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Música y resistencia de un inmigrante

En una travesía por la imponente herencia sonora de su ciudad natal, el artista colombiano Julián Mayorga, lanza su nuevo disco en el que busca ir en contra de los clichés musicales, en un acto de protesta que reivindica sus raíces con un estilo propio.

 

Daniela Arias Baquero

  

Nacido en Ibagué, la ciudad musical de Colombia, se fue a estudiar a España cuando vio pocas oportunidades de vivir de este oficio en su país.

Ahora, desde el viejo continente reivindica su propia forma de ver el mundo a través de los ritmos que lo inspiran.

Julián es un músico multi instrumental que fusiona la cumbia y la música tropical.

Su disco “Cuando tengo fiebre veo la cabeza de un leopardo magnífico”, es la última parada a un viaje sonoro que evoca el Tolima, ahora desde otro contexto como inmigrante.

Sus influencias vienen de diferentes partes, y en su memoria están los sonidos de la música brasileña, tropical, la ranchera y el rock argentino que escuchaba en su casa desde niño. Una relación en la que siempre ha estado inmerso.

La música para Julián es una forma de resistir contra la homogeneización de la globalización pues es “un proyecto epistémico occidental que aplana las formas de vida que no le son productivas”, manifiesta.

Por eso, su propuesta musical es también una forma de hablar sobre el contexto social de su país desde el Tolima, un departamento ubicado en el centro del país que en la época de la Violencia en los 50, recibió el éxodo campesino derivado del conflicto armado.

“Yo quiero hablar de eso porque sigue pasando en la actualidad. Aunque algunos de los actores de esas guerras hayan cambiado, la situación es más o menos similar”.

También habla de su vida en Colombia y de los pueblos de sus taytas o abuelos, que mantienen conocimientos que se han pasado por muchas generaciones, “estoy seguro que hay formas de vivir y habitar el mundo que llevan mucho tiempo construyéndose, como la de los Tolimenses, que creo clave para la humanidad y no quiero que desaparezcan”.

Julián asocia su carrera musical con una zorra, un animal que se usan para recoger chatarra o hacer trasteo en su país, puesto que le gustaría interpretar géneros musicales propios como las cumbias, mambos, plenas y guarachitas, pero su experiencia sólo le ha permitido acercarse a ellos desde lo experimental.

Por otro lado, asegura que vivir de la música es muy difícil puesto que no hay condiciones reales de trabajo, ni siquiera en España. Por lo cual dice que su primer desafío durante la pandemia ha sido “evitar morir de hambre primero y de Covid después”.

En su búsqueda de libertad a través de la música y su necesidad de reivindicar sus raíces, lanza su disco con el que dice que, “los feos también tienen corazón” y sus ecos traspasan fronteras.

Más información: Cuando tengo fiebre veo la cabeza de un leopardo magnífico

(Fotos de Marta Orozco Villarrubia, suministradas por Charco Música)

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