamente planeado sobre la política y la guerra que se desarrolla predominantemente en Colombia, ha impresionado a muchos lectores y ha sido aplaudido en los Estados Unidos. 

 

Foto de dx Stub on Unsplash

Sean Sheehan

 

De los cuatro personajes principales, dos son colombianos: Abel, reclutado por los paramilitares después de que su pueblo fuera destruido por la guerrilla; y Juan Pablo, un militar cuya hija estudiante está en un proyecto en el noreste, cerca de la frontera con Venezuela.

Los dos estadounidenses son Lisette, una corresponsal de guerra quemada por el tiempo que pasó en Afganistán e Iraq, y Mason, que originalmente era médico, pero que ahora trabaja como oficial de enlace con las Fuerzas Especiales. Ocurre alrededor de 2015 y 2016, con conversaciones de paz que prometen el fin del conflicto violento de Colombia, y Lisette y Mason están ambos en Colombia, esperando una especie de redención al involucrarse en un país donde una alternativa a la implosión de Afganistán e Irak parece ser posible.

La primera mitad del libro incluye una serie de recuerdos de los personajes en sus respectivas zonas de guerra.

Frases como esta, que describen a un soldado estadounidense en Irak preparándose para una misión, ocurren: “Y lo último que hizo, lo último cada vez, fue sacar un pequeño crucifijo de su cuello, donde colgaba con sus placas de identificación, besarlo y volver a meterlo dentro”.

Además de ser un cliché de batalla digno de una película de Chuck Norris, es un indicador temprano de una religiosidad que el autor, declaradamente católico, dobla en su novela (incluyendo su título) y que se vuelve pesada.

Juan Pablo atribuye los excesos asesinos de su país al pecado original y la bondad asignada a Mason es inseparable de su fe religiosa.

“Misioneros” tiene mucho a su favor, ya que es una novela política seria y nunca aburrida.

El ritmo es animado y las alternancias de lugares y escalas de tiempo se establecen en la segunda mitad del libro y se construye un drama de tipo suspenso alrededor del secuestro de Lisette.

La novela, sin embargo, se basa en la mentira política de que la actual participación de EE.UU. en Colombia refleja un virtuoso deseo de mejorar las vidas de sus ciudadanos.

Su participación es en realidad una versión renovada de la “guerra contra las drogas” de los años ochenta, que sirvió para encubrir la política estadounidense en Sudamérica cuando se marchitó la hoja de parra de la “guerra contra el comunismo”.

Foto de Brian Kyed on Unsplash

Durante la Guerra Fría, los EE.UU. proporcionaron apoyo financiero para un golpe militar en Colombia y las propias FARC se originaron como respuesta a un plan respaldado por los EE.UU. de los años 60 para atacar a los campesinos en Colombia que no apoyaban al gobierno.

El nivel de detalle relacionado con la política colombiana es impresionante, pero la investigación del autor tiende a ceder mayormente lo que da autoridad a una visión miope y auto-engañosa. Niega que la política estadounidense esté diseñada para hacer del país una zona libre de izquierdas segura para el capitalismo.

Dada la consistencia y duración de esta política en curso hay pocas excusas para engañar al lector para que vea a Mason como alguien con razón al pensar que “su país era una fuerza para el bien aquí. El suyo era un buen país. Servirle a él era una forma de ser un buen hombre”.

“Misioneros” de Phil Klay es publicado por Cannongate.

(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín)

 

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